Jorge Arturo Estrada García.
“El poder no corrompe. El miedo corrompe, tal vez el miedo a perder el poder”.
John Steinbeck.
Todos los seres humanos tienen tres vidas: la pública, la privada y la secreta.
Gabriel García Márquez.
“En cierta medida la corrupción es un asunto cultural y lo peor que le puede pasar a una sociedad es acostumbrarse a ella”.
Fernando Savater.
La clase política se cimbra. Hay demasiadas tramas de corrupción que se van confirmando. La corrupción es parte de la Cuarta Transformación. No podía ser de otra manera. El proyecto de Andrés Manuel, no es humanista es un proyecto de poder. En México, la corrupción política es endémica. El poder se conquista por todos los medios. Conservarlo, implica pocos escrúpulos y mucho dinero. En México la clase política apesta. López Obrador, sembró vientos y cosecha tempestades.

Finalmente, Andrés Manuel, tocó el cielo con las manos. Cumplió sus ambiciones a niveles insospechados. Logró cambiar al régimen y mandar al diablo a las instituciones, las destruyó. Sin embargo, ahora, está en medio de escándalos políticos de grandes dimensiones, de los que alimentan al discurso negativo del gobierno trumpista, hacia México. Se trata de tramas, de las que te persiguen por generaciones, y te colocan del lado de los villanos de la historia del país. El Huachicol Fiscal establece situaciones inéditas, insólitas. La tenacidad de la Casa Blanca pareciera conducir a la destrucción de la base fundacional de Morena.
Es evidente, que la presidenta no va a romper con el tabasqueño. En Palacio Nacional esperan que las circunstancias se irán acomodando, en su favor y así hacerse del poder completo. Sin embargo, el desgaste será constante para el expresidente y las principales figuras morenistas. No todas podrán soportarlo. Las otras “corcholatas” se metieron en laberintos, la soberbia los alcanza. Uno tras otro. A ellos le toca la frialdad de la presidenta y el desprecio, cada vez mayor, de algunos sectores de los ciudadanos.
El Maximato está en marcha. Eso complica las cosas. Los morenistas de todos los tamaños se perciben rijosos, afectos a excesos e indisciplinas, poco respetuosos. Simultáneamente, durante meses, Palacio Nacional sostiene ríspidas negociaciones con la Casa Blanca; sorteando escándalos heredados. Mientras, va navegando en el legado tóxico de Andrés Manuel, megadeuda y negocios turbios. La presidenta sabe que es imprescindible conservar el Tratado de Libre Comercio en condiciones ventajosas. Si no lo consigue, el país caería en un pantano económico, del cual sería difícil de escapar por lustros.
Estamos ya, en el nuevo régimen. Con la nueva clase política, integrada con los viejos personajes impresentables que van tras botines de corsarios. La presidenta es la más poderosa de mucho tiempo, ya sin contrapesos y dominando los tres poderes. No obstante, no se terminan de ajustar las cosas, aunque ya pasó el primer informe. Lo que brilla es la indisciplina en el movimiento y sus disonancias. El país ya es otro. Pero, con muchos de los mismos personajes nefastos, cada día, más empoderados.
Por el momento, el tlatoani parece estar cercado, Estados Unidos acecha, sus pecados lo pusieron en la mira. Lo mismo sucede con muchos de sus personajes más cercanos. Aunque es preciso señalar, que, hasta el momento, la intensidad de las investigaciones proviene de la gente de Trump, no de sus contrapartes mexicanas. Así, el morenismo va concediendo, y revelando, trozos más grandes de sus acciones clandestinas. Los abrazos no balazos van de salida, ante la presión de los estadounidenses.
Sin embargo, la Marina ya fue afectada, igual la Guardia Nacional y el ejército, lo mismo que la imagen de la Cuarta Transformación. Se esfuerzan, con poco éxito, en el control de daños, intentan detener el escándalo mediático y penal, internacional, del caso de huachicol fiscal. En contraste, parecen dispuestos a entregar a Adán López, por el caso Barredora. Negociar algo.
Andrés Manuel, por su parte, está tratando de salvarse de pisar una cárcel norteamericana. Los reportes de medios, y las narrativas de las investigaciones, lo señalan como el potencial responsable de los mayores casos de corrupción en la historia del México postrevolucionario. Ya solamente le faltaría un último eslabón a la cadena de complicidades.
Por lo pronto, en un desplante de eficiencia, al extitular de seguridad de Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, no lo dejaron gozar de su exilio dorado en Paraguay, pronto veremos las razones y las consecuencias de esto. Ahora, los reflectores regresan al exsecretario de gobernación de Andrés Manuel, Adán Augusto López Hernández.
Entonces, de Adán a López Obrador solamente hay un paso. Simultáneamente los delitos del huachicol fiscal señalan a la Marina, al exsecretario almirante José Rafael Ojeda. Sus sobrinos, ya son acusados de ser parte de esa estructura criminal, que podría incluir asesinatos.
Los descubrimientos del caso avanzan, surgen interrogantes acerca de si el titular de la Marina se lo dijo hace años al fiscal, Alejandro Gertz Manero; y posteriormente, se lo dirían ambos, por separado, a Andrés Manuel, ¿y éste lo encubrió, por qué? Esta institución es considerada como la más confiable por la población, con un índice de confianza del 88.7 %, seguida por la Fuerza Aérea Mexicana con un 86 %, el Ejército Mexicano con un 83. %, según el Inegi.
Desde hace años, algunos reportes de medios señalan a familiares del expresidente tabasqueño como parte de la cúpula de ese entramado de huachicol que dejó a Pemex sin ingresos por gasolina y diésel, por miles de millones de pesos, por varios años. Lo que, de paso, complica la megadeuda de la paraestatal y la del gobierno mexicano que ha tenido que salir a garantizar el pago de la insolvente petrolera. Sin embargo, flota la duda, ¿le cargarán los pecados del mega negocio del huachicol fiscal a la Marina?
AMLO, gusta de jugar fuerte, con intensidad. El tabasqueño lo apostó todo y casi gana. Ya se convirtió en el personaje todopoderoso de México. Para ello vendió su alma al diablo, sus excesos lo marcan. De golpe le cambió la suerte. Ahora los estadounidenses van tras él. Sus pecados de abrazos y no balazos y el huachicol, lo dejaron vulnerable. Su destino ya está en manos de Trump. Veremos.




























