México, país rico con 70% de mexicanos pobres

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Augusto Hugo Peña Delgadillo.
ed. 354, agosto 2018

 

Haber sacado de la cosa pública con nuestro sufragio a los malos gobernantes, no es todavía un triunfo, este lo será cuando empiece a sentirse que, el poder adquisitivo de nuestros ingresos sea suficiente para cubrir nuestras necesidades, y cuando haya justicia para todos de forma universal.

 

Los ciudadanos debemos estar conscientes con la realidad y congruentes con lo que decimos; vivimos en un país rico en el que más del 70% de la gente es pobre, que las clases medias en los últimos 36 años se achicaron, y que los ricos representan como máximo un 5%. Además, la desigualdad ha crecido exponencialmente, según un estudio concienzudo que arroja como resultado, que el 2% de la población tiene más bienes y riquezas que 100 millones de los más pobres, los que no todos -menos de la mitad-cuentan con seguridad social. Sobre esta situación de pobreza generalizada hay muchos culpables, principalmente los malos gobiernos que hemos tenido, y sobre todo, los últimos seis, ya que desde la llegada al neoliberalismo impuesto por de la Madrid y Salinas y hasta Peña Nieto, la pobreza y la desigualdad fueron en aumento paulatinamente; los ciudadanos tenemos gran parte de esa culpa porque no hemos sabido, podido o querido exigirle a los gobernantes, que cumplan cabal y puntualmente en sus atribuciones, las que les ha conferido el pueblo con su sufragio.

Creo que el nuevo gobierno va a estar más cercano al pueblo, y los ciudadanos también tenemos que ver y exigir que se resuelvan los problemas más sensibles, porque no es aceptable que en un país tan rico como es México, exista tanta pobreza. López Obrador       -según sus propuestas y lo que ha prometido- sin duda tiene detectadas las causas que nos llevaron a este punto desastroso de carencias y a la enorme desigualdad entre los que tienen todo y los que de todo carecen, pero insisto, tenemos que estar atentos y cerca de las acciones del gobierno, no solo de López Obrador sino de los gobernadores, alcaldes y funcionarios públicos, para que en el momento de detectar cualquier acción contraria a los intereses generales de parte de cualquier funcionario, de cualquier nivel, denunciarlo públicamente y también hacérselo saber a sus jefes inmediatos. Si no hacemos esa tarea ciudadana, la de exigirles y obligarles a que actúen en consecuencia de su cargo, tendremos dos efectos devastadores: Uno, que los funcionarios se enquisten en su puesto con sus malas acciones. Y dos: Que regresemos al punto en el que estamos, en el que nos hemos acostumbrado a que políticos y funcionarios, nos roben y engañen de forma cotidiana, razón principal del deterioro del tejido social.

Es entendible que existan personas a las que les incomode el cambio de gobierno porque sienten que sus intereses se afectarán, pero son una minoría, entre ellos se encuentra la oligarquía, los más ricos; los miembros de otros partidos que van a perder su trabajo dentro del gobierno; los medios masivos de comunicación, que verán reducidos sus ingresos a la mitad o menos; los intelectualoides orgánicos que siempre ven los prietitos en el arroz y le hacen fuchi a los cambios que contrarían al establishment.

Si el nuevo presidente se faja los pantalones y pone en práctica sus propuestas y promesas de acabar con la corrupción dentro de los gobiernos, principalmente, y ataca de frente la violencia y al crimen organizado, con inteligencia de Estado más que con la fuerza de las armas, la gente seguirá apoyándolo y entonces nada le detendrá para llevar a cabo las otras propuestas, las que son atacar de frente el desempleo y la pobreza, particularmente en las zonas más deprimidas como el Sur Sureste y el Istmo, sin olvidar a los grupos de personas más vulnerables en el resto del país. La austeridad en el gasto del gobierno no necesariamente implica que no haya obras sino por el contrario, hacer obras donde se necesiten, sin dispendios y sin dejar ninguna inconclusa; recortar salarios a la alta burocracia, es para algunos, un tema a estudiar porque consideran que habrá personas muy capaces que no estén dispuestas a trabajar con un salario menor al que obtenían en sus puestos de gobierno o inferiores a los que obtendrían trabajando para la iniciativa privada. Este punto, me parece que no ofrece ninguna dificultad, ya que hay más personas dispuestas a ocupar un alto puesto en las instituciones con un ingreso moderado pero suficiente para vivir holgada y decentemente. Además, debe contarse con gente especializada en la formación de cuadros administrativos y ejecutivos de alto nivel para integrarlos al gobierno, y siempre considerando que la honestidad será el sine qua non para un mejor desempeño.

Hay por ahí un libro que no he leído, sobre Neoliberalismo: La breve historia del infierno, y me han dicho que es el dibujo de cuerpo presente de las administraciones de Vicente Fox, de Felipe Calderón, y de la de Peña Nieto, como las peores que hubimos tenido; si los caminos se hacen al andar, las historias también al actuar, y con estos tres gobiernos mencionados, y los tres anteriores a ellos, nuestras historias y nuestros caminos se deshicieron; se habla mucho de la delincuencia organizada y de que se está combatiendo, sin embargo a la verdadera y más organizada empresa delictiva, que es la de Peña Nieto, el Grupo Atlacomulco y el PRI en todas las entidades del país, nadie la ha combatido hasta ahora, aun sabiendo que ellos representan el Neoliberalismo: La breve historia del infierno, sí, del infierno que han sido estos últimos 36 años, para los mexicanos y para el país. Peña Nieto y el grupo de maleantes que le acompañan, han resultado una basura en nuestros ojos, una úlcera en nuestras entrañas, una estaca clavada en nuestro corazón, contadas en un lapso de 36 años, como el Neoliberalismo: La breve historia del infierno en que hemos estado viviendo.

El fin de esto, el Neoliberalismo: La breve historia del infierno, aún no ha sido escrita, todavía faltan cosa de cuatro meses para que Peña Nieto y la cofradía de delincuentes que le acompañen se vayan a su casa, o a la cárcel, que sería lo más deseable, y para de ahí empezar a escribir una nueva historia con un final feliz, con un final en el que haya menos ineptos, ladrones y gentes de mala fe. Bueno… Soñar en historias bonitas no nos cuesta nada, considerando -como se dice- que en México no faltan las oportunidades para progresar y para que la sociedad se desarrolla, sino que lo que sucede, es que lo que sobran son los ladrones. O, ¿usted qué opina, apreciable lector?

 

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