{"id":29319,"date":"2023-12-01T13:58:58","date_gmt":"2023-12-01T13:58:58","guid":{"rendered":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/?p=29319"},"modified":"2023-12-01T13:58:58","modified_gmt":"2023-12-01T13:58:58","slug":"vicente-riva-palacio-cuentos-del-general","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/2023\/12\/01\/vicente-riva-palacio-cuentos-del-general\/","title":{"rendered":"VICENTE RIVA PALACIO CUENTOS DEL GENERAL"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>Lic. Sim\u00f3n \u00c1lvarez Franco.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El n\u00famero 41 del a\u00f1o XX, de \u201c<em>La Ilustraci\u00f3n Espa\u00f1ola y Americana<\/em>\u201d (6 de noviembre de 1876) dec\u00eda: Tenemos el honor en nuestra portada de presentar la fotograf\u00eda de don Vicente Riva Palacio, uno de los hombres m\u00e1s eminentes de la Am\u00e9rica Latina, como abogado y literato, como valeroso militar y ministro de fecunda inteligencia, a quien se debe en primer lugar el notable desenvolvimiento que los progresos materiales han tenido en M\u00e9jico (sic) desde 1877, y en particular la&nbsp; construcci\u00f3n de caminos de hierro. <em>La Ilustraci\u00f3n<\/em> no olvidaba los hechos de armas del general, su quehacer pol\u00edtico, y elogiaba su obra literaria, reconocida y apreciada en el medio cultural espa\u00f1ol.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esa \u00e9poca <em>El Correo de Europa<\/em>, peri\u00f3dico de Lisboa, insert\u00f3 en sus p\u00e1ginas una biograf\u00eda de Riva Palacio, resaltando su literatura y hac\u00eda hincapi\u00e9 en otros aspectos en que se hab\u00eda distinguido como periodista, cr\u00edtico literario, cuentista, novelista e historiador y ge\u00f3grafo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por su parte, el historiador saltillense don Vito Alessio Robles en su monumental obra geohistoriogr\u00e1fica \u201c<em>Coahuila y Texas<\/em>\u201d, editada en 3 tomos en 1945 por Editorial Porr\u00faa, acude frecuentemente a consultar los comentarios de Riva Palacio, que se distinguen por lo atinado del habla corriente y pueblerina de los sujetos protagonistas de sus cuentos cortos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"450\" height=\"664\" data-id=\"29321\" src=\"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/vicente-cuentos.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-29321\" srcset=\"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/vicente-cuentos.jpg 450w, https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/vicente-cuentos-203x300.jpg 203w, https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/vicente-cuentos-285x420.jpg 285w\" sizes=\"auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"340\" height=\"327\" data-id=\"29320\" src=\"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/vicente.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-29320\" srcset=\"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/vicente.jpg 340w, https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/vicente-300x289.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 340px) 100vw, 340px\" \/><figcaption>Vicente Riva Palacio<\/figcaption><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vicente Florencio Carlos Riva Palacio Guerrero; naci\u00f3 en la Ciudad de M\u00e9xico en 1832, falleciendo en Madrid, Espa\u00f1a en 1896 en su gloriosa madurez de 62 a\u00f1os, al servicio de los intereses de nuestra patria. Su padre, el liberal Mariano Riva Palacio fue presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Naci\u00f3n y el abogado a quien eligi\u00f3 el Emperador Maximiliano I para que llevara su defensa en el juicio ante el tribunal militar que, tras la ca\u00edda del Segundo Imperio y su captura en Quer\u00e9taro, conden\u00f3 a muerte al que fue emperador.