Nuestros políticos mexicanos se consideran una “confraternidad”

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Jesús M. Moreno Mejía.

“Hoy por mí,
mañana por ti”.
Anónimo.

            Comenzaremos por aclarar que la palabra confraternidad se refiere a un grupo de personas que cultivan la amistad, la solidaridad y la reciprocidad de manera real y sincera, en materia religiosa, filosófica o de cualquier otra índole, con la salvedad de que en la vida actual domina el pragmatismo en la sociedad y en consecuencia no siempre se cumplen los requisitos de la franqueza y la autenticidad.

Si bien los políticos mexicanos pertenecen a partidos que se supone tienen un ideal común, diferente e incluso contrario al de otros grupos, todos pretenden detentar el poder en el gobierno, pero al no verse cumplidos sus pretensiones en el grupo original, cambian de bandera política a fin de lograr lo que se proponen.

Popularmente, a quien cambian de estafeta, el pueblo los señala como “chapulines”, pues habiendo estado en un partido X, “saltan” a otro y luego a otro, y casi siempre llegan a ser aceptados por sus opositores por razones prácticas (por el buen manejo de masas populares y porque ello, representa un mayor número de votos en los procesos electorales, pero también cuando en el Congreso de la Unión se requiere de un legislador que decida una propuesta dividida).

Sin embargo, lo que ahora nos mueve a comentar es la protección que dan algunos políticos a los que pertenecen a otro partido, dándose un trato de amigos de siempre, como es el caso de los ex mandatarios Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto.

Todo parece indicar que existió un pacto de impunidad entre ambos, ya que durante el sexenio de López Obrador, éste nunca se abstuvo de hacer señalamiento alguno a su antecesor Peña Nieto, pero en cambio se hicieron en contra de otros mandatarios que tenían bastantes temas que mencionar.

A la presidenta Claudia Sheinbaum se le pidió su punto de vista sobre el presunto pacto de impunidad entre AMLO y Peña Nieto, y por respuesta consideró que no existió tal acuerdo, al menos hasta donde ella sabía, pero que si hubo denuncias en contra de Peña, radicadas en la Fiscalía General de la República (FGR).

Estando presente en la conferencia de prensa el titular de ese órgano autónomo, Alejandro Gerz Manero, afirmó que existían varias carpetas de investigación en contra del ex presidente Peña Nieto, incluyendo una por los presuntos sobornos que recibió de empresarios israelíes, que vendieron el software “Pegasus” al gobierno de México.

Añadió que fueron varias las denuncias que se recibieron, pero que en ningún caso han sido corroboradas con pruebas suficientes, “todas ellas siguen abiertas -aseguró-, por si se presentan documentos fehacientes a fin de seguirles el caso”.

Es claro que hay encubrimiento entre los mandatarios mencionados e incluyendo al titular de la fiscalía.

La presidenta Sheinbaum recordó en esa conferencia de prensa, que incluso hubo una consulta pública para saber si debían ser juzgados los expresidentes de la nación, “pero no alcanzó el número de votos necesarios para dar por válido el dictamen”.

Entre políticos sí existe el encubrimiento, como si pertenecieran a una confraternidad, independientemente de la aparente lucha que se da entre un partido y otro, pues en los corrillos de café se comenta ampliamente sobre el por qué no se procede en contra de malos servidores de todos los niveles, a pesar de existir pruebas para procesarlos.

Ejemplo los hay, y son muchos, como sería el caso del líder del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, quien a pesar de haber sido exhibido por la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, dedicándole un programa semanal demostrando que era un pillo, al final nada se hizo en su contra y él sigue al frente del Revolucionario Institucional a nivel nacional.

La protección entre gobernadores en Coahuila es otro ejemplo, sobre todo porque se dio entre los hermanos Moreira (Humberto y Rubén), para luego continuar con sus predecesores.

Esa modalidad política se da con cierta frecuencia, salvo otros casos en que salen a relucir feroces acusaciones, pero sin llegar la sangre al río, como ocurrió entre gobernantes post revolucionarios, comenzando con el doble asesinato de Francisco I. Madero y Pino Suárez, y posteriormente con Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.

¡Hasta la próxima!