La reciente elección de Tereso Medina Ramírez como dirigente nacional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), ha evidenciado una de las nefastas prácticas que afectan al sindicalismo mexicano: el nepotismo y la falta de mérito en la designación de cargos en esa organización sindical que agrupa a 4.5 millones de afiliados.

La «planilla de unidad» que se presentó para el período 2026-2032 no se basó en la capacidad, experiencia y compromiso con la clase trabajadora, sino en los intereses personales del dirigente. La integración de miembros de la familia de Tereso Medina en cargos del Comité Nacional de la CTM ha comprobado el lamentable estado de la organización sindical.
Uno de los casos del nepotismo, es el del actual regidor de Ramos Arizpe, Tereso Agustín Medina López, hijo de Tereso Medina, quien fue nombrado subsecretario de Educación, Capacitación y Adiestramiento, pero si esto no fuera suficiente, Tereso Agustín también fue nombrado secretario del Deporte, sin ninguna trayectoria en esta área.
Otro caso, es el de Rafael Medina Portugal, sobrino de Tereso Medina, quien fue nombrado subsecretario de Vinculación, Gobernanza y Diálogo Social, en donde una vez más, no se consideró el perfil y trayectoria, sino el vínculo familiar que lo une al dirigente cetemista.
En la “planilla de unidad” no hubo cabida para los trabajadores más preparados y comprometidos, sino para aquellos que se alinean al poder y se someten sin cuestionar. La lealtad y la sumisión, no el mérito, son los verdaderos requisitos para ocupar un cargo en el Comité Nacional de la CTM. Por lo tanto, no hay que ser un gran analista para prever lo que ocurrirá en la CTM de Coahuila.
La situación parece indicar que el mismo modus operandi de inclusión de familiares y allegados podría replicarse en la Federación de Trabajadores de Coahuila. De hecho, muchos apuestan a que el eterno secretario general adjunto, Jesús Berino Granados, podría mantenerse en su puesto.
Sin embargo, no sería sorprendente que en el juego de intereses y lealtades, otro miembro de la familia de Tereso Medina, o algún compadre del dirigente nacional termine ocupando el puesto.
Este modelo de “liderazgo” es un insulto para los trabajadores que merecen una representación auténtica, basada en la capacidad y compromiso para solucionar los problemas reales que enfrenta la clase obrera.
La elección de Tereso Medina Ramírez, lejos de ser un triunfo para los trabajadores, es una victoria para el nepotismo y el cinismo. En este contexto, qué futuro le espera a los trabajadores de México, cuando sus dirigentes prefieren mantener el poder dentro de un círculo familiar y de amigos, a costa de la representación auténtica de la base trabajadora.
El sindicalismo mexicano necesita un cambio profundo. Necesita dejar atrás las prácticas del pasado, que solo benefician a los de siempre, y empezar a construir una verdadera representación que se base en el compromiso con los derechos de los trabajadores, no con los intereses familiares del dirigente cetemista.
Si la CTM quiere recuperar su legitimidad, debe empezar por cortar de raíz el nepotismo y la traición, para devolverle a los trabajadores la confianza que han perdido en sus líderes.





























