Rufino Rodríguez Garza.
Para poder hacer una visita a este cuerpo de agua, primero tenemos que ubicar el ejido Pelillal, se tiene que solicitar permiso al Comisariado Ejidal para que dé su venia y también si se puede aportar algunos quintos para el beneficio del ejido; allí le indicarán como llegar a la presa.
En este lugar hay excelentes puntos para levantar un campamento o “pivotear” desde la arboleda de huizaches y encaminarse rumbo a la cortina, donde de ambos lados de la presa (cortina) se pueden observar los magníficos y a la vez enigmáticos grabados, donde nuestros antepasados dejaron mensajes extraños que se han preservado en el tiempo, y donde poco a poco a través del estudio de diversas ciencias y materias se han ido “traduciendo” sobre lo que trataban de expresar.

La pequeña arboleda que genera el huizache, que pertenece a la resistente familia de las acacias, es la única sombra de toda esta región.
Cuando la presa tiene agua, se pueden apreciar aves migratorias de diferentes especies, también se observa ganado vacuno, caballos y uno que otro burro.
Es una delicia acampar por estos lares, que son un pulmón en medio del desierto. La presa se viste de verde cada vez que llueve, inclusive es fácil ver las ranas que van apareciendo en el amplio vaso de la presa.
En la parte oriente de este depósito de agua existe otra arboleda casi extinta, pues la gente del ejido tumbó los árboles para usar los postes como cercas.
La presa cuenta con un vertedero y cuando tiene agua se aprovecha para regar unas minúsculas parcelas donde se siembran pasturas.
Caminando desde la Loma de la Cal se ven no pocas labores donde se siembra maíz y pasturas; para evitar que se meta el ganado los vecinos han colocado cercas de 4 hilos.
Los paseantes pueden subir a la loma que se interrumpe por la cortina de esta modesta presa, no para practicar rapel, sino para hacer ejercicio. Esta loma es de una gran longitud; se prolonga por varios kilómetros donde podemos observar infinidad, si “infinidad” de grabados que nos remontan a épocas pretéritas, muchos de ellos de varios miles de años.
Aquí los cazadores-recolectores nos dejaron cientos de grabados entre los que podemos identificar representaciones de fauna. Se puede apreciar la evolución de las representaciones de las astas del venado; de igual forma podemos ver astas de elaboración modesta, por la elaboración denotan que son muy antiguas; con el paso del tiempo el estilo de representar a las mismas se fue modificando dando por resultado final un trazo muy estilizado de las astas.
Los grabados de Presa Pantalones nos dan una buena idea de las armas con las que contaban y que utilizaban los cazadores-recolectores en esas épocas: el Átlat’l nos da una pauta para decir que ese artilugio utilizado para lanzar a gran distancia dardos y azagayas y el cual fue usado por muchos años, siendo desplazado posteriormente por el temible arco y flecha.
Este cambio de arma representó toda una revolución en los objetos utilitarios de la caza; estudios de especialistas nos dan algunas pistas para saber que la antigüedad del arco y flecha lleva alrededor de solo 1500 años de descubierto (Campell Grant).
Otra herramienta para caza y defensa es la navaja enmangada, donde el pedernal ya tallado se unía a un maneral de madera creando así esta eficaz arma. Se puede agregar que la unión con el maneral se llevaba a cabo con un resistente pegamento natural donde se utilizaba resina de mezquite mezclado con ceniza y agua.
Otro elemento que está suficientemente representado son los proyectiles o flechas las cuales se utilizaban en las lanzas, forma para defensa o ataque o para campañas de cacería de los antiguos habitantes del Semidesierto Mexicano.
Este sitio nos traerá, conforme se abra a la investigación, muchísimas cosas interesantes que nos ayudarán a comprender quienes eran, que hacían, como vivían los cazadores-recolectores de la región.






































