Mis sexenios (8)

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por José Guadalupe Robledo Guerrero.
ed. 359, febrero 2019

Movimiento popular

Lo que hoy conocemos como Movimiento Popular, es decir, la organización y lucha de los habitantes de las colonias marginadas para resolver sus problemas de servicios, vivienda y tenencia de la tierra, nació con la asesoría de los universitarios de la UAC, en su mayoría “comunistas” de la Preparatoria Nocturna y algunos de Economía y Jurisprudencia.

El nacimiento del Movimiento Popular, fue una de las secuelas del Movimiento de la Autonomía, y podemos decir que su fecha de nacimiento fue el Primero de mayo de 1973. Todo empezó cuando los “comunistas” preparatorianos desde 1969 comenzaron a repartir volantes en los desfiles del Primero de mayo, el “Día del Trabajo”, cuyo contenido eran ideas de reivindicación laboral y de la lucha contra el charrismo sindical, (dirigentes sindicales al servicio de los patrones). 

La colonia Chamizal fue herida de muerte desde que el Alcalde Luis Horacio Salinas Aguilera la había dividido y corrompido.

Los obreros que desfilaban obligados por sus centrales sindicales, principalmente CTM y CROC, recibían con entusiasmo y evidente simpatía los volantes estudiantiles de contenido clasista, sobre todo los trabajadores del Grupo Industrial Saltillo (GIS), en donde había condiciones de sobreexplotación: salarios miserables, mínimas prestaciones, acoso sexual, trabajos eventuales e inseguridad laboral, represión, etc. 

Cada año religiosamente nuestros volantes aparecían en el desfile del Día del Trabajo. Los obreros los esperaban, conocían a los activistas estudiantiles y simpatizaban con las ideas que les llevaban. Y como consecuencia de estos contactos obrero-estudiantiles, las aulas de la Preparatoria Nocturna se convirtieron en un recinto ideológico, donde los fines de semana (sábados y domingos) nos reuníamos con grupos de obreros para estudiar la Ley Federal del Trabajo, la historia del movimiento obrero y escuchar canciones de protesta. Por eso, durante la semana que duró el Movimiento de Autonomía, los estudiantes en lucha recibieron el generoso apoyo económico y moral de los “compas” obreros. Éramos de los mismos.

El Primero de mayo de 1973, a casi un mes de decretada la Autonomía Universitaria, un grupo de estudiantes nos dimos cita en la plaza Primero de mayo. La intención no sólo era llevar los volantes, sino hablarles directamente a los obreros, para informarles de la victoria del Movimiento por la Autonomía que habían respaldado, y agradecer- les su apoyo solidario y moral que tan generosa- mente recibimos durante nuestra lucha.
Luego de repartir los volantes, nos dirigimos a la plaza Primero de mayo en donde habría un mitín de proselitismo electorero que las centrales sindicales, le ofrecían a los candidatos del PRI a diputados federales: el ex Rector Arnoldo Villarreal Zertuche (+) y otro saltillense que posteriormente llegaría a ser Subsecretario de Gobernación, Jesús Roberto Dávila Narro.
La plaza estaba a reventar, y nos acercamos hasta la improvisada tribuna hecha con dos plataformas de camiones. El maestro de ceremo-nias era Gaspar Valdés Valdés (+), sempiterno dirigente del “charrismo” cetemista de Coahuila. A él nos dirigimos para solicitarle que nos permitiera agradecerle a los obreros el apoyo que dieron al movimiento universitario, e informarles que habíamos ganado la lucha con su respaldo.

Gaspar Valdés nos permitiría el micrófono. “Esperen, ahorita los anuncio,”, dijo. Pero de repente, el cetemista ordenó a sus porros que retiraran los camiones para deshacer la plataforma que servía de tribuna, porque “el evento, compañeros, se ha terminado”. Eso molestó a los trabajadores que ya se habían percatado de la presencia estudiantil. Con sus cuerpos evitaron que los vehículos se movieran de lugar, incluso le arrancaron los cables de las bujías, y a coro exigieron que dejaran hablar a los estudiantes. 
Los dirigentes “charros” y los candidatos priistas huyeron llevándose el micrófono, y la “tribuna” fue ocupada por los activistas estudiantiles. Sin micrófono y sin la presencia de los “charros” y de los candidatos priistas, hablé durante dos horas proclamando la lucha sindical, y a sacudirse a los “charros” sindicales. 

Al final, los obreros nos cargaron en hombros y marcharon a la Plaza de Armas, en donde siguió la fiesta obrera con otros oradores improvisados, que dieron rienda suelta a su combatividad y a sus anhelos libertarios reprimidos.

En medio del jolgorio sindicalista, el grupo de Teatro Emiliano Zapata de la Preparatoria Nocturna, que años después se convertiría en el grupo de música folklórica Takinkai, invitó a los obreros al Paraninfo del Ateneo Fuente, en donde pusieron en escena una obra teatral titulada “Sueño realista”, dirigida por Natividad Molina (+). La obra estaba repleta de diálogos marxistas que ponían énfasis en la Revolución y el Socialismo, que hablaban de la toma del poder, de la dictadura del proletario e invocaban la dignidad, la justicia, y la lucha proletaria.

