Un informe de fracasos

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Augusto Hugo Peña Delgadillo.
ed. 355, septiembre 2018

 

En su sexto informe de gobierno Peña Nieto habló de sus fracasos como si fuesen logros. Los mexicanos ya emitimos nuestro veredicto sobre el actuar de Peña Nieto y el estado que guarda nuestra nación. Soy de la idea que no hay que dejar que la historia lo juzgue, para eso tenemos a la Suprema Corte de Justicia, que sirva de algo.

El país que deja atrás Enrique Peña Nieto, luego de 6 años de un pésimo gobierno, es un desastre, dejó un tiradero en cada uno de los rubros; los números están a la vista, las estadísticas no mienten y sí lo desmienten; más de 120 mil asesinatos, 37 mil desaparecidos, se duplicaron los secuestros en relación a los anteriores sexenios; los cambios que impulsó -nadie sabe cuáles fueron- es probable que hayan afectado añejos privilegios, pero hubo en su sexenio el triple de privilegiados, sus cuates, compadres, cómplices y él mismo; sobre la estabilidad económica, está loco si cree que dejar una deuda de 10.8 billones de pesos, casi el doble de la deuda que dejó Calderón, es un logro, ya que antes, el pago de intereses y comisiones -servicio de la deuda- anuales era de 572 mil millones de pesos, hoy supera los 840 mil millones al año; la estabilidad política se precarizó, al grado que la gente le dio la espalda a su partido y a él el 1º de julio; en el rubro de lo social, el número de pobres se incrementó en 3 millones más y todos ellos más pobres, ya que sus salarios perdieron en este sexenio un 11% del poder adquisitivo, y no como él dijo, que los salarios mínimos se incrementaron y dieron un 17% más a su poder adquisitivo. Otra triple mentira.

El cumplimiento de sus promesas de campaña que firmó ante un notario, no se cumplieron, siquiera una sola, y no como dijo con una seguridad y entusiasmo, que cumplió con el 97% de ellas; Si Peña Nieto cree que “algunos rincones del país en donde no pudo pacificar” son Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Colima, Tabasco, Oaxaca, Chiapas, Puebla, Veracruz, Tamaulipas, Hidalgo, Morelos, la capital y Campeche entre otras entidades y regiones, está perdido en sus fantasías y mentiras, y cree que por el hecho de haberse pronunciado ante sus invitados en Palacio Nacional, los mexicanos todos, no nos enteraríamos de sus falsedades. No fue un mensaje al pueblo sobre el estado que guarda la nación, fue ante personas de su cercanía, de su partido y representantes del legislativo y el judicial, y todos ellos para entrar a oír sus mentiras, lo hicieron por medio de expresa invitación, reitero, los mexicanos no estuvimos invitados a escuchar sus fábulas, falacias y embustes.

Noticias ZMG en la red, divulgó que para presumir los “logros” de su administración, le ha salido muy caro al erario. Sólo en los cuatro últimos informes de gobierno fue de mil 851 millones de pesos, de acuerdo con el informe de resultados presupuestarios en materia de comunicación social, recursos que fueron erogados por el gobierno federal, empresas productivas del Estado, e instituciones como el IMSS y el ISSSTE, a través de la partida 36101 “Difusión de mensajes sobre programas y actividades gubernamentales”. Este gasto de mil 851 millones de pesos solo corresponde a informes presidenciales de los últimos cuatro años, pero en propaganda despilfarró en los seis años, más de 50 mil millones.

¿Cómo es posible que, a un monigote de la política como Peña Nieto, el que amén haber dejado hecho un desastre nuestro país, se le haya permitido gastar en propaganda de su gobierno y para la exaltación de su persona, la suma de 50 mil millones de pesos? Leyendo a Carlos María de Bustamante sobre lo que él presenció durante la gestión de Antonio López de Santa Anna, en la Intervención Norteamericana en México para arrebatarnos Texas, y que lo escribió en su opúsculo “El Nuevo Bernal Díaz del Castillo” Tomo II, nos pinta a Santa Anna, como un cobarde, un marrullero, un traidor a la patria, el que no reparaba en gastos para la exaltación de su persona, mientras ese gasto lo pagara el pueblo, eso es lo mismo que hace Peña Nieto; es un cobarde porque no reconoce sus incapacidades y culpas, echándole a otros sus fallas personales, sus delitos y culpabilidades; es un marrullero, porque aparenta amabilidad y buena intención o debilidad, para beneficiarse de algo o conseguir cierta cosa, apropiándose de lo ajeno, al mismo tiempo que busca la conmiseración de los demás; un traidor a la patria, porque ha traicionado el lugar en que ha nacido y a sus connacionales, a las inmensas mayorías, particularmente a los más pobres, logrando beneficios inmerecidos e ilegales para él y los de su camarilla.

Esta es mi opinión, y también lo es de millones de mexicanos, ya que él y su partido, el PRI, junto al PAN, el PRD y el PANAL, le entregaron a la oligarquía y a empresas extranjeras el petróleo, el gas y la electricidad, contraviniendo los apartados de nuestra Carta Magna, por medio de un Pacto por México que es entre otras cosas un pacto contra México, contra los mexicanos y traición a la patria. Ese es un juicio severo, duro, sin precedente. Un juicio del pueblo a su persona y no solo por eso. Dejó una deuda, que ya he mencionado, impagable ni en 50 o 100 años, y los intereses privados, de unos cuantos, con la inclusión de los personales de Peña Nieto, prevalecieron sobre los intereses de la nación, y la nación somos todos, los 124 millones de mexicanos, nuestro territorio y nuestro gobierno, sin embargo, Peña Nieto hizo de nuestro territorio un coto para beneficio de unos cuantos en detrimento del patrimonio del pueblo; nuestro gobierno lo convirtió en su gobierno, en un negocio de particulares entre los que él se encuentra, beneficiándose de lo que es nuestro, razones más que suficientes para que el pueblo lo haya repudiado el 1º de julio.

Al asumir su mandato presumió al Nuevo PRI, tanto en su persona como en las de Javier Duarte, Roberto Borge Angulo y César Duarte. Estos tres gobernadores y otros 15, están señalados como ladrones, como miembros del Nuevo PRI, solo uno es del PAN. Luego el cielo se le vino abajo con el asunto de La Casa Blanca e involucró a su esposa para zafarse del delito, después pidió perdón y reconoció que fue “un error” inmiscuir a su esposa en lo de La Casa Blanca, cuando 7 millones de dólares más millón y medio del menaje de casa como soborno, no es un error, es una ratería. Se le involucró en el soborno de Odebrecht por 18 millones de dólares, 10 millones para él y 8 para Emilio Lozoya, quien ya ha reconocido que sólo recibió los 8 millones de dólares que menciono. Y de ahí para adelante se vino lo de los 43 normalistas de Ayotzinapa, lo de Tanhuato, Nochixtlán y Tlatlaya entre otros muchos asuntos irresueltos.

¿Esto es dejar al país mejor de como se le entregó 6 años atrás? Es un desacierto, una locura explicable por su forma nefaria y nefanda de gobernar. O, ¿usted qué opina, apreciable lector?

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