Jorge Arturo Estrada García.
“La revolución mexicana fue la revolución perfecta,
pues al rico lo hizo pobre, al pobre lo hizo pendejo,
al pendejo lo hizo político y al político lo hizo rico”.
Adolfo López Mateos.
“Cruce de superhombre y bufón, el caudillo hace y deshace
a su antojo, inspirado por Dios o por una ideología
en la que casi siempre se confunden el socialismo y el fascismo”.
Mario Vargas Llosa.
La clase política mexicana apesta. En 2018, los ciudadanos, expulsaron del poder al PRI y al PAN. Con 30 millones de votos, ellos instalaron a Andrés Manuel y a Morena en el Palacio Nacional. A golpe de apotegmas, y con López Obrador, por más de una década, recorriendo el país, los mensajes fueron conquistando lugares en las mentes. Él estuvo, permanentemente, alentando, la indignación ciudadana ante los errores, omisiones y excesos de los partidos que lo antecedieron en la Silla del Águila. Así, llegó y estableció: “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo”. Sin embargo, esas frases fueron palabras sin sustento en la gestión del caudillo tabasqueño.

Es evidente, en la actualidad, que la Cuarta Transformación ya se siente cómoda navegando entre la corrupción y en las mentiras. Así, a lo largo y ancho del país surgen, cotidianamente, escándalos de irregularidades en el manejo de los recursos públicos. Al mismo tiempo, se revelan enormes propiedades y lujosos trenes de vida de muchas figuras que llegaron bajo el manto de “No somos iguales”.
El morenismo, en el ejercicio del poder, rápidamente ha llevado a situaciones difíciles a México. La incapacidad para gobernar este enorme país ha sido más que evidente. Las ambiciones, del Tlatoani, llegaron hasta la destrucción de la democracia y del estado de derecho. Su legado, tóxico, incluye a la inseguridad que controla enormes territorios, la pésima gestión de la pandemia, y los cientos de miles de desaparecidos y homicidios.
En el sexenio anterior, Andrés Manuel, permitió que sus aliados políticos y mecenas, se despacharan con la cuchara grande desde sus cargos, encargos y negocios, que les correspondieron por sus aportaciones al proyecto obradorista. De esta forma, no es de extrañar, que luego de casi siete años en el poder, los escándalos de corrupción de morenistas estallen con frecuencia. De manera consistente.
Desde la soberbia, del poderío que les brinda el éxito del proyecto de poder de AMLO, los morenistas destacan cada día más por sus escándalos, desplantes e incapacidades, que demuestran cotidianamente desde los cargos públicos y los negocios privados.
Este proyecto de poder ha sido estructurado para durar décadas. Se ha ido ajustando a las medidas del caudillo. Desde su Plan C, logró las reformas necesarias para construir un estado autoritario. Inscribiendo sus deseos en la Constitución y las leyes, recolectando a una serie de traidores por el camino. Son los “Villanos Heredados”, encumbrados por el tabasqueño con permisos para la impunidad y enriquecerse. La traición se convirtió en el arma más sólida para conquistar objetivos políticos y económicos.
Los nuevos aliados, se comportaron como corsarios, que usaron sus patentes de corso para engrosar fortunas. Así, desde la izquierda profunda del morenismo, los que aportaron ideología y trabajo intenso, no fortunas ni cash, demandan la expulsión de “los villanos”.
Es evidente que no hubo un cambio cultural. Lo que se buscaba era el poder, aunque se vendiera el alma al diablo. Así, López Obrador, usó el rencor incubado por décadas en grandes sectores de la población empobrecida sin esperanza. Que presenciaba cómo la clase política de todos niveles se enriquecían, mientras ellos vivían en la desesperanza. Este rencor popular destronó al PRIAN; el de las incapacidades panistas, priistas y de los gobernadores corruptos.
Luego de siete años en el Palacio Nacional, las cosas no mejoran. Los pobres siguen siendo mayoría. Incluso, la clase media requiere de las becas del Bienestar para completar sus gastos y deudas. En eso también fue exitoso el proyecto obradorista. Nos volvió dependientes de ese dinero que llega a 30 millones de familias mexicanas.
Los gobiernos morenistas no están a la altura de las expectativas. Fracasaron en dar resultados positivos. El país está en crisis. Hasta la deuda externa amenaza en convertirse en incontrolable. Ya se habla de imprimir más billetes para sostener el gasto gubernamental. El empleo formal no crece y la informalidad aumenta.
Para empeorar la tormenta que acecha: Donald Trump ha escogido a nuestro país como su piñata favorita. Los pecados de la Cuarta Transformación, de corrupción e inseguridad, son usados como armas estratégicas para doblegarlos.
Ya la bomba estalló en Tabasco. Adán Augusto López, el “hermano” de Andrés Manuel está marcado por negocios y alianzas turbias. El exsecretario de gobernación, “corcholata” y personero de López Obrador está en la mira de las autoridades del vecino país. Incluso, se ha convertido en factor de fractura en el morenismo. Vienen tiempos interesantes. Veremos.




























