México camina en la cuerda floja: rechazo a la intervención en Venezuela y presión de EE. UU. por el T-MEC

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redacción.

La política exterior de México atraviesa un momento de alta tensión geopolítica. Mientras el gobierno federal ha reiterado su rechazo a la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, también busca preservar la cooperación bilateral con Washington, indispensable para la estabilidad económica del país y para la gestión de temas sensibles como migración, seguridad y combate al narcotráfico.

El escenario se complicó tras la operación militar estadounidense en Venezuela, que derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, quienes fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos relacionados con narcotráfico y otros delitos. Desde entonces, la presidenta Claudia Sheinbaum ha abordado el tema de manera recurrente en sus conferencias matutinas, subrayando la postura histórica de México en favor de la no intervención y la solución pacífica de los conflictos.

El lunes posterior a los hechos, Sheinbaum exhortó a la Organización de las Naciones Unidas y a la Organización de los Estados Americanos a garantizar la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, al tiempo que dejó claro que México no respaldará acciones militares unilaterales.

Para el académico Enrique Catalán Salgado, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma Metropolitana, las declaraciones del gobierno mexicano son coherentes con una tradición diplomática basada en la defensa de la soberanía nacional y la resolución pacífica de controversias. Sin embargo, advirtió que el contexto actual es más complejo debido a la presión directa que ejerce Washington sobre México en materia de seguridad.

Desde el inicio de su segundo mandato, el presidente estadounidense Donald Trump ha recurrido de forma reiterada a la amenaza como herramienta de negociación. En días recientes, volvió a señalar a México como responsable del flujo de drogas hacia Estados Unidos e incluso ofreció el envío de tropas para enfrentar a los cárteles, declaraciones que especialistas interpretan como una advertencia velada de intervención.

Ante ello, Sheinbaum respondió que una eventual incursión militar estadounidense en territorio mexicano no resolvería la violencia ni el tráfico de drogas, y reafirmó que la relación bilateral debe sustentarse en la cooperación, pero sin subordinación. La mandataria ha insistido en que México mantendrá coordinación en seguridad con Washington, siempre bajo principios de respeto mutuo.

La analista geopolítica Stephanie Henaro considera que la postura de México frente a Venezuela tiene también una lectura preventiva. A su juicio, al defender el derecho internacional y el debido proceso, el gobierno mexicano busca marcar límites claros frente a posibles escenarios similares en su propio territorio. No obstante, reconoce que la autonomía en política exterior se ve condicionada por la fuerte dependencia económica de México respecto a Estados Unidos, destino de más del 80 % de las exportaciones nacionales.

En este contexto, la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), prevista para este año, se mantiene como un punto clave. Catalán señala que, por ahora, no se prevén afectaciones inmediatas, debido a la postura cooperativa que ha mantenido el gobierno mexicano en temas no comerciales, especialmente en seguridad. Sin embargo, advierte que la captura de Maduro modifica el equilibrio regional y otorga mayor credibilidad a las amenazas que antes parecían solo retóricas.

“Las advertencias hacia países como Colombia, México o Panamá ya no son solo discursos políticos; hoy se perciben como posibilidades reales”, concluyó el especialista.