Saúl Monreal insiste en su aspiración: la gubernatura como nueva batalla familiar y política

0
229

Saúl Monreal, senador de Morena por Zacatecas y miembro de la influyente familia Monreal Ávila, ha reiterado públicamente su intención de contender por la gubernatura estatal en 2027, incluso ante las reglas internas del partido que pretenden limitar candidaturas de familiares de mandatarios en funciones. Su insistencia pone sobre la mesa el choque entre lealtades partidarias, dinámicas de poder regional y riesgos de percepción de nepotismo.

En las recientes declaraciones, Saúl rechazó que pueda ser descalificado por vivir bajo el mismo apellido que el gobernador en ese momento —su hermano David Monreal—, afirmando que su trayectoria de 27 años en la política lo legitima más allá de los vínculos familiares. Señaló que respetaba los lineamientos de Morena, pero no los compartía si éstos terminan por “limitar aspiraciones injustamente”. Además, insistió en que atenderá los tiempos políticos y será en su momento cuando presente su propuesta formal, sin necesidad de polemizar por anticipado.

La presidenta Claudia Sheinbaum, por su parte, ha sugerido en declaraciones previas que Monreal debe “esperar seis años” para buscar la gubernatura, como parte de una política interna que busca frenar la transmisión hereditaria de poder en el partido. Ese criterio emerge justamente de reformas al estatuto de Morena que buscan reducir las posibilidades de sucesión familiar inmediata en cargos locales.

El contexto familia-partido es determinante: los Monreal constituyen una dinastía con profundas raíces en Zacatecas y notable presencia nacional —Ricardo Monreal, hermano de Saúl, ha sido figura clave en Morena, y otros miembros de la familia ocupan cargos en distintos niveles de gobierno. Esa red de poder familiar ha sido objeto de admiración política, pero también de críticas por concentración e indeclinables aspiraciones territoriales.

La tensión crece cuando se considera que la reforma interna de Morena contra el nepotismo, aplicable a partir de 2027, podría impedir o al menos complicar el registro de Saúl como candidato. Esa restricción ya ha sido invocada por críticos de su aspiración para argumentar que competiría en condiciones desventajosas o contradiciendo principios partidistas. En ese análisis convergen cuestionamientos morales (¿es legítimo aspirar cuando el familiar ocupa la silla ejecutiva?) y técnicos (¿cómo armonizar estatutos con derechos constitucionales de participación?).

Desde el ángulo estratégico, Saúl sabe que una contienda estatal con él como aspirante implicaría disputar no solo el voto monrealista tradicional, sino consolidar apoyos más amplios dentro de Morena y entre aliados. Presentarse antes de que los estatutos queden claros o de que existan reglas definidas puede jugar en contra si adversarios internos lo acusan de salto indebido o de imponer ventaja no normativa.

La insistencia de Saúl Monreal adquiere además un matiz simbólico: representa la prueba más seria hasta ahora de si Morena será capaz de aplicar con equidad sus propias normas de democratización interna, sin privilegiar figuras familiares con historia política establecida. Si el partido permite que sus estatutos sean circunvalados o flexibilizados en casos emblemáticos, se corre el riesgo de que el discurso de “cambio” y “renovación” pierda credibilidad frente al electorado.

En última instancia, la voluntad de Saúl Monreal de ir por la gubernatura no solo es un acto individual, sino una apuesta por sostener el influjo del clan Monreal en Zacatecas. Si logra construir alianzas internas y neutralizar cuestionamientos legales o partidistas, podría llevar adelante su pretensión. Si no, el episodio podría consolidarse como una encrucijada en la que Morena tendrá que elegir entre reglas firmes y favores consolidados, entre principios y lealtades estructuradas.