En Coahuila, la democracia ha sido reemplazada por el compadrazgo político y la herencia del poder. A lo largo de las últimas dos décadas, hemos sido testigos de cómo unas cuantas familias maniataron las instituciones e hipotecaron el futuro de las siguientes generaciones y trataron al estado como un negocio personal.

El modelo político o, como se quiera interpretar, uno de los ejemplos más evidentes es el caso de los hermanos Humberto y Rubén Moreira (actual diputado federal) que fueron los que iniciaron esta dañina práctica. Gobernaron Coahuila durante doce años, dejando como legado una deuda pública monumental que alcanzó los 36 mil 509.6 millones de pesos en 2011.
Instituciones financieras con sede en la Ciudad de México, aseguran que al inició del 2025 ya rebasa los 38 mil millones de pesos, arrastrando al estado a una situación financiera crítica.
Pero su influencia no terminó con su salida del poder: impulsaron la llegada del lagunero Miguel Ángel Riquelme Solís (actual senador) quien continuó su proyecto político por otros seis años. El poder no solo se concentró, sino que se recicló dentro del mismo grupo.
El fenómeno no es exclusivo del ámbito estatal. En municipios como Arteaga, otra familia replicó el modelo. Primero Jesús Durán fue alcalde, luego su hermano, Everardo Durán, y después Ramiro Durán (hijo de Jesús): una cadena de poder que se heredó como si se tratara de una monarquía local.
Bajo su gestión, lejos de prosperar, el Pueblo Mágico fue saqueado, alejando cualquier posibilidad de desarrollo real para su gente que sigue votando influenciada por esta familia que llevó al poder a la actual alcaldesa, Ana Karen Sánchez Flores.
En General Cepeda ocurrió algo similar. Desde 2017 hasta 2024, los apellidos Salas han dominado la presidencia municipal. Primero fue Juan Salas, luego su hermano Pablo Salas. Durante su mandato, fueron denunciados por apropiarse de propiedades, desde casas abandonadas hasta terrenos. Lo que debía ser un servicio público, se convirtió en una empresa familiar con fines patrimoniales lucrativos.

Actualmente, la alcaldesa de este municipio, Mayra Verónica Ramos Rodríguez, junto con su esposo, el exedil, Luis Ernesto Zamora, (hijo del exmunicipe, Rodolfo Zamora Rodríguez La Chopa QEPD, quien estuvo en la cárcel por saquear a General Cepeda), mantienen una lucha legal de poder contra los panistas, Juan y Pablo. Este enfrentamiento político acabará mal y sepultará a los dos partidos a que pertenecen.
Coahuila no necesita más caciques disfrazados de funcionarios. Necesita ciudadanía, transparencia y alternancia. La historia reciente nos recuerda que cuando el poder no cambia de manos, no se renueva ni se corrige: se pudre.
Y mientras unos pocos se enriquecen, los municipios y el estado entero siguen esperando justicia, desarrollo y verdadera democracia.



























