El saqueo de los neoliberales

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Augusto Hugo Peña Delgadillo.
ed. 357, noviembre 2018

 

Por supuesto que cada quien es libre de celebrar lo que le venga en gana, pero que lo hagan con su esfuerzo y su dinero, y no como lo hacen nuestras autoridades, las que, en medio de la pobreza y la miseria de una gran parte de nuestra población, dilapidan recursos de esa masa empobrecida, en festejar algo que nadie va a olvidar. Lo que deberíamos de hacer -gobernantes y gobernados- es un combate contra la pobreza, para que algún día tengamos de veras, algo digno de festejar.

 

El 1º de diciembre de 1982 festejamos la llegada de nuevos gobernantes no tradicionales como Luis Echeverría y López Portillo, llegaron los neoliberales con infinidad de promesas y cambios de la forma de gobernar, eran gente preparada, con maestrías universitarias y hasta doctorados en Harvard. La superioridad académica, sobre todo la de Carlos Salinas que se hizo cargo de una secretaría inventada por él para programar y presupuestar todo lo que había que hacer y no se hizo en los anteriores gobiernos, ¿y qué sucedió? Que en tres sexenios -De la Madrid, Salinas y Zedillo- nos partieron la madre, saquearon las arcas nacionales; inventaron el FOBAPROA (Fondo de Protección al Ahorro) ahora IPAB (Instituto para la Protección al Ahorro Bancario), para rescatar de la insolvencia a los banqueros y los políticos y empresarios ladrones, a costillas de la gente más jodida; en 18 años se les  ha pagado a los  banqueros -88% extranjeros- del rescate de sus bancos quebrados, 904 mil 786 millones de pesos, y todavía se les deben dos billones  (millones de millones) 564  mil 472 millones de pesos.

Nunca en la historia de México hubo un saqueo tan enorme; se han transferido bienes públicos de la nación a particulares, entre los que están, políticos y banqueros. Preguntémonos, ¿habría que celebrar este acontecimiento casi tan desastroso como el de la llegada de los españoles a nuestras tierras, o solo recordarlo como otra efeméride? Ciertamente ambos acontecimientos son dignos de no olvidarse, pero para nada festejarlos. Los sucesos acaecidos el 12 de octubre de 1492 ya no tienen remedio, en cambio el del FOBAPROA/IPAB sí lo tiene y hay forma de resolverlo, no pagando a los banqueros ladrones lo que no debemos. Una exhaustiva revisión de esta deuda que el pueblo está pagando sin deberla, tiene que hacerse para delimitar responsabilidades, porque la deuda la asumió y signó un gobierno sin la aprobación del soberano, del pueblo ni del Congreso que lo representa.

Sabemos que desde esas fechas y antes, y hasta hace unos días, que el Senado y la Cámara de Diputados están representadas por una nueva legislatura, los diputados y senadores eran la servidumbre del presidente, y esperemos que esto ya no sea así, lo que sí sería un motivo amplio y suficiente para celebrarlo. Si la nueva legislatura se somete a los dictados de López Obrador, seguiremos estando fritos ante la rapacidad de la oligarquía, cuestión que está en nuestras manos evitarlo, asumiéndonos como los mandantes, los que debemos tener a nuestro servicio a los mandatarios, según rezan los apartados del artículo 39 constitucional. ¿Andrés Manuel López Obrador estará consciente de ello?

Otra cosa que podríamos celebrar en fechas próximas que se antojan inmediatas, es que el sistema judicial, desde la Suprema Corte de Justicia, que solo es suprema en cuanto los salarios y dietas desmesuradas que ganan los magistrados y jueces,  y en el nepotismo que impera en esa Corte de Injusticia, es en sacarlos por ineptos y abusivos del sistema judicial, y que este sistema se independice del ejecutivo como lo señala nuestra Carta Magna, para que el balance y el equilibrio de los poderes  del  Estado, puedan hacer su trabajo ceñido al mandato constitucional. Otra más, es que se le finquen, con todo el peso de la ley, las responsabilidades a Peña Nieto y a los que dentro del gabinete le acompañan en este desgobierno poblado de ineptos, de cleptócratas/cleptómanos y traidores a la patria. Ayer en el Congreso comparecieron el secretario de energía, el director de PEMEX y el de la Comisión Federal de Electricidad, Gerardo Fernández Noroña los increpó y tildó de  engañar y robar al pueblo, de traidores a la patria, según reza con claridad el artículo 27  constitucional que enmarca que las riquezas de nuestro suelo y subsuelo son exclusivamente propiedad del pueblo de México, y esta terna de traidores que encabezó Pedro Joaquín Coldwell, quien sin recato alguno le entregó  nuestro territorio, el  petróleo y otros energéticos a particulares nacionales y extranjeros, con la venia y colusión de Peña Nieto.

Pedro Joaquín Coldwell, un fenicio antipatriota se armó de una dignidad fingida y le espetó: “No acepto esos calificativos ofensivos y denigrantes hacia mí y quienes me acompañan, porque hemos trabajado con honestidad estos seis años”. ¿De qué honestidad habló este ratero fenicio multimillonario que ha amasado una enorme fortuna por medio de un sistema político podrido y ratero? Incluso en esta comparecencia ante el legislativo a la que fue invitado a rendir cuentas, tuvo la desvergüenza de darle un consejo a los mexicanos y al próximo gobierno sobre el fracking, la fracturación hidráulica del subsuelo para la extracción de gas y petróleo, siendo que está comprobado fehacientemente que es dañino para la salud de la población, porque se usan enormes volúmenes de agua y se contaminan los mantos freáticos y acuíferos de donde nos abastecemos de agua potable. Joaquín Coldwell y socios entre los que se encuentran Carlos Salinas, Rogelio Montemayor y Rubén Moreira entre otros, han invertido -asociados con empresas norteamericanas- muchos millones de pesos que nos han robado y, culminó su participación en la comparecencia con un discurso sentenciosos y disparatado: “Si dejamos de extraer por medio del fracking, estaríamos haciendo felices a los petroleros de Texas, porque eso es igual que hacerles un regalo”. ¡Imbécil traidor! Para Peña Nieto, Pedro Joaquín Coldwell y sus cómplices, son más importantes el gas, el petróleo y el dinero que la salud de los mexicanos. ¡No tienen ni un retazo de madre! O, ¿usted qué opina, apreciable lector?

 

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