Harfuch y Ebrard al frente: ¿síntoma de un rumbo definido dentro de la 4T?

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La más reciente encuesta nacional coloca a Omar García Harfuch y Marcelo Ebrard como los perfiles con mayor simpatía pública entre figuras ligadas al proyecto político de la llamada Cuarta Transformación. Harfuch alcanza un apoyo positivo del 58 %, mientras que Ebrard reúne un 53 % de opinión favorable, cifras que superan a otros actores del gabinete morenista y reflejan un ascenso notable respecto a mediciones previas. Al mismo tiempo, los porcentajes de rechazo para ambos también han crecido: Harfuch se ubica con un 28 % de percepciones negativas, y Ebrard con un 34 %.

Este doble fenómeno —subida simultánea de aprobación y de críticas— ofrece una lectura política relevante: no son figuras que operen sin costo político, pero su capital de imagen sigue intacto, posiblemente respaldado por la visibilidad mediática, la asociación con temas de seguridad (en el caso de Harfuch) y de experiencia internacional y diplomática (en el caso de Ebrard).

Dentro del universo de Morena, estos resultados adquieren un peso estratégico. En momentos de turbulencia interna (con cuestionamientos a otros funcionarios del partido y debates sobre perfiles de liderazgo), contar con rostros relativamente “blindados” ofrece ventajas de corto plazo: permiten estabilizar narrativas, dar equilibrios mediáticos y servir como posibles puentes ante escenarios de renovación política. Pero esa misma condición implica también riesgos: al ascender en visibilidad política se vuelven blancos de desgastes más profundos, escrutinio mediático intenso y expectativas contradictorias.

Otro elemento que no puede omitir este análisis es la distancia que se marca con otros perfiles del movimiento. Figuras como Adán Augusto López o Gerardo Fernández Noroña han visto incrementos notorios en sus evaluaciones negativas. Eso sugiere que el liderazgo —o la preferencia del imaginario colectivo— tiende a concentrarse en menos nombres, frente a un desgaste colectivo. En ese escenario, Harfuch y Ebrard operan no sólo como perfiles bien evaluados, sino como contendientes simbólicos para apostar la supervivencia y la renovación política del proyecto lopezobradorista.

Sin embargo, una encuesta no es un destino: es una foto con tiempo limitado. Lo que definirá si estas popularidades son funcionales o efímeras dependerá de los siguientes factores: su actuación frente a momentos críticos (crímenes de alto impacto, crisis de seguridad, decisiones económicas), su capacidad para articular alianzas dentro del partido y fuera de él, y su resistencia al desgaste interno —a rivalidades, a errores o a ataques estructurales.

En suma, Harfuch y Ebrard hoy capitalizan los vientos favorables del ánimo social. Pero ese capital es volátil: exige prudencia política, consistencia de acción y capacidad para traducir simpatía en respaldo político institucional. En el tablero de la 4T, su fuerza mediática puede ser un trampolín hacia liderazgos más amplios… o un blanco más visible para quienes apuestan a polarizar, erosionar o reconstruir desde adentro.