La receta infalible para AMLO: encarcelar a Enrique Peña Nieto

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El encarcelamiento de Peña Nieto les caería como anillo al dedo a los mexicanos, y sobre todo a la clase política para que se abstengan “de mentir, de engañar y de robar”, que son las recomendaciones de AMLO.

Augusto Hugo Peña Delgadillo.
ed. 355, semptiembre 2018

No sé si lo han notado los lectores de la prensa, la teleaudiencia y los que escuchan la radio, que nadie se refiere
a López Obrador como “El Peje”; después de su triunfo los medios lo respetan más, pero no cejan en su empeño
de atacarlo por todo lo que dice o hace. Por su parte López Obrador ha dejado en claro, que sólo desea pasar a la historia como un buen presidente y, si en realidad desea eso, le obsequio una receta infalible para pasar a la historia no sólo como un buen presidente sino como un presidente justo, el más justo que hubimos tenido en lo que va de este siglo y del anterior. ¿Cuál sería tal receta? Que meta a la cárcel a Peña Nieto, hay muchos motivos para hacerlo, el pueblo se lo agradecería infinitamente. Con eso, no más, pasaría a la historia como desea.

 

Esta receta o sugerencia salió de una conversación que tuve con alguien que sabe mucho de la política, de lo que la gente desea y de lo que es menester para alcanzar una meta deseada -políticamente hablando-, y porque sería una nota periodística maravillosa ante los ojos de una ciudadanía agraviada por Peña Nieto.

No se trata de venganza sino de justicia. Bueno, esta nota sobre el encarcelamiento de Peña Nieto les caería como anillo al dedo, como catarsis, a los mexicanos, y sobre todo a la clase política para que se abstengan “de mentir, de engañar y de robar”, pues estas tres recomendaciones han salido infinidad de veces de la boca de López Obrador.

Además, sería saludable para el país y el buen funcionamiento de nuestras instituciones, no sólo abstenerse de mentir, engañar y robar, sino para dejar establecido que la impunidad se está combatiendo y que la corrupción se barre como las escaleras, de arriba hacia abajo.

Sería inmejorable que los mexicanos, cambiemos el tono, el color y la forma de nuestra idiosincrasia, copiándole un poco a los ciudadanos y funcionarios norteamericanos. Me explico:

Imitar lo bueno de los demás es saludable. Veamos que pasó el 6 de septiembre de este año, en Estados Unidos, relacionado con la amoralidad de Donald Trump: El diario New York Times en su editorial publicó un artículo de opinión firmado de forma anónima, de “alguien” al interior del régimen, motivado para proteger a la nación de un mandatario “amoral y errático”.

El artículo lleva el título: “Soy parte de la resistencia dentro del gobierno de Trump”, afirma que “muchos de los altos funcionarios de esta admi- nistración están trabajando de manera diligente desde dentro para frustrar parte de su agenda (la del presidente) y sus peores inclinaciones”. Agrega: “Yo lo sé. Soy uno de ellos”.

Afirma que, aunque los miembros de esta “resistencia” apoyan las políticas de este gobierno, “creemos que nuestro primer deber es con el país, pues el presidente continúa actuando de manera perjudicial para la salud de nuestra república”. Por ello, escribe, muchos de los altos funcionarios del gobierno de Trump, “hemos prometido hacer lo que podamos para preservar nuestras instituciones democráticas y frenar los impulsos más equivoca- dos de Trump hasta que deje el puesto”.

“La raíz del problema es la amoralidad del presidente”, dice, señalando que quien trabaja con él sabe que no tiene principios como referente, ni de su propio partido, y acusa que sus impulsos son “anticomercio y antidemocráticos”.

Critica que Trump se maneja de manera “errática” y “mezquina”, y que muchos dentro del gobierno han hecho lo posible por reducir los daños. Ofrece consuelo: los norteamericanos deben saber que sí hay adultos en el cuarto. Reconocemos plenamente lo que está ocurriendo, estamos intentando hacer lo correcto, aun cuando Trump no quiera.

Revela que al inicio del gobierno se escucharon susurros dentro del gabinete para invocar la 25 enmienda, lo cual iniciaría un complejo proceso para remover al presidente. Pero nadie deseaba una crisis constitucional. Entonces, haremos lo que podamos para guiar al gobierno en la dirección correcta hasta que, de una u otra forma concluya. La preocupación mayor no es lo que le ha hecho Trump a la presidencia, sino lo que hemos permitido que nos haga como nación”.

Estos funcionarios del gobierno norteameri- cano pretenden salvar a su nación de un loco. Ellos saben y todo el mundo sabe (everybody Knows) que Trump es un desquiciado. Diferentes grupos de 10, de 20 y hasta de 50 siquiatras se han pronunciado públicamente sobre Trump como un enfermo mental que no sólo puede, como ya lo está haciendo, dañar a Estados Unidos sino al mundo entero, a la paz, al comercio, a la industria, a la democracia, la diplomacia, a sus propios ciudadanos, y a la buena relación entre los pueblos del orbe, sin embargo y a pesar que es un hombre peligroso por ser amoral, poco o nada se ha hecho para mandarlo a freír espárragos a su casa o a un manicomio, y que deje en santa paz a Estados Unidos y al mundo entero.

Nosotros los mexicanos, le hemos permitido a Peña Nieto por mera pusilanimidad, causar enor- mes daños a la presidencia y a todas y a cada una de las instituciones de nuestra nación, hemos sido nulos en cuanto a nuestros derechos, el buen funcionamiento de nuestro gobierno, a nuestra independencia y soberanía nacional, al combate concienzudo a la pobreza, a la corrupción, la violencia e inseguridad, de ahí la ingente, inmensa y descomunal necesidad, de aplicarle un correctivo necesario pero legal a Peña Nieto, y no con el único fin de que López Obrador pase a la historia como un buen presidente, sino para que nuestro país deje de soportar sobre sus lomos, tan malos gobiernos.

Los que dicen y aseguran que cada pueblo tiene el gobierno que merece, están jodidos, los mexicanos como todos los pueblos del mundo, merecen ser gobernados con tersura, equidad y justicia, y no como a los mexicanos nos ha tocado el mal fario, que nuestros gobiernos y gobernantes -los últimos seis sexenios- hayan brillado por rapaces, injustos, inequitativos, ineptos y ladrones.

Pero, aun así, le haré llegar a López Obra- dor la receta inmejorable para que pueda pasar a la historia como un buen presidente. Es una receta fácil, porque metiendo a la cárcel a Peña Nieto se ganaría el respeto y el agradecimiento de los mexi- canos, además, si lo hace, se podrá dar el lujo de incumplir con algunas de sus propuestas y prome- sas que hizo en campaña, -y que sigue haciéndo- las- no las alcance a cumplir.

Las mayorías le estaríamos agradecidos por siempre, y de paso, serviría de mensaje puntual a la clase política, sindical, empresarial y burocrática, para que dejen de mentir, de engañar y de robar. Esa sería mi aportación para el desarrollo y progre- so de México.
De colofón: ¿Qué es algo peor que la inmoralidad? La amoralidad. O, ¿usted qué opina, apreciable lector?

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