Miscelánea. Fox, generoso

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por José C. Serrano
ed. 358, enero 2019

El pasado 8 de noviembre, el ex presidente Vicente Fox Quesada declaró que con o sin pensión seguirá trabajando por México. Esto en referencia a la nueva norma que elimina esa retribución para los ex mandatarios del país.

El ala crítica de la ciudadanía toma esta declaración como una muestra más de la comicidad involuntaria del guanajuatense. Públicamente se desconoce que el marido de la señora Marta desarrolle proyectos serios y de alto impacto en beneficio los connacionales. El hombre de las botas de charol está metido en su burbuja llamada Centro Fox, donde se busca “apoyar a cada una de las personas que desean potencializar su conocimiento y desarrollar proyectos innovadores, así como la formación de líderes para la creación de un mundo mejor”.

El eslogan es como una nuez vana, pura cáscara sin pulpa: ramplona mercadotecnia para cooptar ingenuos, individuos que se han leído cualquier cantidad de textos de autoayuda y, son asiduos concurrentes a las conferencias dictadas por afamados charlatanes. Eso es, en esencia, la escuelita del grandulón lengua larga.

En su cuenta de twitter mencionó que si es por el bien de México, con gusto cede su pensión: “si representa que mi país tendrá un crecimiento significativo en sus fondos económicos, con todo gusto renuncio a ella”. El cacique del Rancho San Cristóbal, como no lee los periódicos, recomendación que hacía a los ciudadanos durante su mandato, finge desconocer que, a partir del 1 de enero de 2019 entrará en vigor la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 5 de noviembre de 2018. Esto es un mandato del Congreso de la Unión, no una decisión opcional y caprichosa.
Vicente Fox Quesada, después de 35 años de haber egresado de la Universidad Iberoamericana (UIA), se tituló el 24 de marzo de 1999 como licenciado en administración de empresas. En una acto académico ante profesores y especialistas de la UIA, el examinando defendió su tesis de que la administración de un gobierno es como la administración de una empresa. No dudó en referirse al ciudadano como un cliente. En dicho acto, habló de productividad, calidad y resultados, términos de cuño netamente empresarial.

Ganador de la candidatura presidencial disputada a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (PRD) y Francisco Labastida Ochoa (PRI), Fox Quesada apremiado por los medios de difusión, expresó que la selección de los integrantes de su gabinete la dejaría en manos de head hunters (cazadores de talentos).
Contrató instalaciones suntuosas, adonde los interesados podían ingresar su curriculum-vitae, anexando a éste un proyecto que contribuyera al desarrollo nacional.

La propuesta, fue esperanzadora por novedosa. Por fin, los altos mandos de la adminsitración pública ya no serían insaculados por el legandario dedazo del presidente. ¡Patrañas! O los reclutadores eran extraterrestres, o todo este margallate fue un cuento chino: Reyes Tamés Guerra, secretario de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, secretaria de Desarrollo Social, Felipe Calderón Hinojosa, secretario de Energía, Rafael Macedo de la Concha, procurador general de la República, Sari Bermúdez Ochoa, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. ¿Cuál talento?

Fox, el generoso, ha pasado su existencia en el mundo de Disney.

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