Salario mínimo
Samuel Cepeda Tovar.
Ya ha generado algo de ruido en los diversos medios de
comunicación, y dadas las condiciones de pobreza y marginación en
nuestro país, la idea del aumento del salario mínimo ciertamente ha
generado la sensación de que esa medida sería sin duda alguna el
remedio para eliminar la pobreza y sus males en este país. Sin embargo,
no hay nada más alejado de la realidad que pensar que un aumento al
salario mínimo sería la solución a nuestros males. Y es que no sólo se
trata de intentar inventar el hilo negro, sino de observar en otras latitudes
el resultado de medidas similares y, para no ir tan lejos, echar una
lacónica mirada a nuestro propio pasado.
Para empezar, basta mencionar a un país que cometió el error
de fijar salarios mínimos relativamente altos pensando que esa era la
solución a sus endémicos males: Me refiero a España, que ha sido
terriblemente azotada por una crisis económica que en parte fue
ocasionada por fijar altos salarios mínimos.
Y es que si los 63.77 pesos
para el área geográfica A y los 67.29 pesos para el área geográfica B
en nuestro país han resultado ser insuficientes, ¿por qué aumentarlos
unos cuantos pesos cuando podemos aumentarlo varios miles? ¿Por
qué no mejor que el salario mínimo sea de mil, dos mil o tres mil pesos?
El problema radica en que un aumento del salario mínimo traería
consigo dos males por lo menos inmediatos: Aumento considerable de
la inflación y disminución del empleo, pues las empresas dejarían de
contratar o mudarían sus empresas para no tener que pagar sueldos
más altos.
Y si algunos piensan que la inflación iría en comparsa con el
aumento del sueldo, dudo mucho que los ingresos de los trabajadores
informales que suponen ser 59.8% de las personas ocupadas en este
país pudieran enfrentarse al fenómeno de la inflación, lo que traería
consigo el engrosamiento del número de pobres en nuestro país. Y,
finalmente, echando una mirada al pasado, la última vez que un
Presidente aumentó por decreto los salarios en un 30% fue en el sexenio
de López Portillo, y hasta donde conozco, fue ese un gobierno tan
terrible que no sólo nos dejó endeudados y con una crisis económica
en auge, sino que fue una etapa que se conocerá como “La década
perdida”.
Y sólo para terminar, los dos países más prósperos del mundo:
Singapur y Suiza, no poseen en absoluto tarifas de salario mínimo. Y
no es casualidad, es conocimiento de reglas básicas de economía.
Si realmente nuestro gobierno dese aumentar el nivel de vida de
los mexicanos y rescatar a muchos de la pobreza y pobreza extrema,
las medidas definitivamente deben ser orientadas al fortalecimiento de
la educación, a la atracción de empresas que ofrezcan empleos bien
remunerados a una sociedad calificada y preparada a través de una
buena educación, y no con medidas populistas que sólo traerán desastres
a largo plazo.
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