Saltillo al filo de la discusión: ¿Transporte público gratuito o cálculo político?

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En Saltillo, Coahuila, se desató un intenso debate social y político cuando la bancada de Morena votó en bloque en contra del proyecto “Aquí Vamos Gratis”, iniciativa municipal que busca implementar dos rutas troncales de transporte público totalmente gratuitas a partir del 1 de octubre. A pesar del rechazo morenista, el Cabildo aprobó mayoritariamente el plan con el apoyo de los regidores del PRI, PAN, Movimiento Ciudadano y PRD.

Quienes impulsan la medida argumentan que no solo mejora la movilidad urbana, sino que aporta un alivio económico real para miles de habitantes de la ciudad, sobre todo estudiantes, trabajadores y personas con bajos ingresos que dependen del transporte para sus desplazamientos diarios. Se propone además modernizar el servicio con 35 autobuses nuevos tipo cama baja, unidades climatizadas, mejores frecuencias y rutas que conecten zonas del norte con el sur y del oriente al poniente de la ciudad.

En contraste, los regidores de Morena expresaron dudas sobre la viabilidad financiera del programa. A pesar de que algunos miembros del partido participaron en su diseño y reconocieron haber recibido información anticipada sobre el plan, su voto fue negativo. Alegan preocupaciones sobre la sostenibilidad del financiamiento, los costos operativos y si la infraestructura existente podrá soportar los ajustes necesarios para evitar que el servicio se deteriore o genere déficits muy altos.

Saltillo ya enfrenta problemas estructurales en su sistema de transporte público: de las 21 rutas activas, solo siete son financieramente viables; muchas rutas han reducido su cobertura o desaparecido. Las unidades son en muchos casos antiguas, los tiempos de espera largos, algunas zonas con crecimiento urbano han quedado desconectadas, y la población que no tiene acceso directo a una ruta funcional depende de alternativas más costosas o menos seguras.

Más allá del debate técnico, la votación del bloque morenista pone sobre la mesa la tensión política: si las decisiones de movilidad urbana pueden politizarse hasta el punto de paralizar propuestas que tienen respaldo social; si el rechazo responde a un análisis crítico o si forma parte de lógicas partidistas de oposición sistemática. El alcalde de Saltillo calificó la postura como una politización del transporte público; los promotores del programa han insistido en que hubo transparencia, diálogo y planificación para incorporar todas las voces.

El costo real del éxito de esta medida dependerá de su ejecución: recursos suficientes, mantenimiento adecuado de las unidades, rutas bien definidas, frecuencia efectiva, coordinación con infraestructura urbana (paraderos, semáforos, accesos peatonales), y una estrategia clara para evaluar su impacto económico y social a corto y mediano plazo. Si cualquiera de esos componentes falla, podría convertirse en promesa incumplida.

Lo que está en juego es más profundo que transporte: es la credibilidad institucional, la capacidad de dar respuestas tangibles ante crisis de costo de vida y movilidad, y la posibilidad de construir políticas públicas que realmente reduzcan brechas sociales. En ese sentido, la gran pregunta no es solo quién votó a favor o en contra, sino si las autoridades y la sociedad están dispuestas a asumir responsabilidades para que la promesa de transporte gratuito no quede solo en un proyecto bien intencionado.