Política aldeana.  La ambición sin memoria de Alfonso Cepeda 

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En el ajedrez político coahuilense, una nueva jugada se pone en marcha rumbo a la gubernatura de 2029.

Alfonso Cepeda Salas, actual senador por Morena y líder nacional del SNTE, ya alzó la mano y se suma a la lista de aspirantes, junto con Luis Fernando Salazar y Cecilia Guadiana. Pero a diferencia de sus contendientes, el “profe» Cepeda arrastra un pesado historial que lo desdibuja como opción real de cambio.

Cepeda presume a los cuatro vientos el respaldo de las secciones 5, 35 y 38 del SNTE en Coahuila, como si el magisterio fuera un capital político a su servicio personal. 

Sin embargo, no son pocos los maestros que lo rechazan. ¿La razón? La larga sombra de la corrupción que lo acompaña desde hace años. Su ascenso dentro del sindicato ha sido paralelo a su enriquecimiento personal, mientras las clínicas del magisterio languidecen y los servicios a los trabajadores de la educación se deterioran.

Muchos coahuilenses no han olvidado, aunque él parezca haberlo hecho, que Cepeda tiene clínicas de alta especialidad a nombre de su hijo, donde se ofrecen servicios médicos que se pagan con dinero del erario magisterial. Todo esto mientras los hospitales de los maestros enfrentan carencias, deudas y abandono.

El senador ha iniciado ya su precampaña disfrazada de “informe de labores”, visitando plazas clave como Saltillo, Piedras Negras y Torreón. 

Su estrategia es clara: ganar visibilidad y posicionarse en el ánimo ciudadano, a costa del erario y bajo el manto de su cargo público. Todo indica que no hay distinción entre lo sindical, lo legislativo y lo electoral en su forma de operar.

De manera discreta pero efectiva, ha pedido a sus operadores políticos que difundan entre el magisterio su supuesta cercanía con la presidenta Claudia Sheinbaum, no por convicción, sino a cambio de recursos. Es el viejo PRI disfrazado de Morena: una política clientelar que premia la lealtad con dádivas y chantaje.

Y mientras Cepeda se muestra confiado y presume el respaldo de figuras como Mary Thelma Guajardo y Josefina Flores, esta última recordada por su participación en la contienda contra Jericó Abramo, parece olvidar que el verdadero juicio no lo dictarán sus aliadas, sino los votantes y, sobre todo, los maestros que lo conocen desde dentro.

En contraste, Luis Fernando Salazar y Cecilia Guadiana han optado por una estrategia de tierra, construyendo apoyos sin escándalos visibles ni escudos sindicales. La carrera es larga, pero la memoria social también. Y en política, la ambición sin memoria puede convertirse en un bumerán.

Coahuila necesita un liderazgo con visión de futuro, no un reciclaje de vicios del pasado. Alfonso Cepeda tendrá que responder no sólo por sus aspiraciones, sino por las cuentas pendientes que arrastra con el magisterio y con la sociedad que están bañadas de corrupción.