La nueva ofensiva de la DEA contra el CJNG: ¿una estrategia de desgaste o un golpe decisivo?

0
404

La reciente revelación de un operativo internacional llevado a cabo entre el 22 y el 26 de septiembre por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) marca un momento significativo en la guerra contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Con 670 presuntos miembros detenidos y el aseguramiento de drogas, armas, activos financieros y bienes inmuebles por valor millonario, las dimensiones del golpe resaltan no solo por su magnitud sino por lo que revelan sobre el enfoque estratégico actual.

Según los reportes oficiales, en el curso de los cinco días de operación se incautaron 92.4 kilogramos de fentanilo en polvo, más de un millón de pastillas falsificadas, 6,062 kilogramos de metanfetamina, 22,842 kilogramos de cocaína y 33 kilogramos de heroína. Además, fueron asegurados 244 armas de fuego, 18.6 millones de dólares en efectivo y activos valorados en 29.7 millones de dólares. El director de la DEA, Terrance Cole, enfatizó que este esfuerzo es parte de una campaña sostenida con el objetivo de desarticular las redes de mando, control y distribución del CJNG, y que la agencia lo ve como una lucha contra lo que considera una organización terrorista, en todos sus niveles.

Este operativo no nace en el vacío. Durante 2025 la DEA ya había dirigido cuanto menos dos grandes golpes a organizaciones mexicanas delictivas: uno reciente contra el Cártel de Sinaloa con 617 detenidos y múltiples toneladas de drogas confiscadas, y otro contra el propio CJNG, centrado en sus redes financieras y operaciones transnacionales. Esta escalada en la agresión operativa sugiere una apuesta por debilitar no solamente las cabezas visibles sino también las estructuras de soporte, distribución y logística del cártel.

Por otra parte, el CJNG no es una organización estática ni monolítica: sus operaciones abarcan múltiples estados mexicanos y trascienden fronteras, con presencia en al menos 40 países según estimaciones de la DEA. Su estrategia ha implicado alianzas locales, absorción de bandas regionales y la diversificación de negocios ilegales, incluyendo el tráfico de fentanilo —una droga cuya letalidad ha provocado una crisis de salud pública en los EE. UU.—, así como operaciones financieras mediante lavado de dinero, uso de redes internacionales de empresas fachada y criptomonedas. Ese carácter multifacético del cártel es precisamente la vía que las autoridades buscan atacar con operativos coordinados.

Sin embargo, las imágenes de grandes aseguramientos y detenciones masivas ocultan una pregunta clave: ¿puede un solo operativo, aun de tal escala, alterar de manera duradera el poder de un cártel como el CJNG? Las organizaciones criminales han mostrado resiliencia ante golpes locales, reconfigurando rutas, retomando territorios y reclutando nuevas células con relativa rapidez. En este sentido, el efecto estratégico dependerá más de la constancia y de la integración de otras herramientas —judiciales, financieras, de cooperación internacional, prevención social— que del impacto inmediato del decomiso o de los arrestos.

Otro elemento a destacar es la dimensión simbólica de calificar al CJNG como organización terrorista. Al ubicarlo dentro de esa categoría, el gobierno de EE. UU. enmarca la persecución dentro de doctrinas más amplias de seguridad nacional, lo que permite desplegar mayores recursos legales, financieros e investigativos. Esa etiqueta también modifica el lenguaje geopolítico, pues pone en el centro la idea de que el CJNG no es sólo un actor criminal más, sino una amenaza sistémica.

Ahora bien, México como escenario sigue siendo indispensable. La operación resalta una capacidad estadounidense para atacar las redes exteriores del cártel, pero no sustituye la responsabilidad del Estado mexicano en contener su expansión interna, fortalecer sus instituciones de justicia y revertir condiciones estructurales de pobreza, desigualdad, impunidad y corrupción que facilitan la penetración del crimen organizado.

Este golpe de la DEA al CJNG es relevante, incluso necesario, pero por sí solo no basta. Si no va acompañado por una estrategia integral que incluya combate al lavado de activos, fortalecimiento institucional local, intercambio de inteligencia y políticas de prevención social, podría convertirse en un acto espectacular con vida corta. La historia reciente demuestra que los cárteles reaparecen; lo que cambia es quién está preparado para responder de forma persistente a su renovada agresividad. Con todo, la operación de septiembre queda en los registros como un mensaje: la contención del CJNG ya no puede limitarse a golpes simbólicos, sino que exige una ofensiva estructural.