José Guadalupe Robledo Guerrero.
Juan Miguel Zunzunegui, escritor, conferencista y divulgador de historia y filosofía mexicana, con varios estudios académicos coronados por el doctorado en Humanidades, es autor de una treintena de libros cuyos temas confrontan con la historia oficial, pues propone una polémica reinterpretación, que pone en duda los relatos más arraigados de la identidad nacional, como la conquista, el virreinato, la independencia, la reforma y la revolución, pues según él: La historia oficial de México es una mentira.

Zunzunegui ha sido criticado y señalado como hispanista por algunos “historiadores” de la 4T, entre ellos, Paco Ignacio Taibo II y su íntimo pupilo, Pedro Salmerón, por el hecho de incluir en nuestra historia la participación de los españoles en la cultura mestiza, la que nació de la unión de los indígenas de México con los españoles. Pero fundamentalmente se le critica, por tener una relación amistosa con el empresario antiobradorista Ricardo Salinas Pliego, pero nadie puede calificarlo de ignorante.
Para Zunzunegui, la historia de la conquista se escribió en el siglo XX luego de la revolución mexicana, y fue encomendada por Plutarco Elías Calles, jacobino y prosocialista, por eso lo maniqueo de la historia oficial: los españoles nos vencieron, sometieron y robaron. Entonces los españoles son los malos y los aztecas, los otros protagonistas, son los buenos. Para Zunzunegui, Hernán Cortés logró unificar a los pueblos sometidos por los mexicas, que eran las mayorías: tlaxcaltecas, totonacas, otomíes, cholultecas, huejotzincas y otros, y con esa unión vencieron a los aztecas. Por eso insiste, en que los mexicanos no nacimos de una derrota, la de los aztecas, sino de la unión de los pueblos indígenas sometidos por los mexicas y del triunfo sobre ellos.
Para el escritor, el mestizaje nos incluyó en el mundo actual de 600 millones de hispanohablantes, y todo lo que nos gusta de México, es precisamente lo mestizo, la fusión de las dos culturas: la charrería, gastronomía, la arquitectura colonial, el tequila. Insiste en que en el virreinato fuimos un país importante, producto del mestizaje. Fuimos en esa época la tercera economía mundial, pero luego de la independencia nos volvimos pobres.
Zunzunegui insiste en que la historia debemos abordarla con lógica y razonamiento, no con modas ideológicas. De esa manera, aborda el porfiriato, que para él fue la época de construcción y modernización de México; asimismo analiza la reforma y la revolución. Por ejemplo, se sorprende que en México se considere héroe a Francisco Villa, un bandido, asesino y violador, cuyo nombre está inscrito en las cámaras de diputados y senadores.
Leer a Juan Miguel Zunzunegui, es entrar a una historia más completa, que aborda lo sesgado de la historia oficial, y permite darnos cuenta del daño que nos causaron las lecturas parciales de Eduardo Galeano, quien nos habla en sus textos de la derrota de Tenochtitlan y de los aztecas, incluyendo todas las penurias de su derrota, sin reivindicar a la otra parte de la historia, los españoles. Galeano hizo a un lado la gran civilización que surgió del mestizaje, la mezcla entre indígenas y españoles.
La bibliografía escrita por Zunzunegui desafía a la historia oficial, una historia de derrotas que seguimos lamentando, una historia de perdedores y de mentiras pasadas que no tiene futuro, y se olvida de las bondades que nos trajo el mestizaje, que nos dio patria, idioma, religión y cultura, gracias al sincretismo entre lo hispano y lo indígena.
Zunzunegui ha tenido éxito con sus polémicos libros, en momentos que el gobierno federal se ha disfrazado de indígena, aun cuando su presidenta sea judía, comunista y de padres nacidos en Europa central, lo que significa un gran mérito, pues hay mexicanos que quieren hurgar en su origen, el que nos han ocultado con un indigenismo ramplón e hipócrita.
Política aldeana
Según las evidencias, a estas alturas Claudia Sheinbaum ha fracasado como gobernante, porque no lo es, porque continúa con el pacto que hizo su guía y benefactor, razón por lo que protege a los narcopolíticos de Morena, partido al que se ha entregado, sin tomar en cuenta al resto de los mexicanos; pero también ha fracasado como mujer, pues no tiene ninguna empatía con las buscadoras de sus seres queridos desaparecidos, ni con las víctimas de los feminicidas que diariamente asesinan por razón de género a 9 mujeres.
Para Claudia Sheinbaum solo las mujeres de Morena tienen su aceptación, mujeres que en nada se diferencian de los varones, pues han mostrado su corrupción, complicidad e ineptitud, y siguen obedeciendo a un hombre: Andrés Manuel López Obrador. Lo que viene a desmentir la frase con que tomó posesión de la presidencia: “llegamos todas”.
Digan lo que digan, el país se le está yendo de las manos a doña Claudia debido a lo irracional del endeudamiento, que duplicaron en 8 años, a la violencia, a los homicidios, desapariciones y feminicidios que no ha logrado detener, ni con las mentiras que diariamente vomita en las mañaneras.
Su errático estado anímico la ha enfrentado con el gobierno de Estados Unidos, poniendo en peligro todos los beneficios que nos ha acarreado el T-MEC, y anunciando una invasión que no se ve por ningún lado, pero hay quienes culpan a la marihuana de ser la responsable de los delirios de la encargada de la presidencia y de los duros de Morena que la aconsejan, incluidos los cubanos. Doña Claudia desafía diariamente al imperio, en aras de proteger a los narcopolíticos de Morena. Y cree -como Maduro- que el pueblo mexicano se levantará en armas si los estadounidenses vienen por ellos. Se le olvida que el obradorismo lleva 8 años polarizado a los mexicanos, pero allá ella, en su salud lo hallará.
Preguntas huérfanas
¿Sabía usted que no solo el comercio de México depende de Estados Unidos, también dependemos del gas, gasolinas y diésel que exportamos del vecino país?
¿Será verdad que Claudia Sheinbaum tuvo su principio de Peter desde que tomó posesión de la presidencia?




























