Jorge Arturo Estrada García.
Nada va bien en un sistema político en el que
las palabras contradicen a los hechos.
Napoleón Bonaparte.
Un político divide a las personas en dos grupos:
en primer lugar, instrumentos; en segundo, enemigos.
Friedrich Nietzsche.
Demagogia, propaganda, dinero y mucha impunidad marcan los primeros siete años de la Cuarta Transformación. El año 2025 fue malo y el 2026 será trepidante. El 2026, no será de transición, ni de aprendizaje. Será obligación, para el Palacio Nacional, concretar un buen tratado comercial con Estados Unidos. La viabilidad para el país está en riesgo. Trump tiene las cartas ganadoras, y el T-MEC no se renegociará con delicadeza. Estados Unidos no escucha mañaneras. Exige resultados.
Ya no quedan muchas dudas acerca de esta versión de Donald Trump. El mandatario convierte en acciones sus palabras. Los casos de Venezuela e Irán son ejemplos muy gráficos. Con golpes geopolíticos, espectaculares y rudos, él rediseña el papel de Estados Unidos, en el continente y en el mundo.

Las renegociaciones del T-MEC se dan en un momento crítico para el país. México está roto. El gobierno morenista lo divide sistemáticamente. La Cuarta Transformación se consolida rápidamente como un régimen autoritario. Al mismo tiempo, el país se desmorona en lo económico, se desangra por la inseguridad y se estanca, por la Inversión Extranjera Directa que se aleja.
En lo político, México funciona como un Maximato. El país está atrapado. Por una parte, el gobierno federal es forzado a atender las presiones de Trump para poder mantenerse viable en lo económico. Y, por la otra, con un expresidente poderoso y tenaz que pretende conservar el poder e imponer su proyecto transexenal. No es un tema de ideología es un duelo de voluntades. Por lo pronto, la Casa Blanca ya nos considera un narco estado.
En el Palacio Nacional, tendrán que escoger entre los deseos y compromisos del tabasqueño y la viabilidad comercial. No podemos resignarnos a volver a ser un país endeudado, empobrecido, sin posibilidades de desarrollo reales. Que se va quedando marginado del progreso, durante generaciones, en el dinámico siglo 21 dominado por el vertiginoso progreso de la tecnología. No podemos resignarnos a ser un país de pobres gobernado por dictadores, y saqueadores de los recursos públicos.
De esta forma, los vecinos mexicanos, deberemos intentar acoplarnos. Deberíamos ajustar nuestro papel como principal socio comercial de ellos. Las soberanías demagógicas quedarían, solamente, para los oídos de los chairos dóciles. Como siempre, la realidad terminará imponiéndose tarde o temprano. Serán éxitos o fracasos.
El Palacio Nacional se niega a recibir ayuda, estadounidense, para terminar con los problemas de inseguridad. Aunque ya domina los ejes principales del poder real. Ya controla a las fuerzas armadas, convertidas en policías y guardia nacional. También controla a 24 gobiernos estatales y a sus fiscalías. También, al nuevo Poder Judicial, a modo, para evitar liberaciones y procesos irregulares; y al legislativo, para modificar las leyes bajo pedido. Eso, solamente, pasaba hace más de 40 años.
Los Estados Unidos ya consideran un problema grave a la delincuencia mexicana, a sus acciones y sus impactos en la vida de los norteamericanos. Ellos, ofrecen ayuda y habrá que tomar decisiones. Aceptarla o rechazarla estará sobre la mesa de negociaciones.
El pragmatismo señala que se debería aprovechar la oportunidad de pacificar al país intercambiando inteligencia, estrategia y controles fronterizos. El tratado comercial es indispensable para México.
Adicionalmente, es evidente que hay demasiada corrupción, demasiada impunidad y poco crecimiento, nulo desarrollo y escasa mejoría en calidad de vida. Los escándalos de corrupción morenistas brotan como hongos: decenas de funcionarios enriquecidos, casas lujosas, viajes, relojes de alta gama. Una vida dorada con dinero oscuro.
La educación está en el fondo de los países de la OCDE. La han convertido en una caricatura, muy lejos de la preparación en el mundo de la ciencia y el desarrollo tecnológico. El sistema de salud está destruido, las medicinas siguen escaseando, a la par de las citas para consultas médicas. La destrucción del Estado de Derecho y la elección fraudulenta de jueces y magistrados, “a modo”, sembraron desconfianza entre los inversionistas. El Nearshoring nunca llegó.
Las afinidades, alianzas y transferencia de recursos a las dictaduras latinoamericanas tampoco abonan nada para el país. Mucho menos, para las relaciones con Trump, con miras al tratado. Tal vez, López Obrador, y otros personajes morenistas les deban muchos favores a esos personajes. Pero es evidente, que la Casa Blanca no perdonará muchos deslices a la hora de establecer las nuevas condiciones comerciales.
En el 2026 se llega a un punto de quiebre. Trump vuelve al tablero fortalecido y el T-MEC se renegociará con el pulso duro del interés estadounidense. Ya no basta la retórica ni los rollos mañaneros: la magia se agotó.
En siete años en el poder, ya ellos acumularon tragedias, homicidios, megadeudas, delitos, omisiones, fallas, corrupción, impunidad, fraudes electorales, desastres ferroviarios, mega obras convertidas en fábricas de perder dinero, trenes descarrilados y desplomes del metro; y, toda clase de pecados políticos y de los otros. Ya las culpas son propias. Ellos ya tienen a sus Garcialunas, Requenas, Adán, Monreales, a los Rochas, a los López Beltrán, a los gobernadores y exgobernadores nefastos y codiciosos. Ahora, “La Esperanza de México”, son una banda de millonarios que presumen sus lujos en redes. Incluso, algunos, podrían estar en la Lista de Marco Rubio. Las cosas vienen intensas. Veremos.




























