México 2018: Linchamiento y utopía social

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Luis Fernando Hernández González.
ed. 355, septiembre 2018

“Benditas redes sociales a dicho Andrés Manuel López Obrador, por su triunfo electoral; un alto porcentaje
de la sociedad mexicana tiene una amplia divergencia sobre el contenido y operación de las mismas”.

 

La lucha política en México carece de un sustento real, pues gran parte de su contexto de participación social y electoral, está fincado en motivaciones personales más que en la información de un análisis y estudio de los fenómenos contextuales sobre los cuales actúa el ser humano, generando con ello, una definición política a bote pronto, motivada por el mensaje contestatario ante la autoridad o bien incendiario-anárquico, como aquel que busca compurgar todas las debilidades en el individuo, además de subsanar sus penas existenciales como personas, al crearle espejismos ficticios de mejora y bienestar, despegados de la persiste realidad.

Surgen por tanto los retos sustentados en descalificaciones al statu quo social, político, económico, cultural y de seguridad, base sobre lo cual se sustenta gran parte de las actividades de gobierno y que dan sentido organizacional a la gobernanza de la misma sociedad, así de esta manera se plantea por los adversarios al estado la lucha contra la pobreza, la inseguridad, el acoso a la riqueza, la corrupción de autoridades, la tranza y abuso de operaciones tanto del sector público como del privado, la redistribución del presupuesto nacional entre jóvenes, adultos y mujeres, generando con todo ello un clima de odio y linchamiento frente a quienes todo lo tienen y disponen de estos medios y en particular contra la autoridad.

Es la confrontación antagónica entre los segmentos sociales de nuestra sociedad, ricos y pobres; explotados contra explotadores; entre los que trabajan y aquellos que no lo hacen; entre los jóvenes que estudian y frente a los que no tienen la posibilidad; descargando subliminalmente los sentimientos afectivos sobre adultos mayores en abandono, con la coartada de incrementarles sus ingresos de apoyo económico; es en síntesis confrontar diametralmente a la sociedad entre los que poseen algo de bienestar y aquellos posesionados de una gran amargura y reproche por todo.

Es en ésto en lo que se basó el gran sentido del México electoral de este 2018, en donde las guerras sucias, el linchamiento institucional y descalificación partidaria sentaron su presencia y fuerza, para hacer de nuestra sociedad una auténtica plataforma para la desconfianza y el triunfo electoral de aquellos elementos de escasa reputación pública y social, en distintas entidades de la nación, avasallando a los valores de la confianza la ética y la moral en una sociedad que carecía de ello.

La lucha política emprendida por los partidos políticos en el país durante el proceso eleccionario, estuvo plagada de inconsistencias estratégicas de uso mediático que desembocaron en resultados impredecibles, mismas que soportaron sus distintos actores en fake news, noticias falsas nacionales e internacionales, acusaciones judiciales, minorías rapaces, imputaciones penales e inconsistentes de carácter culposo, en cuya trama se buscó afectar o hacer daño al adversario, en donde la sociedad expectante, se constituía en agente de desinformación que las redes sociales y noticiosas distribuían para consumo público y con ello sembrar un clima de rebeldía paranoica y desinformación sobre la política y sus resultados contextuales de superación social y pública.

Surgen por consecuencia de ello, una serie de propuestas en esta lucha electoral de 2018 buenas y malas, asertivas y sensatas, frente aquellas de ocurrencia y de simple bufonada, que nadie escucha, que nadie ve y que nadie lee, es la ira total de una sociedad, sustentada y abarrotada por el hartazgo de la publicidad mediática que de origen fue descalificada, pero que al paso de los meses se buscó plegar para dar paso a sus verdaderos intereses económicos sin cuestionar y sin medir compostura tanto en tinta como papel, “el rey ha muerto, viva el rey”, dando pie con ello al ultraje de la confianza y linchando con estas acciones a todo un orden institucional, que hoy en día se pretende fortalecer con una llamada a la reconciliación nacional, cuando la sociedad está francamente ofendida, confrontada, engañada y agraviada.
Los nuevos ciudadanos que es la juventud expectante ante esta realidad.

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