(La historia escrita desde el otro lado de la frontera)
Rigoberto Losoya Reyes.
La Revolución maderista es uno de los capítulos históricos que significó un cambio drástico en la vida política nacional. Transformó la vida política de México y representó un punto de interés para la prensa estadounidense, especialmente los tiempos álgidos ocurridos entre los años de 1910 y 1911. Debo destacar que, los periódicos estadounidenses siguieron los pasos de Francisco I. Madero, el levantamiento contra Porfirio Díaz, los combates en la frontera y las negociaciones que condujeron al final de un régimen que había permanecido en el poder durante décadas.

Resulta de gran interés para los investigadores de la historia de México analizar la cobertura periodística extranjera, especialmente la de los Estados Unidos. Una que se puede señalar es que como característica particular: mientras los diarios nacionales estadounidenses observaban las consecuencias políticas y económicas del conflicto, las publicaciones texanas podían informar desde ciudades próximas a los acontecimientos.
No es una novedad que la ciudad de San Antonio se convirtiera en un espacio importante para la actividad política de Madero, en esta localidad tenía una residencia y lo tomó como su centro de logística y operaciones revolucionarias. En nuestros días, las páginas de aquellos periódicos publicados en esos años de revolución constituyen hoy una fuente muy valiosa para reconstruir no solamente los acontecimientos, sino también la manera en que fueron conocidos e interpretados al otro lado de la frontera.
Madero en Texas: la revolución anunciada
La actividad política del coahuilense Francisco I. Madero se inició en San Pedro de las Colonias, de una manera discreta que no significaba la preocupación del gobernador. Sin embargo, la crisis comenzó antes del levantamiento armado. En 1910, Francisco I. Madero se enfrentó políticamente al presidente Porfirio Díaz, cuya permanencia en el poder había generado una creciente oposición. La publicación de su libro La Sucesión presidencial levantó un verdadero torbellino político a nivel nacional. Su potencial como candidato creció exponencialmente y después de ser detenido durante la campaña electoral, Madero escapó y llegó a San Antonio, Texas, en octubre de ese año.
La suerte estaba echada. Inmediatamente en esa ciudad texana preparó el documento conocido como Plan de San Luis, mediante el cual denunció la situación política del país y convocó a los mexicanos a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910. Los ojos de la prensa giraron hacia la presencia del político mexicano en territorio estadounidense que atrajo la atención de diplomáticos y autoridades federales. Su ubicación, sus contactos con otros correligionarios en una plena secrecía, y sus movimientos hacia México organizados a través de una intensa correspondencia disfrazada se convirtieron en asuntos de interés informativo.
El San Antonio Light and Gazette publicó, el 20 de noviembre de 1910, una noticia titulada “Father of Madero Tells for First Time of Plans of His Son to Overthrow Rule of Diaz”. El artículo atribuía al padre de Madero declaraciones sobre los planes revolucionarios de su hijo. Al día siguiente, el periódico publicó otra información relacionada con el asunto. La importancia de estas noticias trascendió las páginas del diario a otros niveles, tanto que, el 19 de diciembre de 1910, el secretario de Estado estadounidense, Philander C. Knox, informó al embajador mexicano que había recibido una comunicación acompañada de recortes de ese periódico, correspondientes al 20 y 21 de noviembre, y que los había remitido al procurador general para su conocimiento. La publicación periodística hizo saber que la prensa podía convertirse en material de interés diplomático. Sin embargo, la recepción de los recortes por las autoridades estadounidenses no significaba que todas las afirmaciones publicadas hubieran sido comprobadas o aceptadas como verdaderas.
