Casos y cosas de mi vida educativa

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Evaristo Velasco Álvarez.

¡Qué recuerdos!

Todavía me parece escuchar el barullo del trajín de los estudiantes en los dos patios de la escuela… porque a las 10:00 de la mañana, de lunes a viernes, toda la escuela era un hervidero de chamacos que se arremolinaban a disfrutar de sus lonches preparados en la mayoría de los casos, por ellos mismos, porque tanto los papás como las mamás salían desde temprano a trabajar, para poder sostener los gastos naturales de la familia; y en ocasiones eran los mismos alumnos quienes se preparaban algún bolillo relleno de la comi9da que les había quedado del día anterior.

Había los otros, los que no tenían ni lonche, ni con qué comprar nada en la cooperativa escolar, porque ni tenían nada de alimentos para traer y desayunar en la hora del descanso, y tal vez ni siquiera habían comido tres veces al día en la semana; y ellos sólo se sentaban a comentar (en el mejor de los casos), con sus compañeros de clase, para que con la plática se “mareara” un poco el hambre, y así sentirse parte del colectivo escolar.

Mientras tanto, los maestros y el personal de apoyo de la escuela (prefectos, secretarias, trabajadora social, intendentes, etc.), a su manera, también aprovechaban el momento de relax para comentar entre ellos sobre algunas particularidades tanto de los alumnos o de sus necesidades como docentes o como personal de apoyo, o incluso de sus problemas familiares; porque si alguien es desatendido en realidad por sus padres, esos son los hijos de los maestros, quienes no tienen El tiempo suficiente para destinarlo a atender a sus hijos.

Entre las horas que dedican a atender su trabajo, el tiempo que destinan a preparar sus clases, el tiempo destinado a revisar los trabajos de sus alumnos que tuvieron que llevarse a casa para calificarlos, y las recomendaciones que deben hacer a los alumnos que necesiten de algún “empujoncito” en su desempeño escolar, la verdad es que nos les queda más allá que medio domingo si bien les va.

No dejemos de lado el considerar que si en Aguascalientes, en la ciudad capital, encontramos casos como los que aquí presento, nunca podremos adjudicar los resultados a nadie en particular, y a todos en lo general; porque mientras las autoridades aún no han entendido que se necesita un mínimo del 8% del PIB (Producto Interno Bruto), o mejor conocido como la cantidad que el gobierno logra recaudar por vía de impuestos, a los habitantes, recomendado como el mínimo por parte de la UNESCO; cuando en realidad se destina el 3% y en ocasiones ni eso.

Y tomemos en cuenta la carga de trabajo de los docentes. Pongamos por ejemplo un maestro de matemáticas, quien (deseable), trabajara de tiempo completo en una sola escuela; porque ha habido muchos casos de quienes trabajan en dos, tres y hasta cuatro escuelas, para completar sus gastos básicos. Entonces, deseable sería que el docente atendiera sus 40 horas semanales en una sola escuela, y que además contara con el beneficio de las horas cocurriculares (que no son ante grupo), sino que le sirvieran para atender a los alumnos que necesiten algún apoyo extra clase. Digamos que pudiera tener 35 horas ante grupo y 7 horas de apoyo como asesoría, completándole así las 42 horas de tiempo completo.

Aún así, en el hipotético caso de que los grupos fuesen de 25 alumnos (recomendación de la UNESCO), es maestro de matemáticas atendería 7 grupos de 5 horas semanales cada uno (35 horas), con un universo atendible de 7 grupos de 25 alumnos cada uno, haciendo un total de 175 alumnos. Pero en la realidad encontramos que son grupos de 40 o más alumnos y el universo a atender sería de 280 alumnos. Y recalco que en el mejor de los casos.

Sin embargo, por ejemplo mi caso: yo tenía 36 horas ante grupo más 6 horas de apoyo sumando un total de 42 horas (caso privilegiado después de 27 años de servicio), y atendía 12 horas en el turno matutino más 24 en el vespertino, con 3 horas de clase presencial por grupo, con grupos de entre 40 y 35 alumnos por grupo (porque en el vespertino la cantidad de alumnos disminuye por causas naturales), por lo que yo atendía un universo de alumnos de por lo menos 160 alumnos en el turno matutino, más 210 alumnos en el vespertino; haciendo un universo de 370 alumnos. Y si a eso le sumamos que no me quedaba ni por la mañana ni por la tarde (por el acomodo de las horas de todo el personal), las horas “perdidas” las aproveché para revisar trabajos y asesorar a los alumnos que me lo solicitaban o que yo consideraba prudente asesorar.

