Hablando de trenes

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José Guadalupe Robledo Guerrero.

El obstinado capricho de Andrés Manuel López Obrador de regresar al pasado, no solo reviviendo a Pemex y subsidiando a esa empresa paraestatal que ha sido un barril sin fondo a causa de la corrupción, la ineptitud y los malos manejos, sino también regresando a la construcción de infraestructura para que vuelvan a funcionar los trenes obsoletos, que por su fracaso, fueron concesionados a empresas privadas de México y Estados Unidos por Ernesto Zedillo durante 1996-1998.

Estos caprichos fueron cuestionados desde que AMLO decidió invertir millonarias cantidades en dichas obras faraónicas, y han cobrado nuevamente interés, al conocer que Pemex es una empresa en quiebra, que tiene una deuda superior a los 100 mil millones de dólares, la mayor de todas las petroleras del mundo; y sobre los trenes se ha intensificado el debate, después de los descarrilamientos del Tren Maya y del Tren Interoceánico, que fueron construidos con millonarios recursos, sin transparencia y repletos de corruptelas.

Estas caprichosas inversiones obradoristas, me hicieron recordar que en mi lejana niñez viajé en los Ferrocarriles Nacionales de México, y que en mi adolescencia tuve un amigo, cuya familia era ferrocarrilera, pues en mi natal San Luis Potosí estaba ubicado un taller de las locomotoras diésel. A ese amigo, algún día le llevé el lonche a su lugar de trabajo, y le pregunté qué labores realizaba. En respuesta me mostró 10 pernos de alrededor de 20 centímetros que tenía que lavar con gasolina para reutilizarlos. Me sorprendió su poca tarea laboral, pero así de cansado y tedioso era el trabajo en el taller de los Ferrocarriles.

Luego en Saltillo, viaje en múltiples ocasiones en el Regiomontano, que corría de la Ciudad de México a Nuevo Laredo, pues aunque era más tardado el viaje, era más barato que en camión. Muchas veces viaje en camerino, gracias a que la persona que vendía los boletos, un tal Gutiérrez, recibía moches por venderte un camerino, de lo contrario nunca encontrabas uno desocupado, pero desde 1990 el Regiomontano fue un tren olvidado, como todos los demás. Ya cercanos a la privatización, el tren no contaba con calefacción, la que se notaba cuando cruzábamos el altiplano potosino en tiempos fríos, sus asientos y camerinos estaban descuidados, sus baños eran peor que los de las gasolineras de antaño, pues sus olores impregnaban el vagón, haciendo insoportable los viajes.

Cercanos a su privatización, los trenes fueron descuidados y ninguna reclamación surtía efecto ante la prepotencia de los trabajadores ferrocarrileros encargados de su travesía, quienes hacían oídos sordos, enviando a los reclamantes a las oficinas administrativas en donde nadie los atendía. Ese fue el preludio del fin de los Ferrocarriles Nacionales de México, que ahora se reviven, para seguir gastando los recursos públicos amparados por la opacidad, y subsidiando a la paraestatal, para que sea una caja chica efectiva.

El obradorismo, estrecho de miras, no concibe a sus obras ferroviarias con trenes bala, cuya velocidad excede los 300 kilómetros por hora, sino trenes tortuga que si acaso, podrán correr a 100 kilómetros por hora, lo cual representa una notoria pérdida de tiempo ante el avión o el camión de pasajeros. Antes de su privatización, el ferrocarril en México era ya un fracaso, en un mundo dinámico en donde el tiempo es oro, tanto para los negocios como para los viajes de placer, pero aun así, el obradorismo insiste en volver al pasado, en aras de la corrupción que estimulan las inversiones públicas sin transparencia ni vigilancia y sin ningún mantenimiento, lo que provocan accidentes mortales, tal y como sucedió el pasado 28 de diciembre, en el descarrilamiento del Tren Interoceánico, donde perdieron la vida 14 personas y más de cien sufrieron heridas.

Por cierto, el porro bocón de Gerardo Fernández Noroña, metió su cuchara en el descarrilamiento del Tren Interoceánico, declarando que la derecha pudo haber causado el accidente para desprestigiar las obras de la Cuarta Transformación.

No cabe duda que “Lloroña”, además de ser un idiota, ignorante, misógino, cobarde, corrupto, vividor, es también un conspiranoico, que no se ha dado cuenta que los principales conspiradores contra México, son los morenistas-obradoristas, que están empecinados en destruir a nuestro país, para convertirlo en una nación semejante a Cuba y Venezuela, es decir, en un país de pobres desempleados, sin oficio ni beneficio, que dependan de las dádivas gubernamentales y “trabajen” para sus socios del crimen organizado, sin olvidar que su voto debe ser para Morena y sus socios.

Lo cierto, es que de acuerdo a los especialistas, el descarrilamiento del Tren Interoceánico fue causado por la corrupción, ineptitud y negligencia del obradorismo que lo construyó y lo regentea. Por eso, ya no hay manera de echarle la culpa al Prian. Entonces, para que tanto brinco, estando el suelo tan parejo.

Política aldeana

Finalmente, Donald Trump ordenó extraer de Venezuela al dictador Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores en un operativo militar que bombardeo lugares estratégicos de Caracas. La acción se realizó en la madrugada del 3 de enero, el mismo día en que 36 años antes, tras una invasión estadunidense se derrocó a Manuel Antonio Noriega, dictador militar de Panamá, que fue detenido y encarcelado, acusado de narcotráfico y otros crímenes, siendo condenado a 40 años de encarcelamiento como prisionero de guerra.

Al momento de escribir este comentario, se sabía muy poco del paradero de Maduro y Cilia, pero se dio a conocer que sería juzgado en Nueva York, y las reacciones que motivaron su extradición fueron tímidas y retóricas, principalmente de China y México, en donde aluden al derecho internacional y a la no intervención, y hasta ahora de allí no ha pasado, pues el pueblo afín a Maduro no se levantó en armas, ni el ejército de Venezuela le declaró la guerra a Estados Unidos por su invasiva acción.

La timorata respuesta del Ministro del Poder Popular para la Defensa, Vladimir Padrino López, fue pedir la solidaridad mundial y la intervención de la ONU, esa organización a la que Maduro y los chavistas calificaron de inservible, buena para nada y a las órdenes de Estados Unidos. Todo esto son patadas de ahogado, pues según un refrán popular: “Golpe dado ni Dios lo quita”. Eso es lo que hay.

Preguntas huérfanas

¿Hasta dónde es verdad que Claudia Sheinbaum padece la maldición de las vías, pues primero se le cayó la línea 12 del Metro de la Ciudad de México, después se le descarriló el Tren Maya y recientemente el descarrilamiento del Tren Interoceánico?

Por qué el gobierno obradorista nada hace por frenar la inflación?