De 34 a 3.5 millones: el brusco “ajuste” patrimonial de Adán Augusto y lo que revela sobre la transparencia en México

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En cinco años, el patrimonio declarado por el senador morenista Adán Augusto López Hernández pasó de unos 34 millones de pesos (inmuebles, vehículos, joyas y metales) a apenas 3.5 millones —dos terrenos heredados—, de acuerdo con sus propias declaraciones patrimoniales. El salto no es menor: sugiere una contracción cercana a 30 millones y encendió focos rojos sobre la consistencia de sus reportes y la calidad de la rendición de cuentas en el país.

Diversas coberturas periodísticas reconstruyeron la curva: en 2019, siendo gobernador de Tabasco, declaró alrededor de 34 millones; para su última declaración como senador (2024–2025), el inventario público se reduce a 3.5 millones, sin explicación verificable sobre la desincorporación de bienes que antes aparecían en su patrimonio. La disparidad ya motivó exigencias de indagatorias y hasta un intento de juicio político promovido por la diputada María Elena Pérez-Jaén.

El episodio ocurre además bajo otra sombra: investigaciones mediáticas revelaron depósitos cercanos a 80 millones de pesos en 2023–2024, presuntamente omitidos en la declaración patrimonial. López los atribuyó a herencias y honorarios, y negó irregularidades. La Presidencia del Senado y el propio legislador han sostenido que sus ingresos están “plenamente declarados”, incluso mencionando activos financieros relevantes, pero la versión pública de sus declaraciones no despeja las dudas.

¿Por qué puede ocurrir esta falta de claridad? La legislación mexicana permite versiones públicas que reservan ciertos rubros para proteger datos personales; aunque, en principio, desde 2020 los datos clave deben ser públicos, la práctica admite supresiones que dificultan seguir la evolución real de los bienes. En otras palabras, la “publicidad” de las declaraciones no siempre equivale a “inteligibilidad” para el escrutinio ciudadano.

Más allá del caso concreto, el mensaje político es nítido: sin explicaciones puntuales (ventas documentadas, donaciones, avalúos, separación de bienes, fideicomisos, etc.), un brinco de 30 millones erosiona credibilidad en el discurso anticorrupción. Y con 2030 ya en el radar de varias figuras, la presión por transparentar cada peso —y cada bien que aparece o desaparece— será prueba de fuego para cualquier aspiración de liderazgo.

con información de: El País, Sin Embargo