El desprestigio, de la cuarta transformación, crece rápidamente

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Jorge Arturo Estrada García.

“No me molesta que me hayas mentido, me molesta
que a partir de ahora no pueda creerte”.
Friedrich Nietzsche.

“Si eres un adicto a la aprobación, tu comportamiento es tan fácil de controlar como el de cualquier otro adicto. Un manipulador sólo necesita un proceso simple de dos pasos: darte lo que anhelas y luego amenazar con quitártelo.”.
Harriet B. Braiker.

La esperanza ya no existe. La superioridad moral nunca existió, ellos resultaron peores. Los guindas, rápidamente, se concentraron en los negocios turbios, al amparo del poder. Los abrazos sin balazos derivaron en complicidades. Ya, plenamente, evidenciadas desde el gobierno estadounidense. El desprestigio, de la Cuarta Transformación, crece rápidamente. Sus métodos y complicidades se volvieron adecuadas para los planes políticos de Donald Trump. La Casa Blanca está, plenamente, consciente de su superioridad estratégica.

La fortaleza morenista, tan consolidada en lo interno, aporta muy relevantes argumentos para la intervención del mandatario estadounidense, para lucirse ante sus bases. Nicolás Maduro, identificado como aliado del proyecto del tabasqueño, ya ha sido sacudido hasta los cimientos. Sus carteles, al igual que los mexicanos, ya son considerados como organizaciones terroristas.

Es, ampliamente, reconocido que la inmensa dependencia de la economía mexicana del tratado comercial, con los Estados Unidos, nos coloca en posición desventajosa en la mesa de las negociaciones. Trump no piensa en ceder.  Él exige. A lo largo de un año, el inquieto inquilino de la Casa Blanca ha mostrado que puede ser obsesivo e implacable. México está demasiado emproblemado, esta vez. La ambición de López Obrador, y su proyecto de poder tóxico, no sólo destruye a la democracia, también a la prosperidad, a el desarrollo y al futuro de los mexicanos.

El nuevo régimen mexicano se volvió todopoderoso. La oposición, política, está aplastada, y es casi inofensiva. Los medios se han vuelto tímidos y cautelosos. Ya solamente, en ciertos espacios, se admite la crítica amplia, como pasaba en los tiempos de poderoso PRI. La opinión pública es débil, casi muda, y las leyes electorales favorecen al grupo del poder. Solamente sus pecados y excesos los debilitan. Y, principalmente, el factor Trump los ponen a temblar.

Sin embargo, cada día crece la molestia entre los ciudadanos. Los alimentos son más caros, la inseguridad aumenta, el sistema de salud empeora, el desabasto de medicinas persiste, los empleos formales escasean, el desarrollo se estanca. La demagogia mañanera ya no convence.  La verdad fue revelada por la corrupción desbordada. Ya no hay desarrollo. Se canceló la esperanza.

De esta forma, la situación futura de México se perfila como un escenario de alta tensión e incertidumbre. Está marcado por la colisión entre un proyecto político, consolidado internamente, y la agresiva realidad geopolítica que emana de Estados Unidos.

Sin embargo, este enorme poder interno choca frontalmente con el resurgimiento del «factor Trump,» cuyo enfoque declarado en derrotar a los delincuentes mexicanos amenaza con convertir a la renegociación del T-MEC en una herramienta de coerción.

Hemos visto, como la consolidación del poder Morenista se tradujo rápidamente en «negocios turbios al amparo del poder», desatando una corrupción inmensa. La definición de Narco Estado proporciona a la administración estadounidense la justificación perfecta para una intervención directa en asuntos de seguridad y de comercio.

Este riesgo interno, se magnifica al considerar al espejo venezolano, cuya advertencia sobre las «sombras del autoritarismo» resuena en México, que transita por «senderos peligrosos». La narrativa de la lucha contra «delincuentes venezolanos» (como implícitamente sugiere el foco del presidente Trump) se fusiona con la preocupación por los «delincuentes mexicanos», legitimando la estrategia de la Casa Blanca de castigar a regímenes percibidos como corruptos o antidemocráticos mediante la fuerza geopolítica.

La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2026, se identifica consistentemente como el «mayor riesgo externo para AMLO». El «factor Trump se vuelve más sólido». Un entorno de negociación hostil utilizará la debilidad mexicana para forzar términos que busquen revertir la erosión del Estado de Derecho.

Económicamente, México aborda este desafío en una posición de fragilidad. Las proyecciones económicas anticipan un «estancamiento crónico» con un crecimiento proyectado del PIB de solo 1.1% para 2026. Este panorama sombrío, sumado a la «duplicación de la deuda» pública, que supera los 20.2 billones de pesos proyectados para 2026, deja al país con escaso margen de maniobra.

Es así, que una política arancelaria o la amenaza de la relocalización de plantas, hacia el país vecino, impulsada por Trump, estrangularía una economía ya de por sí debilitada. Paradójicamente, el modelo del gobierno que construye el proyecto morenista alimenta a la narrativa que la Casa Blanca está dispuesta a explotar.

El futuro de México en 2026 se definirá por la capacidad del gobierno federal de resistir la presión externa del «factor Trump». El proyecto del tabasqueño, al priorizar la acumulación de poder y riqueza sin escrúpulos, ha dejado al país vulnerable. La colisión entre la agenda de mano dura de Washington contra los «delincuentes» y la realidad de la «corrupción rampante» en un México con un T-MEC en revisión, augura un periodo de enorme turbulencia y la posible imposición de condiciones severas por parte de Estados Unidos. Viene un choque de trenes. Son tiempos intensos. Veremos.