La frontera como fuente de información
El llamado a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910 (Plan de San Luis) abrió una etapa de incertidumbre. Las noticias sobre la actividad de los grupos revolucionarios llegaban por medio de corresponsales, viajeros, declaraciones de dirigentes y comunicaciones oficiales. En ocasiones, las versiones se contradecían o cambiaban conforme aparecía nueva información. La población no estaba segura de sufrir otra revolución después de una paz porfiriana que permitió generar muestras de progreso para México: Energía eléctrica, teléfono, agua entubada en las ciudades, universidades, teatro, cine, educación básica, entre otros aspectos. La prensa de Texas tenía una ventaja geográfica. El Paso se encontraba frente a Ciudad Juárez, mientras que San Antonio mantenía vínculos con las redes políticas mexicanas.
Los periodistas podían entrevistar a personas que cruzaban la frontera y, en determinadas circunstancias, desplazarse al territorio donde ocurrían los enfrentamientos. Algunos periódicos fronterizos como El Paso Herald publicaron información obtenida mediante entrevistas y testimonios directos. También destaca que algunos reporteros viajaron a México para recoger versiones de los grupos que participaban en la lucha. Esa cercanía, no obstante, no garantizaba la exactitud de todas las noticias. Una declaración de un jefe revolucionario podía reflejar su propia perspectiva; un informe de las autoridades podía responder a intereses políticos, y un rumor podía difundirse antes de que existieran pruebas suficientes para confirmarlo.
La revolución y la diplomacia estadounidense
Es de resaltar que, en ese intercambio diplomático entre ambos gobiernos, la prensa estadounidense no fue únicamente una observadora de la revolución. Sus noticias también formaron parte del entorno informativo en el que las autoridades evaluaban los acontecimientos y respondían a las reclamaciones del gobierno mexicano. Ambos gobiernos median la temperatura revolucionaria a través de la prensa.
Ciudad Juárez: la victoria que cambió el curso de la guerra
Para el año de 1911, la evolución del movimiento giró a favor de la oposición maderista. El frente revolucionario cobró fuerza en el norte de México. La toma de Ciudad Juárez, el 10 de mayo, representó uno de los acontecimientos decisivos de la campaña contra el gobierno porfirista. El 21 de mayo de 1911 se firmaron los Tratados de Ciudad Juárez y el acuerdo estableció el cese de las hostilidades y las condiciones para la renuncia de Porfirio Díaz y del vicepresidente Ramón Corral. Francisco León de la Barra asumiría provisionalmente la presidencia y convocaría nuevas elecciones. La prensa tuvo que informar sobre una secuencia de acontecimientos que se desarrollaba con rapidez: el ataque a la ciudad, la retirada de las fuerzas federales, las negociaciones y la firma del acuerdo. Las primeras noticias de los combates podían ser corregidas o ampliadas cuando se conocía el resultado definitivo. La caída de Díaz no significó, sin embargo, que todos los problemas del país estuvieran resueltos. La revolución había reunido a grupos con demandas diferentes, y las tensiones entre sus dirigentes continuarían después de la victoria militar.
De la insurrección a la presidencia

Porfirio Díaz renunció el 25 de mayo de 1911 y salió de México hacia el exilio. El cambio abrió una nueva etapa política, pero también planteó interrogantes sobre la capacidad del gobierno provisional para restablecer el orden y sobre las reformas que llevaría a cabo la administración sucesora. El 3 de junio Madero llega a la ciudad de Piedras Negras para iniciar su viaje triunfal a la ciudad de México. El gobernador Venustiano Carranza y su comitiva lo recibieron y lo acompañaron a tomar el tren, no sin antes pronunciar su discurso ante la multitud en el balcón de la presidencia municipal.
Francisco I. Madero asumió la presidencia el 6 de noviembre de 1911. La noticia fue recogida por periódicos estadounidenses, entre ellos el New York Herald, que publicó el 7 de noviembre un artículo titulado “General Madero Inaugurated Amidst Cheers of Great Throng”. Con la llegada de Madero al poder, la cobertura periodística comenzó a incorporar nuevos temas: la composición del gobierno, las expectativas de cambio político, las diferencias entre antiguos revolucionarios y la seguridad de los ciudadanos e intereses estadounidenses.





























