Cuando el crimen encarece nuestro pan: por qué la tortilla ya cuesta más

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El precio de la tortilla, alimento esencial en la mesa mexicana, ha aumentado recientemente hasta alcanzar los 24 pesos por kilo en la Ciudad de México y el Estado de México. Sin embargo, este incremento no se debe únicamente al costo del maíz, sino también a factores como la inseguridad y el crimen organizado, que se han convertido en un peso adicional para las tortillerías.

El Consejo Nacional de la Tortilla advirtió que los negocios ya no pueden absorber los sobrecostos derivados no solo de los insumos, sino de gastos relacionados con violencia, extorsiones y cobros ilegales. A ello se suman problemas como el alza en refacciones, gas, electricidad, agua, transporte y la falta de mano de obra.

Ante esta situación, el gobierno federal puso en marcha el Acuerdo Nacional Maíz-Tortilla, con el objetivo de reducir intermediarios y estabilizar el precio. La estrategia contempla el apoyo con toneladas de maíz blanco, financiamiento para modernizar tortillerías y la supervisión de precios por parte de Profeco.

No obstante, algunos empresarios del sector han manifestado escepticismo, señalando que es inviable reducir precios mientras persistan los altos costos operativos y la competencia desleal del comercio informal, que representa casi la mitad del mercado.

La problemática se agrava en varios estados del país donde el crimen organizado ha extendido su control más allá del narcotráfico, influyendo en el precio de productos básicos como tortillas, refrescos, abarrotes y hasta útiles escolares. En regiones como Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Veracruz, las tortillerías han denunciado extorsiones y la obligación de comprar insumos a proveedores vinculados con grupos criminales.

El resultado es un encarecimiento constante que golpea directamente al consumidor, pues mientras el precio oficial se mantiene en un rango de 23 a 24 pesos, en algunas zonas ya alcanza los 35 pesos por kilo.

La tortilla, más que un alimento, se ha convertido en un termómetro de la economía, la inseguridad y la vulnerabilidad del comercio local. Cada incremento en su precio refleja no solo la presión del mercado, sino también la sombra del crimen que se cierne sobre la vida cotidiana de millones de mexicanos.