…Un icónico establecimiento en el centro histórico de Piedras Negras.
Rigoberto Losoya Reyes.
En la historia del comercio contemporáneo de Piedras Negras, se han destacado algunos establecimientos por la calidad de sus productos y excelente servicio. En esta ocasión entrevistamos a don Luis Arturo Delgado Agüero, propietario de la Panificadora «La Tradicional», fundada en 1978 y que se ubica en el centro histórico y reconocida por la calidad y el sabor en su panadería. En Piedras Negras se ha convertido ya una tradición que, si visitas este sector, indudablemente visitas este lugar para comprar alguna variedad de pan dulce o pan francés para la merienda. Respecto al origen de la panificadora, narra don Arturo lo siguiente:

Tenía apenas tres años cuando mis papás tomaron la decisión de dejar Torreón. Ellos buscaban un futuro mejor para la familia y así fue como llegamos a Piedras Negras. Yo era un niño y no recuerdo mucho respecto a ello, pero con el tiempo me di cuenta de que aquel cambio marcaría mi destino. Antes de abrir la panadería, mi mamá empezó a hacer donas en la casa.
Yo tendría unos ocho años cuando, junto con mis hermanos, salíamos en bicicleta con un canasto lleno de pan. Íbamos de calle en calle, ofreciendo lo que llevábamos, y siempre a lado de mis hermanas. Para mí era emocionante: sentía que estaba contribuyendo, aunque fuera con pasos pequeños, a algo que todavía no alcanzaba a imaginar.
Desde niño me cautivaba ver a mi papá y a mi abuelo trabajar. Esa imagen fue mi inspiración, la chispa que me hizo soñar y anhelar. Yo a los 6 años lo tenía muy claro: Un día iba a tener mi propia panadería. No era un deseo pasajero, era una certeza que me acompañaba en silencio. La primera panadería llegó en 1978 y la llamamos “La Bravo”, porque estaba en la colonia Bravo. Era un espacio pequeño dentro de la casa: una vitrina, algunos moldes, el olor constante del pan agradaba a los clientes. Yo tenía seis años cuando comencé a ayudarle a mi papá, acomodando moldes de quequitos, engrasando charolas no importaba que fueran tareas sencillas; para mí era entrar en un mundo que me apasionaba. Más tarde, a los 18 años, cuando ya me había casado y tenía que sostener a mi familia, mi vida se convirtió en constante trabajo. Me levantaba de madrugada para hacer pan desde la una de la mañana hasta las tres de la tarde, y después, sin mucho descanso, me convertía en chofer para entregar pedidos en las tiendas de la colonia. Terminaba a las ocho de la noche. Así fueron cinco años de jornadas largas, agotadoras, pero llenas de aprendizaje y experiencia. A los 23 años me convertí en dueño del negocio.
Fue entonces cuando la panadería dejó la colonia Bravo y nació “Dos Hermanos”, cerca de la escuela Modelo. Esa etapa fue un salto importante. Recuerdo que yo mismo iba a tocar las puertas de las maquiladoras para ofrecer mi producto. Llevaba conmigo no solo el pan, sino la confianza en su sabor y calidad.
Y esa confianza rindió frutos: pronto las fábricas no solo aceptaban mi producto, sino que ellas mismas empezaban a buscarlo. Llegamos a vender no solo en Piedras Negras, sino también en Acuña y Monclova, con el apoyo de cadenas de tiendas.
El primer local, aquel rincón en mi casa, siempre será especial. Ahí nació todo, ahí comencé a soñar en grande. Con el tiempo, en 2012, llegó el momento de crecer todavía más. Así nació la “Panificadora La Tradicional” en el centro y corazón de la ciudad. Quería un nombre que reflejara lo auténtico, lo que permanece, lo que no pierde valor con los años. Y lo encontramos. Más recientemente, en 2023, abrimos la sucursal en Villa de Fuente. Cada paso ha sido fruto del esfuerzo, del amor por este oficio y de la fe en que los sueños, cuando se trabaja con constancia y disciplina, se cumplen.
Claro, existieron muchos retos que al final lograron superarse, nunca me rendí. Hoy, al mirar atrás, me reconozco como un hombre que nunca dejó de luchar. Que amó y aún ama profundamente su oficio, que se entregó a él y que, a pesar de las dificultades, nunca se rindió. Ese legado está vivo en cada pan que horneamos, en cada cliente que vuelve por su pan de la mañana, en cada aroma que llena nuestros locales. Y por eso, más que un simple eslogan, nuestra frase es la huella de todo lo que hemos vivido: “La calidad y el sabor tradicional son nuestra distinción.” Ese sueño que nació en mi niñez se convirtió en mi destino. Y si algún día vuelvo a nacer, panadero he de ser”.




























