Luis Fernando Hernández González.
“Ante el abandono de compromiso nacional, surge el fortalecimiento de gobiernos estatales y locales que asumen frente a la ciudadanía responsabilidades inmediatas en la conducción social que demanda la realidad imperante”
Hoy en día analistas, politólogos, sociólogos e historiadores se preguntan en México en donde anda la ciudadanía, cuando se ve claramente la ausencia de liderazgos nacionales en partidos políticos de todo signo ideológico y color, como de igual forma en las mismas organizaciones civiles que no dan muestra de configurar a personajes que con actitud contestataria, sean capaces de dar respuesta a los planteamientos que muestra el grupo político en el poder de la nación
A medida que el país transitó de un régimen dominante a uno más democrático se busca de manera ineludible la participación socio-política de mayores y mejores criterios que vengan a dar fortaleza a nuevos esquemas y contextos que den sentido a cambios que el ciudadano aprecie y reciba sus resultados de avance, es decir, qué tanto los esquemas políticos y sociales habrán de contribuir contribuido a ampliar la noción de ciudadanía, no solo desde el punto de vista formal y legal, sino desde la apropiación individual y colectiva de valores y prácticas que den sentido a una elevación de la participación social con el único fin de fortalecer una mejor democracia que de respuesta y servicio a los ciudadanos.
Es así como los distintos medios de comunicación nacional e internacional asumen un sentido opinante ante algunas decisiones de gobierno, lo mismo que hacen amplios sectores de ciudadanos en las redes sociales electrónicas, apreciaciones de opinión que se ven censuradas por el poder, acompañadas de insultos y denostaciones graves que ponen en riesgo tanto a medios como personas, advirtió por parte de la Sociedad Interamericana de Prensa que el sesgo autoritario, ideológico y despectivo con el que López Obrador ataca a los medios puede motivar agresiones físicas contra las empresas de comunicación y periodistas.
Con ello nos damos cuenta que los distintos conceptos de democracia ante los actuales momentos del pais es indispensable implementar dentro de la adquisición de derechos y obligaciones en el ejercicio de la libertad individual y colectiva que reclama la coexistencia social del pais dentro del contexto de la vida política.
Y no importa que sea una democracia directa, representativa, deliberativa o participativa; cualquiera de éstas necesita de la participación de la gente, apuntan analistas y juristas, agregando que en sus diferentes alcances y connotaciones sus efectos se distinguen unos de otros , en la primera, para tomar decisiones y llegar a acuerdos; en la segunda, para formar los órganos de gobierno y elegir a nuestros representantes; en la democracia deliberativa, porque es la forma en que los ciudadanos se hacen escuchar en la toma de decisiones públicas; y en la última, para concurrir con el gobierno en la elaboración y evaluación de políticas públicas. Por tanto, sea el tipo de democracia que sea, lo cierto es que necesitamos de la participación de los ciudadanos para que el gobierno tenga razón de ser y se convierta verdaderamente en el gobierno del pueblo y de los ciudadanos.
Los fenómenos sociales derivados del cambio político generado a partir de la elección de 2018, hoy vemos que día con día, se van alejando de los sentimientos concertados en ella, en una población que se puede decir sufre de la desilusión, pues a un gran número de mexicanos se les da por traer imágenes de propuestas que para ellos, resultaron tentadoras e innovadoras cuando se buscó generar pactos y compromisos sociales de mayor claridad y visión, tanto de la vida pública institucional, como en los alcances de justicia social que las mismas propuestas de aquel entonces se demandaban como urgencia materializar.
Hoy cuando el destino nos alcanza diría el clásico y la crisis multidimensional hace de nuestro país su mejor presa, sus efectos los percibimos de manera clara y tajante, ante hechos como la pandemia sanitaria que nos envuelve y la falta de respaldo en su atención en entidades y municipios ; la crisis económica recesiva que al país no le permite despegar, al ver sus efectos laborarles que agobian a la fuerza trabajadora y limitan sus ingresos personales y familiares; agreguemos los fenómenos de inseguridad que hacen el enseñoramiento de los grupos criminales para ejecutar acciones de dadivas alimentarias en poblaciones enteramente vulnerables donde sin recato alguno de su presencia pública ante un estado inerme; sumemos a ello, aquello que busca la violación constitucional y la ineficiencia al estado de derecho como se han dado diferentes episodios de la vida pública con la carencia de la gobernabilidad y el acuerdo a la renovación del pacto federal que ahora resulta urgente ante todos los fenómenos de la sociedad, la política y la economía nacional, además de la misma globalidad .
Vemos con calamidad la nula presencia de una sociedad que lejos de permanecer activa y demandante, se comporta de manera pasiva, conformista, sorprendida, callada e inanimada, lejana a sus aspiraciones de modernización, de eficiencia en el actuar de la vida pública, organizada para mayores retos, que se demuestren en una auténtica y responsable participación democrática con exigencias en la que se visualice una madurez de la responsabilidad pública y de un estado promotor de una mejor calidad de vida con bienestar para la población.
Una sociedad de mayor y mejor cultura, demandante de resultados, evitando simulaciones y perversidades del quehacer público como ahora sucede en el actuar del gobierno que señala el ataque a la corrupción y el servicio público en favor del al pueblo con una sospechosa austeridad que no refleja resultados medibles a las necesidades sociales .
Los hechos y los números no mienten, cuando las cifras en lugar de crecer decrecen; las actividades que deben de ser positivas se tornan en resultados negativos; y a la inversa las cifras negativas en lugar de decrecer muestran sus efectos demoledores y el ejemp0lo lo vemos en la salud , la economía, la política, la seguridad; en la misma dispersión social donde la autoridad estimula el enfrentamiento y nulifica la cohesión social; además en la creciente pérdida de confianza en aquellos funcionarios que no dan resultados a sus responsabilidad publicas recibida, generando en lo que en otros sitios se denomina estado fallido.