El libro Coahuila Indígena

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por Rufino Rodríguez Garza.
ed. 357, noviembre 2017

Muchas veces se hace o se escribe un libro y a partir de ahí empieza el viacrucis para buscar quien te lo patrocine.
El libro Coahuila Indígena pasó por un concurso y no llegó. Pero siempre hay personas que tienen buen ojo y que saben que texto puede ayudar a difundir el arte rupestre de nuestro estado. El caso es que por intermedio del Dr. Carlos Manuel Valdés Dávila me relacionó con la secretaria del Medio Ambiente, la bióloga Eglantina Canales, y ya viendo la viabilidad se pasó a los procesos de revisión, donde el autor y los editores empezaron a darle forma, corregir textos, seleccionar fotos apropiadas a los escritos, a poner los nombres científicos a la flora y la fauna citada.

En este apartado Isabel Morán fue de mucha ayuda y se le cita tanto en la página legal como en los agradecimientos que como autor correspondía.

El libro tiene más de 300 páginas y como el tema central es el de la gráfica rupestre pues se acompaña con 311 fotos. Las fotos están acordes con cada uno de los temas tratados.

El libro es el producto de una serie de colaboraciones periódicas, que este medio, El Periódico de Saltillo, me ha publicado desde hace 22 años, y en ella se desarrollan temas teóricos y fundamentos y el otro segmento es el de recorridos por muchas partes de la geografía de Coahuila. Los temas desarrollados son 45 y en ellos hacemos descripciones de lo que nos ofrecen todos esos sitios que nos regalan su mensaje. Los sitios son evidencias en donde nuestros antepasados realizaron rituales propiciatorios, ellos, al igual que nosotros en la actualidad, necesitamos de tener salud, de pedir que la caza y la recolección fuera abundante, y el tiempo estuviera de acuerdo con los ciclos anuales de los frutos que la tierra amablemente les ofrecía.

En estos sitios a los que nosotros identificamos como lugares públicos y otros como lugares sagrados. Estos últimos son de difícil acceso, localizados en lo más profundo de las cañadas y retirados del paso habitual de los nativos. En estos sitios apartados hubo eventos donde el chamán realizaba rituales de paso tanto a la edad adulta como al pasar a formar parte del selecto grupo de guerreros, y también rituales donde se pedía por la fertilidad, la lluvia y la salud.

En el libro se habla del deterioro que buena parte de los lugares está sufriendo tanto por los agentes naturales, el intemperismo, y el más grave por la presencia humana que cuando no se abre una carretera o autopista o se incorporan nuevas tierras al cultivo, el ser humano grafitea, vandaliza, raya o de plano se lleva material que ya no se recupera y de hacerse la recuperación ya no le sirve al científico pues todo está fuera de contexto.

En el libro, que por cierto ha estado corriendo con suerte, se describen los lugares y se hace énfasis en la relación que los antiguos pobladores tenían con el medio ambiente, el sano equilibrio con el entorno para no acabar con las especies tanto de plantas como de animales. Las tribus registradas en documentos de nuestros archivos pasan del millar, las bandas no eran numerosas pues el medio no se los permitía. Se tienen referencias de sus reuniones periódicas entre diferentes grupos y realizaban mitotes, en esas “fiestas” se hacían trueques y se llevaban a cabo enlaces matrimoniales, pues nunca practicaron la endogamia. Tampoco el canibalismo como los europeos quisieron hacernos creer.

También en Coahuila Indígena se menciona que nuestros pueblos fueron “acerámicos”, en su mayoría nuestras tribus no manejaron el barro, su condición de nómadas les impedía acarrear esos trastes que fácilmente se les hubieran roto. Hay sus excepciones, pues solo en los municipios de Francisco I. Madero y en San Pedro de las Colonias se han localizado cacharros de barro, pero en el resto del estado no se ha encontrado este material, que junto con los metates indica ya incipientes asentamientos, pues entre los petroglifos se grabaron plantas de maíz, por lo que se comprueba que se existió intercambio con grupos del centro de México. Otro producto que se llegó a cultivar de una manera muy modesta aparte del maíz fue la calabaza.

Coahuila Indígena hace homenaje a los precursores del estudio del Arte Rupestre de Coahuila, entre ellos Dr. Maeda de Torreón, Dr. J. de J. Dávila Aguirre, profesor Carlos Cárdenas Villarreal, Dr. William Breen Murray, Arq. J. Ricardo Dávila Rodríguez, etc.

Entre otros temas se habla en este libro, de los mensajes tardíos, donde los recién llegados, tanto españoles como tlaxcaltecas dejaron su huella grabando cruces de la religión traída por ellos, nombres, fechas, fierros etc.
El libro bien vale la pena observarlo, leerlo y bueno la idea es que se conserve este patrimonio de la humanidad que nosotros tenemos en nuestro territorio.

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