Política aldeana. El nogal que incomodó al poder

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Hay árboles que dan sombra, otros que dan frutos y algunos que, sin buscarlo, terminan exhibiendo las raíces torcidas del poder. El viejo nogal de la calle Sauce, en la colonia Jardín, es uno de ellos. Un árbol que, por sí solo, no tendría por qué encender ninguna alarma, salvo que su existencia se interpusiera en los planes de un gigante inmobiliario. Y así ocurrió.

La iniciativa fue presentada ante el Congreso del Estado que encabeza todavía la legisladora y presidenta, Luz Elena Morales Núñez

Hace tiempo, un grupo de vecinos osó desafiar a Davisa, un coloso del desarrollo urbano con dinero, abogados, relaciones políticas y esa capacidad tan propia de los poderosos para moldear la ciudad a su antojo. Era un duelo desigual: de un lado la maquinaria empresarial y del otro, un puñado de ciudadanos con más convicción que recursos. 

Pero esta vez David venció a Goliat. El nogal sigue en pie. Y más que un árbol, se convirtió en un símbolo de resistencia ante la gentrificación disfrazada de “progreso”.

Pero sería ingenuo pensar que la victoria fue definitiva. El triunfo del nogal también reveló algo más profundo: que los ciudadanos, cuando se organizan, incomodan. Que cuando cuestionan, alteran la cómoda normalidad de quienes están acostumbrados a que nada se les interponga. 

Y lo que siguió lo confirma. Los vecinos no solo defendieron un árbol, construyeron comunidad, se informaron, debatieron, realizaron foros y terminaron redactando iniciativas ciudadanas, para equilibrar el juego entre habitantes comunes y los grandes intereses empresariales. Esas iniciativas fueron finalmente presentadas ante el Congreso del Estado que encabeza todavía la legisladora y presidenta, Luz Elena Morales Núñez, y aunque es admirable que ciudadanos lleguen al recinto legislativo con propuestas propias, todos sabemos que ahora viene la parte difícil: que los diputados quieran escucharlos. 

La experiencia nos obliga a la cautela; el Congreso rara vez se distingue por atender algo que no provenga de un despacho de gobierno o de un grupo con padrinos políticos. Ojalá esta sea la excepción.

Porque mientras el nogal resiste, sus nuevos vecinos cuatro edificios habitacionales aún vacíos acechan el equilibrio del barrio. Cuando se ocupen, la vida en la colonia cambiará, y no precisamente para bien. La lucha continúa, y este árbol recuerda que el desarrollo urbano no siempre significa desarrollo social.

El mismo día en que los vecinos llegaron al Congreso, otra iniciativa ciudadana irrumpió en el recinto legislativo. Y fue igual de incómoda: el abogado Héctor Manuel García Martínez propuso reformar la ley electoral para frenar el infame “chapulineo”.

El término es tan conocido como la práctica que denuncia: políticos que abandonan su cargo antes de concluirlo, no por servicio público, sino por puro instinto de supervivencia presupuestal. 

Funcionarios que no concluyen lo que juraron hacer y que de elección en elección se mantienen pegados a la nómina pública como si fuera un derecho hereditario. En otras palabras, profesionales del cargo, amateurs del compromiso.

La iniciativa es simple: quien es electo debe terminar el periodo para el que fue votado. Nada de saltos oportunistas. Nada de brincar de un puesto a otro para seguir cobrando. Un recordatorio básico de ética pública que, sin embargo, toca fibras sensibles entre quienes aspiran a ser diputados locales el próximo año.

Fue un día extraño en el Congreso: dos iniciativas ciudadanas en un mismo día. 

Quizá porque los ciudadanos están empezando a hacer el trabajo que los legisladores evaden. Quizá porque hay paciencia social que tiene un límite. 

Quizá porque la gente está cansada de defender árboles y leyes mientras los representantes populares defienden solo sus intereses.

Los vecinos siguen luchando. Y la ciudadanía sigue haciendo lo que el poder debería hacer.

La pregunta es: ¿por cuánto tiempo seguirán los diputados ignorando a su conveniencia lo que ocurre afuera de sus oficinas?