Mis Sexenios (6)

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Ser egresado de la UAC, era la propuesta catonista para eliminar a Melchor de la futura contienda por la Rectoría.

por José Guadalupe Robledo Guerrero.
ed. 357, noviembre 2018

La Declaración de Principios y el Estatuto Universitario

Una vez formado el Consejo Universitario Paritario (tres profesores y tres alumnos por cada escuela) se iniciaron las reuniones. El Consejo discutiría para su aprobación el trabajo de las comisiones, las cuales eran elegidas en el mismo Consejo por votación abierta. Uno de los acuerdos, fue que las reuniones de Consejo se celebraran alternadamente en Monclova, Torreón y Saltillo, con el fin de descentralizar las sesiones del máximo órgano de gobierno universitario. En ese tiempo no existían las unidades universitarias, pues fue la Autonomía la que les dio vida jurídica.

El primer documento que se elaboró fue la Exposición de Motivos, que se integró como parte de la legislación universitaria, y es la referencia histórica de la Universidad: su fundación el 30 de marzo de 1957, sus fines, su labor social, las limitaciones que tuvo al estar sujeta al Estado y su nueva vida a partir del 24 de marzo de 1973 cuando se inició el movimiento por la Autonomía.

En el Consejo Universitario estuvieron representados todos los grupos y sectores de la Universidad. Todos se dieron a la tarea de tratar de influenciar la legislación de acuerdo a sus intereses gremiales, políticos e ideológicos. Sin embargo, en los primeros meses de la Autonomía, la fuerza moral la tuvieron -al menos en lo más trascendente-, los dos grupos estudiantiles de Saltillo que tenían ideas concretas sobre el deber ser de la Universidad.

Hay que reiterar que desde antes de la Autonomía, Melchor y los córporos tenían en mente un proyecto de gobierno para controlar el poder. Eso se evidenciaba en las discusiones del Estatuto Universitario. Para entender este asunto, recuerdo una anécdota: cuando se discutían los requisitos para ser Rector, los catonistas insistieron en que se incluyera en el Estatuto el requisito de ser egresado de la UAC, pero Pablo Reyes se opuso, argumentando: “La Universidad no puede vetar a profesionistas que hayan egresado de otros centros de estudios del país, menos aún si imparten sus conocimientos en la UAC”.

Finalmente se descartó el requisito de ser egresado de la UAC. La propuesta catonista era para eliminar a Melchor de la futura contienda por la Rectoría, para dejar a Catón como único y posible candidato. Armando Fuentes Aguirre egresó de la UAC, mientras que Melchor de los Santos había estudiado en el ITESM.

Obviamente “Catón” conocía los planes de los córporos, finalmente habían sido sus aliados y promotores, sabía de sus estrechas relaciones con Melchor, de sus contactos con el gobierno del estado, y trataba de ganarle a su futuro adversario con limitaciones jurídicas, al fin abogado.

Al grupo de los “comunistas” no le interesaba el futurismo político universitario, lo que les importaba eran otros aspectos: pluralidad ideológica y académica, libertad de expresión, la defensa de la Autonomía, que los trabajadores y sus hijos tuvieran acceso a la Universidad, y el compromiso de la Universidad con el pueblo en su problemática social y en sus necesidades de desarrollo.

En todo esto hubo consenso entre los principales líderes de Autonomía, incluso el departamento de Extensión Universitaria, cuyo primer Director fue Mario H. Arizpe García, era la parte de la estructura universitaria creada para tener contacto con los sectores populares y ayudarles a resolver su problemática social.

En un ambiente de lucha ideológica se llegó a la redacción y aprobación de la Declaración de Principios, documento que contempla las aspiracio- nes reivindicativas de aquella generación de jóvenes coahuilenses. Por eso, la redacción de este documento dibuja su carácter eminentemente social, de compromiso con el pueblo y con el Desarrollo Integral del Hombre, concepto salido de las encíclicas del papa Juan XXIII, y que a juicio de sus redactores son los objetivos últimos del ser, del deber ser y del quehacer universitario.

Sobre el particular, Melchor de los Santos, en un folleto publicado en 1978 al final de su gestión, titulado Cinco años de Autonomía, señalaba que: “La existencia de tres principios simultáneos: la autonomía frente al Estado, el sistema democrático de autoridad y la educación popular, planteó a la Institución el reto de mantener la coherencia en la medida en que se ejercían estos principios”. Y aunque estas frases son demagógicas por los resultados, lo cierto es que dibujan los propósitos de la Autonomía Universitaria.

