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el periodico de saltillo

Diciembre 2017

Edición No. 346


Crónicas de un saltillense agringado

Héctor Alejandro Calles Valdez.

La mancha urbana de Los Ángeles, California y sus ciudades satélites, es verdaderamente monumental. Una vez copié un mapa del área urbanizada de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga y lo acomodé sobre dichas áreas y cupo aproximadamente treinta veces. En 1996, cuando trabajaba como transcriptor en Comunicación Social del Gobierno Estatal, en Saltillo, al salir del trabajo, a veces me la aventaba caminando desde el centro hasta mi casa en una colonia en los linderos de La Aurora. En aquel entonces, no había celulares con música, y yo solo tenía un Walkman. Era un placer ir despacio contemplando el mundo, soñando mientras dejaba fluir mi tiempo.

Aquí en California a veces se me antoja hacer lo mismo. En la ciudad de Los Ángeles hay cientos de eventos culturales de todo tipo y cosas para todos los gustos, desde muy elevadas y caras, hasta performances callejeros, pero ir hasta allá no es cualquier cosa. Desde la ciudad donde vivo, Fountain Valley, me toma una hora y media, con tráfico regular manejar hasta los Ángeles. Según Google, si quisiera caminar hasta allá, me tomaría un promedio de doce horas. Creo que el contexto lo cambia todo.

La contemplación, el desarrollo del pensamiento es posible en todos lados, pero estoy convencido que lo que soy, espiritual y mentalmente, de alguna manera ocurrió primero en Saltillo, mientras caminaba por sus entonces tranquilas y desocupadas calles. El mérito, la ganancia de vivir en Estados Unidos está menos relacionado a lo abstracto y más pegado a los logros materiales, al éxito financiero, a la educación.

En California me estoy transformando, poco a poco, en un cineasta, allá en Saltillo me transformé en un mago secreto. Los sueños, la capacidad creativa, todo eso me fue otorgado por una energía secreta, un suceso misterioso, que le sucede a unos pocos elegidos en Saltillo. Yo creo que mi querida ciudad natal tiene algo especial, que le pasa desapercibido a la mayoría, quienes viven absortos en las infinitas ocupaciones diarias de la realidad mundana. No es malo vivir así, persiguiendo el dinero; es estrictamente necesario. Pero cuidado, la realidad también te roba oportunidades únicas de hallar otras explicaciones al mundo que nos rodea. Si vives en Saltillo, comparado con monstruosas urbes como los Ángeles, vives apenas en un pedacito del mundo, pero también estás pisando tierras sagradas.

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