José Luis Rodríguez Flores.
Se podría decir que la fundación legendaria de las logias masónicas, se remonta desde la creación de la tierra por el gran arquitecto del universo (G.A.D.U), quien representa un principio creador supremo. Bajo esta perspectiva, Dios fue el creador para algunos masones, pero otras logias sostienen que el universo se formó por sí mismo, por leyes físicas, postura alineada con la inclinación del ateo anarquista ruso Mijaíl Bakunin.


¿Cuándo empezó la masonería histórica? Los estudiosos afirman que sus orígenes simbólicos se ubican en la época de la construcción del templo de Rey Salomón, hace 2,983 años, (en el año 957 a. de C.). Hiram Abiff, el encargado de construir dicho templo, es a quien se refieren los diferentes ritos masónicos, como el primer gran maestro masón de todos los tiempos.
Este entramado de misticismo, filosofía libertaria o prácticas administrativas ya influían en Francia, España, e Inglaterra, luego cruzaría el Atlántico a finales del siglo XVIII… Primero llegó a los EUA en el año 1730, ideas rituales que pronto desembarcaría en México en el año1806 por parte de españoles peninsulares y criollos fundando la logia “Arquitectura moral”; nuestro país donde la masonería dejó de ser un espacio especulativo, para transformarse en el verdadero motor político de una nación que nacía a la vida independiente.
El rito de Escocia fue introducido formalmente en 1813 por españoles que combatían a los insurgentes, y luego por los liberales que acompañaban a Juan O’Donojú -último jefe político superior de la Nueva España-; conformaron la Gran Logia de México, con el oidor de la Audiencia de México como gran maestre.
El rito de York se instituyó oficialmente con las cartas patentes concedidas desde Estados Unidos, por la Gran Logia de Luisiana durante la guerra de independencia: en 1816 en Veracruz, y en 1817 en Campeche y Mérida. Los yorkinos —facción que resultó predominante en el joven gobierno de México— sustentaban postulados liberales inaceptables para la Iglesia católica, como la libertad de conciencia y la tolerancia de cultos.
Apenas quince años después de aquel discreto nacimiento masónico, el país alcanzó su emancipación política con la proclamación oficial de la Independencia de México en 1821.Tras la consumación de ésta, los ritos de Escocia y de York se convirtieron en centros de agregación y de actividad política, diferenciados por sus principios dándose entonces fuertes debates. En plena lucha insurgente se jugaban ya en Nueva España los intereses liberales de las potencias, especialmente la inglesa y la estadounidense, que emergían con fuerza entre la diversidad de intereses que desgarraba a la nación. (Samadeni, Jul/Dic. 2009)
Una vez lograda la independencia, surgieron ambos ritos: el escocés, como bandera de los intereses españoles, y el yorkino como baluarte estadounidense. En 1824, la facción federalista obtuvo la presidencia con el general Guadalupe Victoria, quien intentó un equilibrio entre ambos ideales políticos y en su gabinete integró a miembros prominentes de cada una de esas sociedades secretas.
Se consolido el Rito de York (Los Federalistas): formalmente en 1825 con el auspicio del embajador estadounidense Joel R. Poinsett, dando voz a los sectores liberales, insurgentes y clases medias. Defendían el federalismo, la división de poderes y la expulsión de los españoles peninsulares. La facción “conservadora” se identificó con el rito de Escocia, dirigido intelectual y militarmente por Nicolás Bravo, designado como su gran maestre; el grupo “liberal” lo hizo con el de York, con Vicente Guerrero como gran maestre. Ambos líderes, antiguos jefes insurgentes, se enfrentaron, incluso con las armas, en 1827.
La injerencia del embajador Poinsett y la radicalización del Rito York fracturaron la frágil estabilidad del México independiente al usar las logias masónicas como un caballo de Troya político, el diplomático estadounidense desestabilizó las instituciones nacionales y preparó el terreno ideológico y estratégico, que luego facilitaría la separación de Texas provocando la expulsión del diplomático en enero de 1830, poco antes de la dolorosa pérdida de la mitad del territorio mexicano, consumándose con la invasión estadunidense en el año 1848. Así, la masonería en México no solo definió el debate de las ideas, sino que quedó indisolublemente ligada al doloroso trazo de sus fronteras actuales.
Tras la pérdida territorial de 1836 y 1848, la polarización nacional impulsó a las logias masónicas a radicalizarse e influir de manera decisiva y absoluta durante la Guerra de Reforma (1858-1861). El Rito Nacional Mexicano, liderado por figuras como Benito Juárez, operaron en el bando liberal, también Melchor Ocampo, Sebastián Lerdo de Tejada, Guillermo Prieto. Por el bando Conservador el líder fue Miguel Miramón (apodado el joven macabeo) junto a destacados militares como: Félix María Zuloaga, Juan Nepomuceno Almonte y el general Leonardo Márquez que operaban bajo la influencia del Rito Escocés.
En conclusión, la historia de estas fraternidades invita a reflexionar sobre cómo los hilos invisibles del secreto tejen el destino de las naciones. Conocer su impacto en México no es solo desentrañar el pasado, sino aprender a identificar las fuerzas ideológicas que, aún hoy, esculpen nuestra realidad política.
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