Desencanto

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Oliverio Ascascius.

Las aguas del mar,
majestuosas y azules,
—buscan—
buscan desde la eternidad
la caricia de la arena ardiente,
el núcleo donde echar raíces,
los brazos que les den cobijo
y donde aniden para siempre.
Pero al llegar a sus playas
lloran y se desvanecen,
como amantes que se rozan
sin poder abrazarse,
como labios que pronuncian
un nombre que nunca responde.
Así también los corazones,
cuando buscan reposo en otro,
descubren que a veces el amor
es espuma que se disuelve,
un sueño que se acaricia
pero que nunca se posee.