Política aldeana. Candidaturas anticipadas y herencias políticas

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 Al concluir el noveno mes de este año, en Coahuila ya se empiezan a mover las piezas con miras al 2029. Las elecciones para gobernador parecen lejanas, pero los aspirantes del PRI ya están en plena autopromoción, aprovechando sus cargos en el gabinete estatal y una estructura que históricamente se ha nutrido del presupuesto público.

En Saltillo, el caso más evidente es el de Javier Díaz González, el único alcalde priista que tiene asegurada su reelección. ¿Mérito propio? No exclusivamente. Su principal carta es el parentesco político: es yerno del exalcalde panista Isidro López Villarreal, otro nombre fuerte dentro del conservadurismo local. Su reelección es una estrategia partidista.

Al igual que Díaz, otros nombres comienzan a aparecer en las listas extraoficiales para el 2029: Gabriel Elizondo Pérez, actual coordinador estatal del programa Coahuila, Federico Fernández Montañez, fiscal general del Estado, (preferiría aspirar a la alcaldía), el diputado federal Jericó Abramo Masso, y Enrique Martínez Morales, secretario de Inclusión y Desarrollo.

Todos ocupan cargos estratégicos. Todos se promocionan activamente. Todos, según sus cercanos, cuentan con el respaldo del gobernador Manolo Jiménez Salinas, aunque algunos como Martínez Morales ya son vistos como cartas débiles incluso dentro de su propio partido, al menos que emigre a otra organización política.

La maquinaria del PRI en Coahuila está viva, pero parece no haberse enterado de que la ciudadanía ya no compra tan fácilmente la propaganda disfrazada de gestión pública. A los aspirantes se les ve más en eventos sociales, inauguraciones y redes sociales que resolviendo los problemas reales del Estado.

Y si bien el discurso oficial empieza a hablar de equidad de género, ese guiño podría convertirse más en una jugada de conveniencia que en una verdadera apuesta por abrir el juego político a nuevas voces femeninas.

Luz Elena Morales, Hilda Flores y Bárbara Cepeda suenan como posibles candidatas, pero su inclusión en las listas responde más al cumplimiento de cuotas que a una estrategia partidista sólida. El PRI aún está lejos de demostrar que está dispuesto a transformar su estructura patriarcal en una fuerza política moderna.

El escenario político coahuilense, no obstante, sigue siendo incierto. Hoy por hoy, si las elecciones fueran mañana, ninguno de estos nombres ni hombres ni mujeres garantizaría el triunfo arrollador del tricolor. Mucho dependerá de a quién postule Morena, Movimiento Ciudadano o incluso el Partido Verde, que en otras regiones ha sorprendido con pactos inusuales y candidaturas mediáticas.

La ciudadanía, por su parte, observa. Ya no con la pasividad de antes, pero tampoco con claridad sobre una alternativa real. Si algo es claro, es que Coahuila no puede permitirse cuatro años más de herencias políticas disfrazadas de proyectos renovadores. La pregunta es si lo saben o si prefieren seguir apostando al apellido, al cargo y a la fotografía.