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su madre, Guadalupe Dolores Guerrero, hija mayor del presidente de M\u00e9xico, don Vicente Guerrero. El joven Riva Palacio creci\u00f3, pues, en el seno de una relevante familia liberal; curs\u00f3 sus estudios de bachiller en el Colegio de San Gregorio, obteniendo el t\u00edtulo de abogado en 1854. Un a\u00f1o despu\u00e9s apoy\u00f3 al Plan de Ayutla, habiendo sido electo secretario del Ayuntamiento de la Ciudad de M\u00e9xico y Regidor y al a\u00f1o siguiente, declin\u00f3 el nombramiento que don Benito Ju\u00e1rez le ofreci\u00f3 del ministerio de Hacienda y continu\u00f3 con sus labores period\u00edsticas y literarias, cabe mencionar que los jocosos versos que el pueblo adopt\u00f3 de su poemita \u201cAdios mam\u00e1 Carlota\u201d se hizo una canci\u00f3n que aun hoy se recuerda con agrado.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante el mandato que le concedi\u00f3 el general Jos\u00e9 Mar\u00eda Arteaga fue gobernador del estado de Michoac\u00e1n y posteriormente del Estado de M\u00e9xico, y debe ser recordado como el autor de la monumental obra \u201cM\u00e9xico a Trav\u00e9s de los Siglos\u201d que dio a conocer ante el mundo las caracter\u00edsticas de nuestro pa\u00eds, y que deber\u00eda ser obligatorio leer para todo mexicano que evoque y quiera a esta patria nuestra que ha sufrido tantos maltratos para llegar a ser una gran naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por si fuera poco, Vicente Riva Palacio con sus propios recursos arm\u00f3 y comand\u00f3 un peque\u00f1o ej\u00e9rcito que fue en auxilio de la toma de Puebla por el general Ignacio Zaragoza, coahuilense distinguido a quien se debe la frase ante don Benito; \u201cLas armas nacionales se han cubierto de gloria\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1865, Riva Palacio har\u00eda prisioneros a los belgas que sitiaban la ciudad de Morelia, entre ellos a los generales Leonardo M\u00e1rquez y al capit\u00e1n Waldemaro Becker, y en lugar de fusilarlos como estaba autorizado para hacerlo, caballerosamente les liber\u00f3,&nbsp; el Mariscal Bazaine acept\u00f3 este hecho y trat\u00f3 de igual a igual a Riva Palacio, d\u00e1ndole el tratamiento no de guerrillero sino de Comandante.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1870 publica entre varias novelas \u201cEl <em>Libro<\/em> Rojo\u201d, \u201c<em>Hogueras, horcas, pat\u00edbulos y suicidios<\/em>\u201d, y en colaboraci\u00f3n con Manuel Payno una obra hist\u00f3rica: <em>\u201cSingulares y<\/em> <em>Extra\u00f1os acaecidos en M\u00e9xico durante las guerras civiles y extranjeras<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el mismo a\u00f1o de 1870 acepta ser representante de nuestro pa\u00eds en Espa\u00f1a, siendo un representante muy estimado por su amplia cultura y don de gentes. Nos dej\u00f3 varios libros de poes\u00eda como \u201c<em>Memorias de<\/em> <em>mi viaje en trineo<\/em>\u201d, y los de sonetos \u201c<em>Noches en el Escorial<\/em>\u201d y \u201c<em>La Catedral en&nbsp; Toledo\u201d, <\/em>y muchos m\u00e1s que por falta de espacio no mencionamos, pero valen la pena leerlos y conservarlos como ejemplares de nuestra literatura&nbsp; del siglo XVIII.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A modo de ejemplo veamos uno s\u00f3lo de sus cuentos cortos:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cLA BESTIA HUMANA\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No en Par\u00eds, en toda Francia era imposible encontrar un coraz\u00f3n m\u00e1s limpio y un car\u00e1cter m\u00e1s dulce que el del se\u00f1or Ram\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquel pantal\u00f3n azul p\u00e1lido; aquella levita color de casta\u00f1a, descolorida por los a\u00f1os y abotonada a todas horas, pero dejando ver el cuello y los pu\u00f1os de la camisa irreprochablemente limpios y brillantes siempre, envolv\u00edan el compendio m\u00e1s perfecto de la bondad y de la mansedumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde el director de la compa\u00f1\u00eda, desde el empresario hasta el \u00faltimo de los tramoyistas del teatro de la Gait\u00e9, adonde ten\u00eda un empleo, todos le llamaban pap\u00e1 Ram\u00f3n y ni hubo superior que tuviera motivo de re\u00f1irle ni compa\u00f1ero a