Alguien diría que los docentes tenemos la fortuna de contar con los sábados y domingos para descansar… pero no es así. El docente es uno de los poquísimos trabajadores que se lleva el trabajo a casa… Que en casa se dedica a preparar las lecciones y los trabajos de la siguiente semana, y de revisar y calificar a sus alumnos.

Pero como lo dije antes, yo fui un privilegiado, porque contaba co0n todo mi tiempo en una sola escuela, aunque atendiendo ambos turnos; y si a eso le sumamos que el docente deberá atender en ocasiones los tres grados, y que cada grupo va su propio ritmo, ya podrán ustedes imaginarse el trabajal que esto representa.

La realidad es otra… porque en la mayoría de los casos, los docentes deben atender (decía), dos o tres escuelas. Pongamos el caso de “X”, maestra de Ciencias Sociales, quien atendía un grupo de 3° de primaria por la mañana, en Villa Juárez, y que por la tarde atendía 2 grupos de tercero y 1 de primero por la tarde. Ya se imaginarán ustedes el por qué siempre andaba con un portafolios en su mano derecha y otro en su mano izquierda, donde llevaba las listas de asistencia de sus grupos, los trabajos revisados y sus programaciones de avance de cada uno de sus grupos…

Respetando los nombres, por prudencia, quiero comentar algunos casos particulares, tanto de alumnos como de trabajadores del colectivo escolar; pretendiendo con ello aclarar en algo el por q1ué considero que urge realizar, si queremos tener una educación de calidad total, y resultados deseables, tanto en el desempeño de alumnos como de docentes y de personal de apoyo escolar.

Me refiero a la alumna “H”, quien en sus 13 años atendía el segundo grado de secundaria. Hermana mayor de otros dos niños que atendían “A” el 4° de primaria (vespertino) y “C” quien cursaba el 1° de secundaria (matutino). Ella y sus hermanos hacía ya mucho tiempo que fueron abandonados por su padre, quien no soportó la carga y huyó quién sabe a dónde; y una madre desesperada que “vendía caricias”, cuando podía para buscarles alimento a sus hijos.

“H” llegaba en la mayor parte de sus asistencias (faltaba por lo menos un día a la semana), con su uniforma muy gastado y ya corto, porque no tenían suficiente dinero ni para agregarle algo a la falda, por lo que yo busqué la manera de conseguir con mis compañeros alguna cooperación y regalarle una falda nueva con la suspicacia de algunos vecinos que comenzaron a creer que lo había hecho para tener “derechos” especiales.

O el caso de “M”, alumno de 3° de secundaria, quien colgaba con dos materias del 2° grado y que cursaba estudios por la tarde, porque por la mañana trabajaba para llevar dinero y alimentos a su mamá enferma y a su hermano menor (5° de primaria en el matutino). Yo lo miraba taciturno y cansado todo el tiempo, y en ocasiones se quedaba dormido en clase. Cuando platiqué con él me dijo que dos o tres veces a la semana llegaba sin haber comido para darle oportunidad de alimentos a su mamá y a su hermano. A él y a algunos otros casos les conseguí una “beca alimentaria” (cosa que se me ocurrió), consistente en que a cambio de su ayuda en la cooperativa escolar durante el receso (de 10:00 a 10:30), se le otorgó a diario una torta y un refresco. A él me lo encontré después como licenciado egresado de la UAA.

Así hubo muchos otros casos, en donde el abuso de los padres o padrastros en acciones pederastas con las niñas o con los niños, tuvimos la oportunidad de corregir, poniendo nuestra propia integridad en peligro, pero de lo que estoy sumamente orgulloso, aunque sin la comprensión de las autoridades quienes nos recomendaron siempre no involucrarnos con los problemas de nuestros alumnos; aunque eso nos haya parecido absurdo de parte de loas autoridades, arriesgado por la nuestra, pero muy necesario desde el punto de vista humano.

Finalmente, considero necesario que se incremente la partida presupuestal que destinen del PIB, las autoridades, para contar con posibilidades reales de incrementar los mejores resultados educativos en los alumnos, y esto se vea reflejado en el progreso de mi querida patria.