El adiós combativo de Sheinbaum a la Suprema Corte: el fin de una era judicial

0
414

La presidenta Claudia Sheinbaum se despidió de la actual integración de la Suprema Corte de Justicia de la Nación con un mensaje contundente: el fin de una era marcada por el nepotismo y el amiguismo. En su conferencia matutina, acusó al Poder Judicial de haber servido a “unos cuantos”, donde más de la mitad de los ministros habrían llegado por vínculos familiares, lo cual, en su opinión, deslegitima el supuesto mérito de la carrera judicial. Estas palabras, pronunciadas a menos de dos semanas de que el nuevo pleno electo por voto popular tome posesión, fueron interpretadas como una crítica directa y severa a una Corte que, desde el Ejecutivo, se veía como símbolo de viejas prácticas.

El nuevo ciclo judicial se inaugura el 1 de septiembre con tres ceremonias que reflejan un marcado simbolismo democrático e institucional: la entrega del bastón de mando por representantes indígenas, la toma de protesta ante el Congreso y el inicio formal de sesiones del nuevo pleno. La presencia de los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, junto con la asistencia de Sheinbaum, subraya la apuesta por una Corte más legítima, plural y cercana a la ciudadanía.

La integración del nuevo tribunal, resultado de una reforma judicial aprobada en 2025, marca un punto de inflexión histórico: seis mujeres y tres hombres llegarán por primera vez mediante voto directo, prometiendo revitalizar la independencia judicial y enfrentar cuestionamientos sobre privilegios estructurales y vínculos políticos que, según Sheinbaum, han obstaculizado la justicia. La emisión de un nuevo sistema de evaluación del desempeño para jueces y magistrados, y el relevo también de los tribunales de apelación, apuntan hacia una remodelación institucional integral.

Esta renovación judicial cuenta además con respaldo político amplio: la reforma fue aprobada con mayoría calificada y ratificada por diversos congresos estatales, en un contexto donde la relación entre el Ejecutivo saliente y el Poder Judicial ya había sido tensa, particularmente por la resistencia de la Corte a reformas impulsadas desde el gobierno anterior. El mensaje de Sheinbaum no solo tiene una dimensión crítica, sino que anticipa un periodo donde los símbolos de legitimidad judicial se construyen desde la participación y la rendición de cuentas.

La expectativa nacional ahora se concentra en las primeras resoluciones del nuevo pleno: serán ellas el termómetro del cambio. Más allá de los gestos, lo que está en juego es la posibilidad de reconstruir la confianza en la justicia mexicana. La transición judicial no es solo un rito político, sino la promesa de una Corte más justa, transparente y vinculada con la ciudadanía. La historia la estará observando de cerca.