quien diese ocasi\u00f3n de disgusto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pap\u00e1 Ram\u00f3n viv\u00eda para servir a los dem\u00e1s, y a pesar de sus cincuenta y cinco a\u00f1os y de su exterior endeble, porque era de peque\u00f1a estatura, ten\u00eda resistencia para trabajar todo el d\u00eda, y no contaba ni con hora fija siquiera para almorzar; pero en la noche, cuando terminaba la funci\u00f3n, pap\u00e1 Ram\u00f3n recobraba su autonom\u00eda y comenzaba a pertenecerse a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todas las noches, y era ya costumbre inveterada, al salir del teatro entraba&nbsp; en un modesto pero aseado restaurant, ocupaba siempre la&nbsp; misma mesa, a la derecha de la puerta de entrada, y all\u00ed, instal\u00e1ndose c\u00f3modamente, sacaba del bolsillo <em>El F\u00edgaro <\/em>del d\u00eda, y comenzaba la lectura, en tanto que el criado, que conoc\u00eda el invariable gusto de pap\u00e1 Ram\u00f3n, despu\u00e9s de darle las buenas noches , iba colocando unos tras otros los platos que constitu\u00edan aquella cena cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pap\u00e1 Ram\u00f3n no abandonaba el peri\u00f3dico; Le\u00eda mientras estaba comiendo, o mejor dicho, com\u00eda instintivamente. Mientras que saboreaba la lectura.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como el restaurant estaba cerca del teatro, y la calle era de tr\u00e1nsito para el espect\u00e1culo, y todo el mundo sab\u00eda cu\u00e1l era el restaurant de pap\u00e1 Ram\u00f3n, y a qu\u00e9 hora indefectiblemente estaba all\u00ed, muchas veces asomaban por la puerta, y como espiando, ya un rostro varonil, ya un grupo de cabecitas de mujer. Envueltas en sus abrigos, que dec\u00edan:&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211;Buenas noches pap\u00e1 Ram\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211;Buena salud, pap\u00e1 Ram\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211;Que aproveche.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y desaparec\u00edan en seguida.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pap\u00e1 Ram\u00f3n bajaba el peri\u00f3dico y volv\u00eda la cabeza; sus ojos brillaban con una luz de satisfacci\u00f3n, y en todo su rostro se pintaba la alegr\u00eda. Porque aquello era la felicidad para \u00e9l. Ten\u00eda mucho cari\u00f1o para todos, y sent\u00eda un verdadero placer con cualquiera muestra de buena correspondencia. Pap\u00e1 Ram\u00f3n realmente era bueno, y nada de aquello por su parte era forzado ni singular.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; * *&nbsp; *<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, en una de las mesas cercanas a la<\/p>\n\n\n\n<p>que ocupaba pap\u00e1 Ram\u00f3n com\u00edan tres personas: tres j\u00f3venes; de ellos, el que parec\u00eda el principal, representaba unos treinta a\u00f1os: alto, membrudo, el pecho levantado, ancha la espalda, la cabellera negra y rizada, levant\u00e1ndose sobre las sienes para atr\u00e1s; un bigote negro y unos labios gruesos le daban todo el aspecto, aun cuando iba cuidadosamente vestido de etiqueta, de ser&nbsp; uno de esos hombres que &nbsp;se llaman artistas y en los teatros de tercer orden, o en las ferias de los pueblos, se exhiben haciendo ejercicios de fuerza, rompiendo cadenas, dobl\u00e1ndose barras de hierro sobre el brazo, o jugando con balas de ca\u00f1\u00f3n; adem\u00e1s se conoc\u00eda una educaci\u00f3n poco esmerada; re\u00eda brutalmente; hablaba alto, dec\u00eda palabras inconvenientes; re\u00f1\u00eda por todo a los criados y encontraba malo todo cuanto le presentaban, lo mismo el vino que la comida. Sus compa\u00f1eros, que eran una especie de par\u00e1sitos o aduladores, le llamaban familiarmente Armando. Escuchaban con atenci\u00f3n todas sus tonter\u00edas, y celebraban todos sus chistes de mal gusto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Debi\u00f3 llamarles la atenci\u00f3n el vecino que le\u00eda tranquilamente El <em>F\u00edgaro<\/em>, porque le miraban<em>, <\/em>cuchicheaban<em> y se <\/em>re\u00edan<em> ev<\/em>identemente de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, llegaron hasta la hora que pap\u00e1 Ram\u00f3n tomaba su caf\u00e9; el H\u00e9rcules, quiz\u00e1s excitado porque hab\u00eda comido fuerte, tom\u00f3 un peque\u00f1o pedazo de pan, y procurando disimular el movimiento, lo lanz\u00f3 sobre pap\u00e1 Ram\u00f3n. \u00c9ste pareci\u00f3 no haberlo notado, pas\u00f3 un rato, y los compa\u00f1eros de Armando, alentados por el ejemplo com\u00fan, comenzaron a tirar a pap\u00e1 Ram\u00f3n bolitas de miga o fragmentos de c\u00e1scara de nuez. El primer<\/p>\n\n\n\n<p>proyectil que rod\u00f3 sobre el peri\u00f3dico hizo levantar la cabeza a pap\u00e1 Ram\u00f3n, que, no comprendiendo qu\u00e9 era aquello, supuso, sin duda, una piedrecilla desprendida del techo. Cuando ya se hizo cargo de que alguien le tiraba, volvi\u00f3 el rostro creyendo encontrar la alegre cara de un amigo que trataba de llamar su atenci\u00f3n. No se incomod\u00f3, pero procur\u00f3 llamare la atenci\u00f3n con la confianza del cari\u00f1o, se encontr\u00f3 nom\u00e1s con aquellos tres comensales que agachaban las cabezas, re\u00edan burlonamente y lo miraban de soslayo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces reconoci\u00f3 pap\u00e1 Ram\u00f3n que era v\u00edctima de aquellos hombres sin duda. No si incomod\u00f3, pero procur\u00f3 terminar cuanto antes para retirarse.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A grandes sorbos apur\u00f3 la taza de caf\u00e9; dobl\u00f3 la servilleta, la meti\u00f3 en el anillo de metal, y luego<\/p>\n\n\n\n<p>enclav\u00f3 en anillo en el gollete de su botella de vino. Pleg\u00f3 cuidadosamente el peri\u00f3dico, y m\u00e1s bien como como quien escapa de las travesuras de unos ni\u00f1os que como quien se separa disgustado y huyendo de gentes de mala educaci\u00f3n, se preparaba ya a tomar su sombrero, cuando el h\u00e9rcules, alentado sin duda por aquella retirada, lanz\u00f3 una nuez, que por la combinaci\u00f3n de los movimientos de pap\u00e1 Ram\u00f3n lleg\u00f3 a herirle en la boca y le hizo brotar sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces pas\u00f3 una cosa terrible. y con una rapidez, con una energ\u00eda y con un acierto que nadie podr\u00eda esperar Pap\u00e1 Ram\u00f3n, cogi\u00f3 la botella de vino y la arroj\u00f3 con toda su fuerza, La botella fue a estrellarse en la frente de Armando, ba\u00f1\u00e1ndole el rostro y el pecho, primero de vino y despu\u00e9s de sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Derribando la mesa el h\u00e9rcules, ciego y vacilante por el dolor, por la ira, y quiz\u00e1 por la conmoci\u00f3n cerebral, y con las manos crispadas, se levant\u00f3, pero antes de que hubiera podido avanzar, ya pap\u00e1 Ram\u00f3n, l\u00edvido, desencajado, con un reflejo verde y brillante en los ojos y con la respiraci\u00f3n agitada, estaba delante de \u00e9l, y como sirvi\u00e9ndose de una maza de esos sifones que contienen aguas gaseosas, descarg\u00f3 un segundo golpe, todav\u00eda, m\u00e1s terrible, sobre la cabeza de Armando .&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El hombre lanz\u00f3 un grito sordo; bati\u00f3 el aire con los brazos y cay\u00f3 de espaldas. Pero como si su cuerpo hubiera ejercido una atracci\u00f3n irresistible sobre pap\u00e1 Ram\u00f3n, se arroj\u00f3 \u00e9ste tambi\u00e9n instant\u00e1neamente sobre su enemigo, y comenz\u00f3 a golpearle con furor en la cabeza, en la cara, en el pecho, con los pedazos de cristal, con los fragmentos de la porcelana, con todo lo que pod\u00eda encontrar. El h\u00e9rcules tuvo al principio algunos movimientos convulsivos, y despu\u00e9s qued\u00f3 inerte; mientras, pap\u00e1 Ram\u00f3n segu\u00eda golpeando, hiriendo, destrozando; bramaba, rug\u00eda, silbaba como la serpiente; ya no era un hombre. Pap\u00e1 Ram\u00f3n hab\u00eda desaparecido; era un tigre sediento de sangre; era un gorila feroz, encarnizado; era el ni\u00f1o que goza en hacer pedazos el m\u00e1s preciado de sus juguetes.