Ese día y otros más, los trabajadores de las fábricas saltillenses llenaron el Paraninfo del Ateneo Fuente. Pletóricos de entusiasmo, la gran mayoría de los obreros saltillenses no conocían el simbólico recinto universitario.

También asistían a los eventos culturales que organizaba la UAC: ciclos de cine, conferencias, obras de teatro, conciertos de música folclórica y de protesta. 

En diciembre de 1973, los obreros asistirían a presenciar la obra teatral “Santa María de Iquique”, que relataba una represión obrera en Chile, y que fue montada por Alejandro Sentiex (+) en repudio al golpe de estado militar que derribó al gobierno constitucional de Salvador Allende. Debido a la nueva realidad universitaria, se multiplicaron nuestros contactos con los trabajadores asalariados, y por consecuencia nuestro trabajo político-ideológico clasista. 

Jacobino y pionero de las juventudes comunistas en Coahuila, Federico Berrueto Ramón era un hombre culto e ilustrado.

Para entonces, los dirigentes de la Fesuc comandados por Mario Arizpe habían creado la Preparatoria Popular, hoy Instituto de Ciencias y Humanidades, una opción más para que los sectores populares y obreros tuvieran acceso a la educación superior. Además había otras escuelas universitarias en donde los estudiantiles “comunistas” mantuvieron los turnos nocturnos, como Economía, Ingeniería Civil, Arquitectura, Trabajo Social y obviamente, la Preparatoria Nocturna, cuyo fundador fue don Mariano Narváez González (+), a quien la UAC no ha tenido la gratitud de ponerlo en el pedestal que le corresponde.

Los “comunistas” consolidaron sus relaciones con los obreros saltillenses, principalmente con los de Cinsa y Cifunsa, que al año siguiente, en1974, realizarían su histórica huelga, que quedó registrada como una de las luchas sindicales más importantes del movimiento obrero nacional, pero que fue olvidada en la historia de Coahuila.

El Primero de mayo de 1973, en medio de la euforia sindicalista, se acercaron a los estudian- tes un grupo de colonos de La Chamizal, encabezados por Lidia Hernández y Luciano Cruz, combativos dirigentes de una organización que aglutinaba a más de dos mil colonos, para pedir el apoyo estudiantil a su lucha por regularizar sus terrenos. Los colonos llevaban años de solicitar justicia y nadie les había resuelto su problema de posesión legal de la tierra. El alcalde de Saltillo era Luis Horacio Salinas Aguilera, quien meses antes había recibido la Presidencia Municipal de manos de Arturo Berrueto González. Pero ni la actual autoridad ni la anterior les habían hecho caso. En ese entonces los habitantes de las colonias no tenían la importancia electorera que hoy tienen, pues el PRI de todos modos ganaba, aún sin votos. 

Allí, en una banqueta de la calle de Arteaga, los estudiantes se solidarizaron con la demanda de los dirigentes de los colonos. Así comenzó, lo que meses después sería el otro evento que sacaría de la modorra a nuestra tranquila ciudad: la lucha de los colonos de la Chamizal, que fue el origen del movimiento popular en Saltillo, y el inicio de la organización de los habitantes de las colonias marginadas, ubicadas en la periferia de la ciudad.

Tres fueron los grupos universitarios que se involucraron en el movimiento popular: el de la Preparatoria Nocturna, el de Economía dirigido por Carlos Fonseca de León y Joel Ramírez “El Chamizal” (+) y el de Jurisprudencia, comandado por Juan Sánchez Segovia (+). A los dos primeros les correspondió el trabajo político de organización, proselitismo y unificación, y el otro se hizo cargo de los aspectos jurídicos.

A pocas semanas de iniciado el movimiento aparecieron algunas diferencias entre los grupos universitarios, debido a que los compañeros de Jurisprudencia tenían una visión distinta del problema. Los futuros abogados se inclinaban por darle un tratamiento legaloide y peticionario a la lucha, a través de comisiones y pláticas con el Alcalde, lo que ya se había hecho sin resultados positivos. Para esas fechas, Juan Sánchez ya había establecido relaciones con el Alcalde Luis Horacio Salinas. Pero había otro planteamiento de solución: la movilización de la gente y la lucha política para conseguir las escrituras de sus terrenos. Finalmente, esta propuesta salió triunfante y se inició el proceso que terminaría con la victoria. 
Ante la sordera de las autoridades, a finales de 1973 se decidió en la asamblea de colonos tomar la Plaza de Armas y quedarnos en ella hasta que el problema de la legalización de los terrenos fuera solucionado. Allí, universitarios y colonos, estuvimos un mes en un campamento improvisado que se construyó con cartones, láminas y mantas. 

Una noche en pleno movimiento me buscó Luis de la Rosa (+), comandante de la Policía Municipal de Saltillo y me pidió que lo acompañara “porque el Alcalde quería platicar conmigo”. Acompañé al jefe policiaco para saber qué quería el Alcalde con quien nunca había dialogado. Creí que quería hablar del problema de la Chamizal. 