Sin duda, la Declaración de Principios es el documento jurídico de mayor importancia en la UAC, porque en las pocas líneas que la integran, se establece la visión social de toda una generación. Eso es lo que en 1973 se quería para la UAC: una Universidad humanista, libre, democrática y comprometida con el pueblo y con el país.

Hace 45 años esta visión de Universidad era revolucionaria, adelantada a su tiempo incluso al presente, pero el gobierno de Melchor y los córporos impidieron su desarrollo. Por eso sometieron a la UAC, desterrando toda oposición ideológica y olvidando la calidad de la enseñanza. De allí su situación actual: enajenada, despolitizada, con bajo nivel académico, científico y cultural, y controlada por las ambiciones de grupúsculos y politicastros inmorales y antiuniversitarios.

Por otra parte, el Estatuto Universitario se redactó pensando en su utilidad práctica: regla- mentando, en términos generales, las funciones, atribuciones y responsabilidades de sus funcionarios, órganos e instancias de gobierno, y creando las normas que guiarían las actividades de su estructura administrativa y de los sectores universi- tarios. Obviamente esta legislación estaría sujeta al desarrollo y crecimiento de la Universidad y a los intereses de los grupos que la gobernarían.

Aún bajo estas circunstancias, la Declaración de Principios sigue intacta, y el Estatuto original no ha sido modificado en la esencia de su contenido. De allí que los documentos básicos de la UAC son violados sistemáticamente por el gobierno y por los rectorcillos en turno.

El proceso de discusión y aprobación de la legislación universitaria duró dos años, de 1973 a 1975, los dos grupos de la Autonomía fueron consecuentes con sus ideas. Los córporos se quedaron en la Universidad implementando su proyecto de gobierno, mientras que los “comunistas” se relacionaron con los sectores marginados: trabaja- dores universitarios, obreros y colonos.

Mientras tanto, Melchor comenzaba su campaña para quedarse como Rector, a él le benefició alternar las reuniones del Consejo Universitario en Saltillo, Torreón y Monclova, pues era quien presidía las sesiones del Consejo, lo que le permitió conocer todas las escuelas.

Como Consejero Universitario fuí electo para participar en diversas comisiones legislativas, pero la que más me interesó fue la que elaboró la Declaración de Principios, los otros miembros de dicha comisión fueron: Armando Fuentes Aguirre “Catón”, Francisco Alvarado, Norma Amelia Flores y Octavio Olvera, quien en el Rectorado de Jaime Isaías Ortiz Cárdenas fungió como Contralor de la Universidad, y después sería uno de los tantos acusadores de la corrupción que instauró en la UAC “El Gato” Ortiz Cárdenas.

En la Declaración de Principios duramos discutiendo muchas horas invertidas en analizar palabras, frases, conceptos y argumentos. Recuerdo que de los conceptos más discutidos fueron: “pueblo” y “sociedad”. Finalmente ambas palabras quedaron plasmadas en la Declaración de Principios, pues “pueblo” aún no estaba desgastada por los demagogos del sistema ni tampoco los empresarios había inventado “sociedad civil”.

Los conceptos sociales que logramos insertar en la Declaración de Principios vencieron la resistencia de los reaccionarios y oportunistas, que después de la Autonomía, proliferaron en la estructura del gobierno universitario, cuyos días de gloria llegaron cuando Melchor comenzó a deshacerse de sus incómodos opositores, gracias a los múltiples errores de la “izquierda infantil” que siempre pierde todas las luchas, debido a su sectarismo, ignorancia y pequeña visión. Por eso sus días conmemorativos son todos luctuosos, de lamentos y acusaciones, nunca de victoria.

El proyecto social universitario de la Autonomía lo desechó Melchor de los Santos y los rectores que lo sucedieron.

Con la Declaración de Principios, posteriormente legitimamos la creación del Sindicato de Trabajadores Administrativos y Manuales de la UAC (Stamuac), también fundamentó el gran programa de difusión cultural realizado por el director de Difusión Cultural Armando de la Peña Rodríguez y dirigido a los universitarios y al pueblo: obras de teatro, conferencias, ciclos de cine revolucionario, conciertos de trovadores, grupos folklóricos y de protesta que se presentaban en las instalaciones universitarias, teniendo como auditorio a obreros, empleados, profesores y estudiantes universitarios.