<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todas esas capas de barniz que en mil generaciones han ido colocando como estratificaci\u00f3n, y a fuerza de a\u00f1os, para formar una envoltura dentro de cual pueda <\/em>vivir oculta e inofensiva la<em> bestia humana<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>en el siglo XIX, se hicieron pedazos en menos de cinco minutos terribles. Y hab\u00eda surgido la <em>fiera humana<\/em>&nbsp;&nbsp; hab\u00eda surgido <em>la fiera<\/em> que duerme olvidada en cada uno de los hombres; que oculta su vida latente quiz\u00e1s en lo m\u00e1s profundo y misterioso de las circunvoluciones cerebrales, y que muchas veces se yergue y se asoma terrible; prestando a los m\u00fasculos fuerza y elasticidad, al cerebro, sus instintos y sus v\u00e9rtigos salvajes, y a todo el organismo, sus energ\u00edas y sus paroxismos incomprensibles.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La se\u00f1ora del <em>comptoir<\/em> gritaba, los amigos de Armando, aterrados, pegados al muro, no se hab\u00edan atrevido a moverse; la polic\u00eda no tard\u00f3, y su primer intento fue separar a pap\u00e1 Ram\u00f3n de la cara de su enemigo; per cost\u00f3 enorme trabajo y cuando le arrancaron de all\u00ed, levant\u00f3 entre sus crispadas manos sangrientos mechones de pelo de su adversario. El h\u00e9rcules estaba muerto, con uno de los cristales le hab\u00eda dividido pap\u00e1 Ram\u00f3n la yugular; La cara era una masa informe de sangre, de carne, de pedazos de cristal y de fragmentos de porcelana.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;*&nbsp; *&nbsp; *<\/p>\n\n\n\n<p>Pap\u00e1 Ram\u00f3n&nbsp; todav\u00eda entre los brazos de los gendarmes, pugnaba por lanzarse sobre su enemigo; pero repentinamente&nbsp; ech\u00f3 la cabeza tr\u00e9mula y confusa, hacia atr\u00e1s; sus ojos se abrieron espantosamente y como si fueran a salirse de las \u00f3rbitas; torci\u00f3se su boca, haciendo una mueca horrible; lanz\u00f3 un grito estridente, y se desplom\u00f3, rebotando en el pavimento su cabeza, pero al caer saltaron los botones de la levita, y escapando de los bolsillos del pecho, sin una mancha de sangre y, cuidadosamente doblado, qued\u00f3 sobre el brazo del cad\u00e1ver el peri\u00f3dico que diez minutos antes le\u00eda con tanta tranquilidad y tanto gusto el pobre pap\u00e1 Ram\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1.- Cuentos del General. Vicente Riva Palacio <br>Colecci\u00f3n \u201cSepan Cuantos\u201dente Riva Palacio, 2023 N\u00fam. 101<\/p>\n\n\n\n<p>2.- Elena Fern\u00e1ndez <br>Biograf\u00eda del Gral. Vicente Riva Palacio, 2023<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lic. Sim\u00f3n \u00c1lvarez Franco. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El n\u00famero 41 del a\u00f1o XX, de \u201cLa Ilustraci\u00f3n Espa\u00f1ola y Americana\u201d (6 de noviembre de 1876) dec\u00eda: Tenemos el honor en nuestra portada de presentar la fotograf\u00eda de don Vicente Riva Palacio, uno de los hombres m\u00e1s eminentes de la Am\u00e9rica Latina, como abogado y literato, como valeroso militar [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":47,"featured_media":29320,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[350],"tags":[],"class_list":["post-29319","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-1-de-diciembre-de-2023-ed-460"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29319","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/users\/47"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=29319"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29319\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29322,"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29319\/revisions\/29322"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/media\/29320"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=29319"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=29319"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elperiodicodesaltillo.com\/wp\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=29319"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}