Política aldeana. Una deuda con los apagafuego

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Durante más de seis años, el Patronato de Bomberos de la Región Sureste ha sostenido una narrativa de apoyo regional que no se sostiene con hechos. Ramos Arizpe, Arteaga y Parras de la Fuente han sido testigos de la indiferencia institucional de un organismo que ha privilegiado a Saltillo, mientras presume una cobertura equitativa que simplemente no existe. 

Las comunidades lo saben, y no sorprende que hoy le otorguen una calificación reprobatoria a su gestión.

El expresidente del Patronato, Alejandro López Siller, dejó tras de sí una estela de promesas incumplidas, como la instalación de una antena repetidora que permitiría coordinar a las centrales de bomberos de la región. 

Una idea tan básica como necesaria en una zona metropolitana que sigue creciendo y que quedó simplemente en el aire. Esta omisión técnica no solo refleja desinterés, sino una preocupante falta de compromiso con la seguridad pública.

La llegada de Alejandro Villarreal Mireles al frente del Patronato, acompañado por Mirna González, Pedro Martínez y Agustín Garza, genera más escepticismo que esperanza. ¿Podrá esta nueva administración revertir años de opacidad y omisión? 

Poco o nada podrá hacerse mientras no se enfrente la raíz del problema: la falta de rendición de cuentas, la centralización del apoyo en Saltillo y el desprecio velado por el resto de los municipios.

En Ramos Arizpe, los bomberos trabajan con dignidad, pero no gracias al Patronato, sino al apoyo firme y sostenido del gobierno municipal. Las dos administraciones del exalcalde José María Morales Padilla (2019-2024) dotaron a su Central de Bomberos con equipamiento, respaldo económico y mejoras salariales.

Su sucesor, Tomás Gutiérrez Merino, no ha perdido el paso: en sus primeras semanas de gobierno otorgó un aumento salarial de más del 50% y entregó una unidad apagadora con capacidad para tres mil litros. Esa es la diferencia cuando el compromiso es real y no solo discursivo.

Años atrás, Morales Padilla confrontó directamente a López Siller en una reunión con empresarios de la AIERA, dejando en claro lo que muchos pensaban: el Patronato no cumple con su promesa de respaldo regional. 

Y si algo quedó en evidencia en aquel encuentro, es que las industrias están siendo utilizadas como fuente de financiamiento sin que sus aportaciones beneficien equitativamente a la región que las alberga.

La creación de un Patronato de Bomberos Local en Ramos Arizpe, impulsado por el alcalde Gutiérrez Merino, marca un antes y un después. 

Constituido como asociación civil, este nuevo organismo buscará garantizar de forma transparente y eficaz los recursos necesarios para un cuerpo de bomberos digno y profesional. Este modelo debería inspirar a otros municipios a tomar el control de sus propios servicios de emergencia.

Mientras tanto, alcaldes como Ana Karen Sánchez (Arteaga) y Fernando Orozco (Parras de la Fuente) ya han escuchado las voces de sus respectivos cuerpos de bomberos, quienes también han expresado su inconformidad con el Patronato regional. La exigencia es clara: se necesita apoyo real, equitativo y verificable.

El fuego no espera. Tampoco lo hace la necesidad de un cambio de fondo. La seguridad de nuestras comunidades depende de decisiones valientes, no de discursos vacíos ni de estructuras caducas que solo han servido para centralizar recursos y desatender a quienes más lo necesitan.

Porque quienes apagan el fuego merecen más que palabras: merecen justicia.