Las Esperanzas

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Rufino Rodríguez Garza.

Después de dos lustros regreso a este importante sitio arqueológico, se trata de la presa Las Esperanzas que se ubica en el ejido del mismo nombre. Por una carretera pavimentada se llega al ejido, pero de ahí a la presa es un camino apenas perceptible y con el cruce además de arroyos a su paso, aunado al poco uso que se le da, es difícil seguir en la vía y no perderse.

El bordo de la presa que hace las veces de camino está ya un inutilizado por la hierba y los arbustos, caminar por este bordo es para acercarse al lugar del vertedero; más adelante hacia el norte se puede observar otra bajada. Una de éstas conectaba con el viejo camino que nos llevaba al Aparejo, sitio también con muy buenos grabados además de ser un lugar de rituales de cacería.

Como no se puede llegar por el bordo, tuve que buscar otro acceso y pude llegar al vertedero donde se observa la compuerta que acercaba el agua a las pequeñas parcelas, aquí se abre el conducto para el viejo canal abierto y que ahora debidamente se encuentra entubado con el sabido ahorro de agua por evaporación.

El estatus de la presa en este momento (principios de octubre) es que está medio lleno, pero alcanzará para la cosecha de otoño-invierno.

Éste es un sitio muy importante para el estudio de las antiguas tribus que por ahí deambularon; ahora está el bordo, pero antes de manera natural aquí se estancaba el agua y eso permitía que los grupos pasaran temporadas largas en este lugar. Una cosa que podemos observar es que en los grabados hay palimsestos, es decir que se grabó una y otra vez sobre los mismos grabados y sobre los mismos lugares por los grupos o por diferentes tribus.

Cuando se aprecian morteros podemos presumir que las estancias podrían ser prolongadas, tengo a la vista uno de estos objetos el cual es modesto, no muy profundo, pero que cumplía con la función principal que era la molienda para hacer harina de mezquite o de tuna, que previamente habían deshidratado y que elaboraban los nutritivos mezquitamales; usaban las pencas de los nopales y las rellenaban con estas harinas proporcionándoles una saludable dieta rica en proteínas.

Aquí los grabados entran en la categoría de: abstractos “curvilíneos” y abstractos “rectilíneos”.

Esta presa de Las Esperanzas ha sido visitada y estudiada en varias ocasiones por el “inigualable” ingeniero y amigo José G. Flores Ventura. Es un buen lugar para acampar, vale mucho la pena por lo que hay que ver: paisajes bellos, aves y por supuesto las rocas con múltiples grabados cuya interpretación aún todavía es un misterio por resolver.

Sin embargo, los grabados y las pinturas, cuando las hay, nos proporcionan mucha información, por ejemplo: los símbolos de territorialidad, las armas que fueron de uso cotidiano y que podemos ver plasmadas en las rocas, como por ejemplo los Atlat’l, las navajas enmangadas, los proyectiles y a veces el arco y la flecha. Los grabados también nos indican la fauna tan necesaria en la dieta de los cazadores-recolectores.

Podemos ver en los grabados el símbolo de orientación, un círculo con una cruz interior lo que nos indica el oriente y el poniente; con la línea horizontal y la vertical con indicios al norte y al sur, hasta el momento son repetitivos los círculos sencillos y uno o dos concéntricos.

El entorno nos da una idea de los campamentos y la cantidad de gente que los habitaron, pues hay muchas chimeneas hogares o sitios donde se encendía el fuego.

Aún no acabo de revisar la totalidad de los grabados, pero aun así no se observan armas como serían los proyectiles, las navajas o los arcos; gracias a lo retirado del sitio no hay huellas de vandalismo.

Este lugar pudo ser un espacio para realizar rituales propiciatorios para la eficaz cacería, ya que se observan astas (la mayoría) de venados cola blanca y astas de venado bura.  En una próxima colaboración explicaré el resto de los grabados de esta presa Las Esperanzas.