En una intensa lucha de caprichos y ocurrencias se desdibuja el futuro del país

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Javier Jiménez Espriu, hábil negociador de contratos de obra, es quién azuza el encono, estilo por el que se distinguió en la UNAM.

Adolfo Olmedo Muñoz.
ed. 356, octubre 2018

México se apresta a tomar un lugar en la fila de las demagogias populistas contemporáneas, con el agravante de que sólo un puñado de hombres, de letras, a nivel de civilización, le dan el lugar que merece a la historia, como requisito y resorte de progreso, de evolución, de superación. Gente pensante que está siendo amenazada y presionada por una ola de ignorancia e intransigencia.

Como dijera un destacado político francés; “cuando revolución y justicia no marchan paralelamente, se corre el peligro de involucionar y perder mucho más de lo que se tenía, incluso previamente a esa revolución”.

Nuestro país se haya en una encrucijada de la que, en caso de tomar las decisiones equivocadas, podría caer de manera más estrepitosa que las naciones “revolucionarias” del cono sur del continente.

La eclosión no ha llegado, ¡Por fortuna! Pues a pesar del “caballazo”; de la baraúnda avasalladora que se ha venido lanzando por parte de una plebe de sustrato ácrata; masa en pos de un poder que a todas luces son incapaces de ejercer.

En muy poco tiempo se ha venido mostrando, con incluso acciones rayanas en el ridículo, el cobre de lo que puede ser un sexenio de fracasos y no la cantada cuarta transformación.

En el caso de la actual política mexicana, la nueva “clase” en el poder exhibe vergonzante- mente un hambre endémica de un poder, sin contar con la debida visión civilizada de nuestro devenir histórico. Resulta patético pensar en el curso que seguirá la nación luego de esta diarrea de caprichos que se perfilan como “reformas” sin ton ni son.

Es claro un espíritu revanchista; es evidente el complejo de inferioridad; resulta fácil ver el trasfondo de posturas tan obtusa, tan mañosas, tan cobardemente esgrimidas a trasmano, anteponien- do la estulticia y ruda pobreza social, cultural, moral, del puñado de desenfrenados cuanto voraces integrantes de “los pueblos de Atenco”, cuyos argumentos no tienen mas fuerza intelectual que el filo de un machete.

Contingentes que se formaron originalmente para especular con el pago de “indemnizaciones”, ante la pírrica propuesta del gobierno de Vicente Fox. Ahí nació su codicia, que junto con el negocio que esconde el mediocre funcionario de medio pelo Javier Jiménez Spriu -hábil negociador de contratos de obra-, quién azuza (estilo por el que se distinguió en la UNAM) abiertamente el encono injustificado de pueblos
autonombrados, de indígenas.

Es a está altura de nuestro desarrollo como nación, mezquinamente estúpido tratar de “argu- mentar” en contra de la construcción del nuevo aeropuerto PARA MÉXICO, en los terrenos del vaso de Texcoco.

Es más que necio someter las grandes decisiones de estado, al capricho de oscuros intereses, es ya una vergüenza intelectual, tener que aceptar la justificación de que, es el “pueblo” el único autorizado a tomar decisiones para el manejo de las grandes obras de estado, con miras a un garantizado desarrollo, no sólo en el ámbito nacional sino, de manera destacada, en el concierto de naciones del primer mundo.

Qué clase de… debilidad mental les impide entender que en un país o nación civilizada, ha sido el propio pueblo el que ha depositado su confianza y responsabilidad en manos de la ley y NO en los caprichos endémicos de advenedizos como los del… oportunista, que pretendiendo ser más papista que el papa, para apantallar a su amo, quien tal vez no le alcanzan más las entendederas y piensa que puede cambiar la historia de nuestro país, quitando una placa conmemorativa de la inauguración del metro de la CDMX; sistema de transporte colectivo casi gratuito que da servicio hoy a millones de usuarios diariamente.