Llegamos a la Presidencia Municipal, que estaba en Hidalgo y Aldama. Luis Horacio, quien estaba de pie frente a una maqueta de la colonia 26 de marzo, en donde se construían casas para poblar los alrededores de la Central Camionera, obras promovidas por el Alcalde y rodeadas de historias corrupción.

Luis Horacio Salinas me mostró la maqueta de la 26 de marzo y me pidió que escogiera una casa como patrimonio familiar. Al fin y al cabo, el enganche y los abonos eran modestos, y si no tenía me daría las facilidades que quisiera. Para convencerme, señaló que algunos dirigentes del Partido Popular Socialista (PPS) ya habían escogido sus casas en esa colonia. La oferta de Luis Horacio Salinas, me pareció una afrenta. 

De inmediato entendí que el Alcalde intentaba anularme en la lucha de la Chamizal. Con mucha claridad le dije que había acudido a su llamado, porque quería saber qué pensaba sobre el movimiento de los colonos. Sin más me despedí. En mi caminata nocturna reflexioné sobre esta vivencia, y me congratulé de haber mandado a la chingada al primero que me había propuesto vender mi participación en un movimiento social.

Pero Luis Horacio no se frustró, e infiltró el movimiento a través de Juan Sánchez. De quien se rumoraba que cobraba en las nóminas municipa- les. De todos modos, la lucha de La Chamizal fue resuelta de acuerdo a las demandas de los afectados. Sin embargo, esa combativa colonia estaba herida de muerte, pues el Alcalde Luis Horacio Salinas la había dividido y corrompido.

Las diferencias surgidas al principio se mantuvieron en secreto para no dividir el movimiento, y acordamos que nos mantendríamos unidos hasta que se lograra la legalización de los terrenos, y después nos retiraríamos de la organización popular, sin provocar la división, poniéndonos a distancia de los negocios con terrenos, que desde entonces son el principal estímulo de los líderes de las colonias marginadas. 

Tiempo después Salinas Aguilera encarceló a Juan Sánchez por haber invadido un terreno propiedad de uno de los “notables” saltillenses. Cientos de estudiantes de la Preparatoria Nocturna, de la Preparatoria Popular, y de Economía nos reunimos al anochecer y nos encaminamos a la Presidencia Municipal, en Bravo y Aldama, en donde estaba detenido Juan Sánchez. Lo ibamos a liberar. Ya nos esperaba un grupo de policías desarmados que bloqueaban la entrada al edificio. 

Comenzaron los empujones, y se inició el conflicto que terminó con la liberación de Juan Sánchez y las celdas semidestruidas. Luis Horacio bajó de su oficina solicitando diálogo, y los estudiantes no cesaban en reclamarle su actitud represiva. El ambiente estaba caldeado. 

Luego se supo que Juan Sánchez había acordado su aprehensión con Salinas Aguilera, para satisfacer a los “notables” afectados y de paso, quitarse la responsabilidad de su liberación. Años después, Juan Sánchez moría de cáncer en los testículos, originado supuestamente por una golpiza que le dieron por órdenes de Mario Guerra Flores (+), el tristemente célebre Director de la Policía Judicial del gobierno florestapista.

Por aquellos días alguien me invitó a conocer a Federico Berrueto Ramón (+), a quien visité en su casa de la calle Presita. Nuestras charlas se referían a las condiciones en que vivían los habitantes de las colonias marginadas, pues a don Federico le interesó el fenómeno de reivindica- ción social que se comenzaba a dar con la lucha de La Chamizal, y quería hacer un libro.
Desde el principio, Berrueto Ramón manifestó su simpatía por el movimiento del 1968, con cuyas aspiraciones decía coincidir, aún cuando él fue Subsecretario de Educación Pública de México precisamente en la fecha de la trascendente lucha estudiantil, que terminó masacrada el dos de octubre de 1968 por el gobierno que representaba.

Jacobino y pionero de las juventudes comunistas en Coahuila, Federico Berrueto Ramón era un hombre culto e ilustrado, además de didáctico maestro político e ideológico, a quienes muchos de su generación lo consideraban su líder. El profesor Berrueto era un gran conocedor de la historia nacional y coahuilense, él mismo fue uno de los principales protagonistas durante décadas. Entre sus compañeros de luchas estaban: Óscar Flores Tapia, Casiano Campos y Carlos Abedrop, el que luego sería hombre de negocios y banquero.

Las pláticas de Berrueto Ramón siempre fueron aleccionadoras. Sus enseñanzas cambiaron mi visión. Desde entonces me relacioné con cuanto viejo tenía algo que enseñarme, entre ellos recuerdo a Arnoldo Villarreal Zertuche (+), Joaquín del Valle Sánchez (+), Óscar Flores Tapia (+), Enrique Martínez y Martínez (padre) (+), Jorge Masso Masso (+) y el mismo Federico Berrueto Ramón (+).

(Continuará).
La huelga obrera de Cinsa-Cifunsa…

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