Estamos en el umbral de la III Guerra Mundial

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Jesús M. Moreno Mejía.

En medio de las armas,
la cordura desaparece.
Parafraseando a
Marco Tulio Cicerón.

            El conflicto bélico originado por Israel al atacar a Irán con la finalidad de desaparecer una importante instalación nuclear y dar muerte a los altos oficiales de su vecino país, a cambio recibió una andanada de misiles en territorio israelí, desatándose así una nueva guerra regional y extenderse luego a una confrontación mayor, al participar también los estadounidenses en la batalla mediante el bombardeo a otras plantas nucleares iraníes y con ello abrir la posibilidad de una guerra nuclear.

La amenaza de que se extienda esa lucha a nivel global, significa estar en el umbral de la III Guerra Mundial, por la posible participación de otras naciones en ese conflicto bélico que no tiene un sustento firme para existir, salvo intereses ocultos de expansión territorial, como ocurre en Palestina.

Lo peor del caso es que existe desinformación a nivel mundial de lo que realmente ocurre en Medio Oriente, pues está cargada de mentiras, tanto de parte de los involucrados como de las naciones satélites que dan a conocer los hechos desde la perspectiva que mejor les conviene.

Lo anterior lo podemos ejemplificar con las frecuentes declaraciones contradictorias del presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, quien primero dice estar pensando si su gobierno intervendría o no en el caso Israel-Irán, pero pocas horas después ordena el bombardeo a tres instalaciones nucleares en Irán: Natanz, Isfahan y Fordow, asegurando que todas fueron totalmente destruidas.

Sin embargo, voceros iraníes opinaron lo contrario, al afirmar que los daños recibidos en el bombardeo fueron mínimos, a la vez que lanzan misiles balísticos a varias bases aéreas norteamericanas en Iraq y Qatar, así como amenazar cerrar el estrecho de Ormuz, paso estratégico del Golfo Pérsico, en represalia por el ataque aéreo de la madrugada del domingo 22 de junio.

Hasta aquí la narrativa del inicio del conflicto bélico que no sabemos cómo vaya a continuar, pues diariamente cambia lo que va a ocurrir después de ser redactada esta colaboración, pero queremos darles a conocer lo que sucedería en caso de una guerra nuclear, que nadie en el mundo desea.

Hipótesis de un ataque nuclear contra Irán

En el hipotético caso de un ataque nuclear o convencional contra el programa nuclear de Irán, las consecuencias serían mayores e intensas que las ocurridas con la contaminación por accidente de Chernóbil, en 1986 al norte de Ucrania, cerca de la frontera de Bielorrusia.

Irán no posee una única planta nuclear pues son varias, y se supone que están destinadas a usos pacíficos, si bien hay quienes creen que no es así; además tienen unidades de almacenamiento de desechos radioactivos, que al ser destruidas crearían una nube radioactiva, que bien podría afectar varias naciones al contaminarse los vientos monzónicos.

En tal caso se vería afectada por una intensa radiación una amplia zona del Océano Índico, que llegaría a poblaciones densamente pobladas, tales como Bombay, Dahka, Chenai, Colombo y Ragun, ubicadas entre India y Birmania (hoy Myanmar), y toda la península arábiga resultaría afectada, incluyendo la principal producción petrolera del mundo. Por otra parte, el impacto climático es imprevisible, dada la cantidad de cenizas y polvo que podría levantarse en caso del hipotético ataque nuclear a dichas plantas nucleares iraníes.

Sin embargo, cálculos realizados en vida por el escritor y científico, Carl Sagan, así como por otros investigadores, vendrían radicales cambios ambientales, tales como una lluvia radiactiva, radiaciones ultravioleta y un invierno nuclear.

En el primer caso, en las primeras 48 horas se produciría la inevitable lluvia radiactiva, que acabaría con el 50 % de los adultos sanos y un 30 % de la mayoría de quienes habitan las tierras del hemisferio norte del planeta, lo cual implica un alto nivel de envenenamiento radiactivo.

Los óxidos de nitrógeno lanzados a la atmósfera, a manera de bolas de fuego, destruirían un 50 % de la capa de ozono, por lo que la radiación ultravioleta del Sol acabaría matando a los pocos seres vivos que sobrevivan al oscurecimiento nuclear.

Sobrevendría además un invierno nuclear, que se asemejaría a una glaciación repentina de consecuencias catastróficas para todos los seres vivos, pues la temperatura global bajaría de manera drástica en pocos días, desde una modesta temperatura de 10° C, en el mejor de los casos, hasta -50° C en el más severo de los casos. En síntesis, una catástrofe apocalíptica.

¡Hasta la próxima!