La inteligencia de cualquiera que haya pasado por las aulas de la educación secundaria, se puede colapsar de tan solo pensar en el galimatías de algo que más que argumento es un eslogan campañero altamente subversivo, en todos los sentidos, como es el que propone el “perdón y olvido”. Cualquiera se puede preguntar si no dicha postura conlleva en el fondo una revancha contra las fuerzas armadas, de las que, sin mencionarlo directamente se le ha estado atacando sistemática- mente. ¿O cree usted amigo lector, que les pidieron su parecer para disponer al antojo, de la base aérea de Santa Lucía?; ¿Qué argumento sólido se ofreció para desaparecer al estado mayor presidencial?; por qué se va a copiar a las otrora llamadas naciones bananeras con una “guardia civil”, cuando no podemos controlar ni siquiera el salvajismo de los linchamientos; de las desintegraciones de cuerpos con ácido; de los descuartizados; de las mafias que manejan a su antojo, entre muchas otras cosas a pueblos enteros que han asesinado a militares, marinos y policías; catervas que se enseñorean por encima del sistema penitenciario.

Cómo podemos hablar de una sobria moral republicana, cuando con descaro inmoral se derro- chan millones de pesos para pagar la banalidad de una “fiesta” matrimonial… No veo congruencia por ningún lado y aunque “si hay alguno en la humedad, si hay alguno que le duela” podemos adelantar que llegará en fecha no muy lejana, la oportunidad de escuchar en todos los corrillos políticos: “Estábamos mejor, cuando estábamos peor”

La política de ocurrencias, muy al estilo de los regímenes “socialistas”, como el de Nicolás Maduro, resulta a veces espeluznante cuando se advierte, de manera cobardemente embozada, que se está en contra del ejército y la marina.

Qué clase de tarugo puede creer que la seguridad nacional esté en “buenas manos” de una “guardia civil”. De manera consciente, no traté en esta ocasión el tema de las luchas GENUINAS estudiantiles del 68, en buena parte porque da nausea el manoseo, el abaratamiento, el descrédito de una noble gesta que, efectivamente abrió las puertas a nuestras libertades sociales de las que hoy gozamos incluso muchos, pero muchos, de manera muy indigna e inmerecida. Hasta en ello, se ve una mezquina y oportunista visión de hechos que debieran -porque lo merece nuestra nación- ser analizados en el marco de una sana perspectiva histórica, para aprovechar verdaderamente el sedimento de experiencias que nos permita avanzar y no quedarnos en el esplín y mucho menos en la paranoia miope de buscar la revancha tras la revancha.

Pero lo traigo a colación en este comentario, porque uno de los apuntes menos tratados por historiadores nacionales, es el de la verdadera dimensión de la intervención norteamericana, que estuvo a punto de provocar, aquel verano del 68, incluso, una nueva invasión gringa, “para garantizar” -se dijo entonces en los más altos círculos del poder-, “la paz en el hemisferio”, pues entonces la pujante ofensiva comunista, era de verdad, no como las caricaturas de ahora.

Es claro que no podemos decir que nuestro ejército pudiera ser garante de una victoria frente a los Estados Unidos en un hipotético conflicto bélico que pudiera patrocinar la Elite del poder norteamericano, merced a los caprichos también de otro populista de extrema derecha como el tal Donald, pero menos ¡mucho menos! Serviría una “guardia civil” que seguramente daría, con toda seguridad, el trasero, como ocurrió con aquel, también, gobierno populista de Antonio López de Santana.

Y lo peor de todo es que, ante cualquier posible explicación de la necesidad de ejercer de manera profesional y civilizada las acciones de una política sana y congruente, terminarán haciendo lo que se les pegue la gana.

Ante mojigangas, antojos, ditirambos, estrambóticas ocurrencias y pen…samientos equivocados, no me atrevo a intentar proponer con arte de birlibirloque, un ajuste a este galimatías que han dado en nombrar “La cuarta transforma- ción”. Que, por cierto, para algunos panistas, es la “cuarta transformación del PRI”

La más de las veces, me gusta iniciar mis comentarios con una frase célebre de algún filósofo o pensador destacado, pero en esta ocasión, por ser varios los que me gustaron, he decidido ponerlos hasta el final.

“Los que entran aquí, pierden toda esperanza”. Dante Alighieri en “El Infierno”.

“La única esperanza de los vencidos es, no tener ninguna”.

“Lo mismo da triunfar que hacer gloriosa la derrota”: Don Ramón María del Valle Inclán

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