Las figuras de Morena quedaron marcadas

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Jorge Arturo Estrada García.

«Yo no escucho lo que dicen, sólo observo lo que hacen.
El comportamiento nunca miente».
Winston Churchill.

La corrupción estalló, casi incontenible. Lo que está en juicio, en este momento, es la calidad moral de nuestros gobernantes. Ya no se trata de política, se trata de la esencia de nuestra nación y de quienes rigen sus destinos.  El silencio del expresidente, López Obrador, es elocuente. Ya tiene un séptimo año de pesadilla. El factor Trump parece implacable. El obradorato quedó atrapado en los escándalos. Las figuras de Morena quedaron marcadas. Ya las pugnas internas se transforman en ataques y revanchas. La Casa Blanca marcará la narrativa. El Palacio Nacional ya no la controla. Mientras, los mexicanos disfrutan las becas del bienestar, sordos y mudos.

Un gran éxito de Andrés Manuel, como candidato, y sobre todo como presidente de la república, fue imponer la narrativa política del país. En México, las cosas sucedían como el tabasqueño las dictaba. Él dictaba la realidad del país. Así, alimentaba de propaganda a sus seguidores, y beneficiarios, y les daba los argumentos para la defensa del régimen. La demagogia se imponía, entonces. Ahora, la realidad ya los alcanzó y los desnuda. Tanto las tramas del Huachicol Fiscal, como la de La Barredora apuntan a López Obrador. El otro, gran éxito que tuvo fue regalar dinero en el 80 por ciento de los hogares.

Así, simultáneamente, quedó en evidencia que la superioridad moral nunca existió. Por el momento, Adán Augusto López, la Marina y los hijos del expresidente son señalados por la opinión pública, y las revelaciones documentadas, de participar en tramas delictivas para ganar miles de millones de pesos.

Entonces, desde Palacio Nacional se implementa un control de daños para tratar de salvar a AMLO, sin naufragar en el intento. Sin embargo, los escándalos arrecian, la Casa Blanca atiza el fuego. Los morenistas, que se sienten amenazados, están alarmados; pero se preparan, para vender caras sus derrotas y desplazamientos.

El tabasqueño, polarizaba, así generaba la opinión pública. Él construía adversarios a los que maltrataba como enemigos. Controlaba espacios en medios, incrustaba alfiles y peones en los espacios informativos de todos los formatos. Creaba redes de bots para luchar y aplastar desde las redes sociales. Ahora, intentan lo mismo y casi no les funciona. La herencia tóxica salpica en todas direcciones.

Como parte de su plan sucesorio, Andrés Manuel, generó acciones de control, al gobierno de Claudia Sheinbaum. Así, mantuvo fuertes y vigentes a sus excorcholatas. Ellos, son contrapesos designados para cargos estratégicos. Son útiles, ayudaron a sentar bases desde el legislativo, pero se sienten intocables e imprescindibles. Algunos, se sienten capaces de desafiar a la presidenta. Sin embargo, en este momento, las circunstancias los alcanzaron y se volvieron descartables y están a punto de convertirse en impresentables. Todos llevan costales de pecados a cuestas.

El regreso de Donald Trump, a la Casa Blanca, arruinó los planes del expresidente, Andrés Manuel López Obrador. El cambio, en la estrategia de seguridad, fue dictado desde los Estados Unidos. Esas presiones y acciones dejaron al descubierto la corrupción generada al cruzarse la delincuencia y la política. En Tabasco, surgió la migración comercializada, con mayor fuerza en el sureste; también, La Barredora y una modalidad del Huachicol Fiscal.

Al parecer, hubo manos libres para la clase política en el poder. En la actualidad, en cada político morenista y sus parientes, encuentras a un “empresario” que es proveedor y vendedor de toda clase de servicios. Y que, abiertamente, disfruta de la gran vida del lujo, que hasta es exhibida en redes sin recato. Así, ha sucedido en el pasado con los prianistas. En ese renglón nada cambió.

La enorme corrupción del grupo en el poder convirtió a México en el rival ideal para conseguir victorias para Trump y sus seguidores. Luego de una serie de derrotas con rusos, chinos y en la Franja de Gaza con adversarios con mayores recursos, México es el rival más débil. Los pecados morenistas, en torno al tráfico de personas y de estupefacientes, son aprovechados por la Casa Blanca.

Se ha recalcado que México representa al país que les robó los empleos de las grandes automotrices de Michigan y de la maquila de electrónicos. Es el país al que tiene de rehén, por la necesidad del tratado comercial de nuestra economía. También, es el país con una clase política inmersa en la corrupción, a la que es posible atenazar por el miedo a la cárcel, a los escándalos y a que los saquen del poder. Vienen meses fragorosos, pueden pasar muchas cosas. Serán interesantes. Veremos.