Rufino Rodríguez Garza.
El Barril, con el paso del tiempo, en mi punto de vista será un punto de referencia por sus grabados. Este sitio arqueológico como en una botica de pueblo tiene de todo:
Va desde una modestísima pintura, un grupo de grabados en el principio de la comunidad ejidal; luego otros grabados que aunque son pocos destacan unos por su sencillez otros por su grado de complejidad.

Se localizan más de tres morteros los cuales tenían la tarea de usarse como molienda de frutos deshidratados como lo eran las tunas, las pitahayas y las vainas del mezquite.
De igual forma podemos ver el enigmático grabado al que los vecinos le pusieron “El Avioncito”, sino que se complementan con otros grabados donde podemos apreciar armas, proyectiles y navajas, pero también fauna como lo es una hermosa tortuga, un ave y un venado de grandes dimensiones, pues es cuerpo entero y mide más de un metro de la cabeza a la cola y de una respetable altura de aproximadamente 60 cm.
En una roca no lejos del mencionado venado, otra piedra de grandes dimensiones y que en el lugar más alto de la misma se encuentra un animal con delineado superficial que a mi parecer se trata de un coyote.
En otra roca al sur de la anterior cruzando el arroyo se encuentra un raro grabado que representa un ave, pudiera tratarse de una codorniz que por allí abundan hasta el presente.
También algunas representaciones humanas que nosotros asociamos con chamanes, jefes, u hombres medicina.
Al principio de la cañada y junto a la tortuga se dejó el grabado de una mano bastante clara. Un poco más al norte de la zanja donde manaba el agua hay otra representación humana donde se hizo el grabado de un personaje con un brazo levantado y el otro brazo junto al cuerpo, torso cuadrado y sus dos extremidades inferiores debidamente proporcionadas al tamaño del cuerpo.
Al fondo del cañón cerca de donde se localiza el ave, escondido se pudo encontrar otro personaje de más de más de medio metro con los brazos extendidos, le marcaron muy bien sus dedos; una cabeza redondeada sin tocado sólo se le grabó un ojo y la boca abierta, el torso cuadrado y sus dos extremidades inferiores; el rostro está de perfil y da la impresión de disgusto. Aunque pocas se observan algunas cuentas a base de puntos y otras a base de rayas.
Al ir al Barril es obligatorio llegar a saludar a don Francisco Ramírez, gracias a él pudimos enterarnos que el ganado que llega al ejido a tomar agua no es de ellos sino de una familia de Rancho Nuevo de apellido García, esta familia tiene mucho ganado vacuno y rasguña los pastos de varias comunidades vecinas.
Don Francisco conoció al licenciado Eduardo Castillo Rendón (+) éste mismo llego a ese lugar para buscar fósiles pues el licenciado Castillo era aficionado a la paleontología.
En sus correrías conoció al buen amigo Francisco y se permitió llevar al Lic a que viera el grabado que ya le llamaban “El Avioncito” y el Lic. Castillo animó a más de uno a que vinieran a ver tan hermoso grabado. También han admirado el famoso grabado el ingeniero José Guadalupe Flores Ventura el que dice que es único en toda la región norte de México que es un grabado irrepetible.
En algún rincón de El Barril puedes ver un altar perdido en la inmensidad de la serranía, donde se dejó la presencia de cruces con el afán de evangelizar; esas cruces pueden ser de manufactura tlaxcalteca.
Siguiendo los grabados también podemos encontrar avisos políticos, fierros de herrar, recuerdos amorosos, pornográficos y vandalismo. Casi al final de la cañada se grabó el frontis de una iglesia, en otras rocas se hace mención al nombre del ejido y para variar un graffiti en inglés.
El Barril sitio de interés que vale la pena visitar.









































