Rufino Rodríguez Garza.
En lo personal cada salida me sirve para documentar lugares con presencia de arte rupestre, y plasmarlas en mis cuadernos para poder elaborar mis artículos que cada 15 días envío a la redacción del periódico. Soy una persona que se quedó en la prehistoria, por lo tanto me cuesta mucho y batallo igual con las nuevas tecnologías. Soy de los que aún arrastran el lápiz o el bolígrafo para escribir en mis cuadernos teniendo ya un considerable número de ellos, convirtiéndose así en la memoria resiliente de tiempos pasados que se niegan a desaparecer.

Tengo un buen amigo que le hago llegar los manuscritos, los traduce y corrige y ayuda con los contenidos de los mismos, doy alguna leída y se hacen posiciones y se procede a enviar a la redacción del periódico. Todas mis notas de prensa van acompañadas de fotos, éstas las mando por aparte para ilustrar cada colaboración, lo hace desde hace varios años el buen amigo Ariel Colín, el cual también me ha corregido y ha colaborado en la elaboración de algunos de mis libros.
Las constantes salidas me han permitido conocer a mucha gente del campo, gente amable y servicial que se desprenden de lo suyo por ayudar a este citadino que las visita; aprovechando de su generosidad les solicito rutas para llegar a determinados lugares o sitios para acampar, siempre tienen la amabilidad de ofrecer un vaso de agua, un sabroso taco, una comida completa a su necesidad y a su humilde economía, pero siempre es ofrecida de corazón.
He tomado mucho cariño a gente del ejido “El Pelillal”, ya son muchos años de andar sus veredas y montes, de convivir con gente sencilla y muy trabajadora, quien pelea con las extremas condiciones del clima para poder sembrar hortalizas, recoger orégano o pastorear a sus animalitos. En ese ejido (que por sus extraordinarios contenidos tanto arqueológicos como paleontológicos espero algún día sea una zona arqueológica de primerísimo valor) tengo ahijados y compadres, así como amigos que ya se han ido y que me guiaron a lugares maravillosos. Esta gente vive o padece los problemas de la modernidad, muchos de ellos andan con su celular, pero muchos también están pendientes de las noticias que dan en el radio y en la televisión y así están al corriente de la vida externa en sus comunidades.
Cuando inicié mis primeras incursiones los amigos del ejido se transportaban en mulas, burros, o caballos; hicieron presencia las bicicletas, las motos y después los cuatrimotos; ya por último algunos carros y uno de sus bienes más preciados las camionetas. Antes llegar a estas comunidades apartadas de la ciudad de Saltillo, pues los caminos eran muy malos y polvosos luego se introdujeron los caminos de mano de obra ya más tarde algunas carreteras pavimentadas se acercaron a las rancherías con las grandes urbes lo que permitió que gente de la ciudad llegara y conociera lo que contiene este pequeño ejido.




