De allí también se derivó la solidaridad que la UAC tuvo con el pueblo chileno, cuando fue masacrado por los militares en el golpe de estado que Augusto Pinochet le dio al gobierno de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973. Asimismo, fue el origen del respaldo total e incondicional que el Consejo Universitario de la UAC le brindó a la huelga de los obreros de CINSA-CIFUNSA, que se realizó del 16 de abril al 3 de junio de 1974.

Lo que la Declaración de Principios guarda en su contenido, es a fin de cuentas, el proyecto social universitario que aquella generación de estudiantes planteaba para la Universidad, mismo que fue desechado por Melchor de los Santos y los demás rectores que lo sucedieron.

Los años en que se elaboró la legislación universitaria son evocadores y destacan historicamente, no sólo por la trascendencia de su tarea, sino por los fines que en ese momento se perseguían. En aquel tiempo había confrontación de ideas y proyectos, se gozaba de un ambiente democrático y plural, había planes para hacer de la UAC una Universidad consciente, comprometida, participativa y académicamente exitosa.

A continuación reproduzco íntegro el documento universitario de mis preferencias: la Declaración de Principios, no sólo para recordar sus conceptos y las hermosas vivencias de mi juventud universitaria, sino para que los universitarios de ahora conozcan las ideas que teníamos sobre la Universidad Autónoma de Coahuila:

Declaración de Principios

La Universidad Autónoma de Coahuila es una Institución al servicio del pueblo en la que el Estado delega la tarea de impartir educación superior. Su actividad se basa en la autonomía universitaria, de la que deriva la capacidad que tiene de darse sus propias normas de actuación interna y, por lo tanto, de elegir sus órganos de autoridad. Como comunidad está comprometida ante la sociedad a cumplir los objetivos que justifican su existencia, fomentando y preservando la cultura, promoviendo la realización de los valores que distinguen a la humanidad y haciendo suyos los principios de la ciencia y del arte y lo que derive de su ejercicio en tanto favorezca a la formación integral del hombre.

Los fines de la Universidad son la adquisición del saber, su renovación a través de la investigación, y su difusión, entendida ésta como un compromiso. La Universidad cumplirá su misión concibiendo estas actividades estrechamente vinculadas entre si, a la manera de un proceso único, y responsabilizando a todos los universitarios de su realización cabal. La práctica de estas actividades estará caracterizada, ante todo, por el ejercicio pleno de la libertad. Para alcanzar su completa transformación la Universidad requiere que en su seno se fomente la libre búsqueda de conocimientos, base de la independencia intelectual; se transmitan sistemas formales de razona- miento en vez de creencias; se favorezca la duda como actitud frente a cuestiones esbozadas con determinismo dogmático; y, en fin, se auspicie permanentemente la postura crítica en sus diversas formas en todas las actividades de la Institución.  La Universidad, por tanto, transformará substancialmente su estructura, en los términos de los señalamientos expuestos, llevando este cambio a su vida interior y a sus relaciones con la sociedad.

La Institución hace suyos los principios de la vida democrática, rechazando toda imposición autoritaria y haciendo que en todas las actividades que tienen que ver con su existencia tome parte la totalidad de sus integrantes de acuerdo con sus atribuciones. Los universitarios vigilarán celosa- mente que no se estorbe el ejercicio de la autonomía, defendiéndola no sólo ante el Estado, sino frente a todos los grupos de poder que la vulneren o le opongan resistencia.

La Universidad hará que los universitarios participen en la realidad social. Además, éstos deberán acudir a los sectores marginados, estableciendo con ellos, una fructífera acción recíproca que permita hacer conjuntamente el análisis de sus problemas y buscar vías para su solución. Como consecuencia, los universitarios asumirán un papel activo en el proceso de concientización que cuestione e impugne todas las formas de opresión.

La Universidad ampliará las oportunidades educativas, propiciando así que los grupos menos favorecidos de la sociedad tengan acceso a la educación superior. Al asumir todos los universitarios su responsabilidad y obrar de acuerdo con el compromiso que deriva de esta Declaración de Principios, se conseguirá que toda la labor de la Institución tienda al servicio del pueblo, al que por derecho le corresponde ser destinatario de la obra de la Universidad.

Hasta aquí la Declaración de Principios, este documento nada dice de regalar despensas, tinacos o cemento. Habla de problemas sociales, de concientización, oportunidades educativas, de la adquisición del saber y de la defensa de la Autonomía “no sólo ante el Estado, sino frente a todos los grupos de poder que la vulneren o le opongan resistencia”. Allí se las dejo de tarea…

(Continuará).
El otro sindicalismo universitario…

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