Libre albedrío

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José Luis Rodríguez Flores.

No obstante que pareciera que no tienen ninguna relación la “Divina Providencia” y el “Karma”, ya que provienen de mundos espirituales y culturales completamente diferentes, a mi modesto leal entender si existe una relación conceptual entre la Divina Providencia y el Karma, ya que ambos intentan explicar el orden moral del universo y el por qué de las cosas que nos suceden en esta vida.

La diferencia central radica en quién tiene el control: en la religión cristiana la Divina Providencia depende de la voluntad de Dios; sin embargo, insistir ¡Dios da al ser humano el libre albedrío! Lo cual lo podemos visualizar en el nuevo testamento en las parábolas de Jesús, del Hijo Prodigo o derrochador, en el evangelio de Lucas capítulo 15:11-32 y “La semilla que crece en secreto” (Marcos 4:26:29), mientras que el Karma es una ley cósmica impersonal de causa y efecto.

Una de las preguntas más antiguas del ser humano es si nuestra vida está determinada por fuerzas que escapan a nuestra voluntad o si, por el contrario, somos nosotros quienes construimos nuestro propio destino. Esta pregunta aparece bajo diferentes formas en las religiones y filosofías: destino, karma, libre albedrío, Providencia divina. Aunque estos conceptos pueden parecer semejantes, en realidad parten de concepciones muy diferentes acerca del ser humano y de Dios.

En el cristianismo encontramos una expresión especialmente reveladora en las palabras de san Pablo: “Cada uno cosechará lo que haya sembrado” (Gálatas 6:7). La imagen es clara, nuestras decisiones tienen consecuencias. Lo que hacemos no es indiferente. Una persona que siembra generosidad, verdad y misericordia contribuye a construir una determinada forma de vida; quien siembra egoísmo, violencia o engaño también termina enfrentándose a las consecuencias de sus actos, pero aquí cabe el perdón, si el individuo se arrepiente logra el perdón del padre (Lucas 15)

Esta idea presenta una semejanza evidente con el concepto del karma, especialmente en cuanto ambos reconocen una relación entre la acción y sus consecuencias. Sin embargo, sería un error identificar ambos conceptos. El karma, tanto en las tradiciones hinduistas como en el budismo, tiene significados diversos, pero generalmente se refiere a una causalidad moral en la que las acciones, especialmente las intencionales, producen consecuencias que afectan la existencia presente y, según determinadas tradiciones, futuras vidas.

La diferencia fundamental aparece cuando preguntamos quién o qué sostiene esa causalidad. El karma no necesita de un Dios que juzgue, perdone o modifique las consecuencias. En el budismo, de hecho, no existe un Dios creador comparable al Dios cristiano. La Providencia cristiana, en cambio, supone la existencia de un Dios que conoce, sostiene y acompaña a su creación… Pero esto tampoco significa que, para el cristianismo, Dios determine cada uno de nuestros actos. Aquí aparece el libre albedrío. Dios puede permitir que una persona se equivoque sin que ese error haya sido querido moralmente por Él. La libertad o libre albedrío implica precisamente la posibilidad de apartarse del camino, o equivocarse, pero luego poder arrepentirse y cambiar la forma de vida.

Esto se hace evidente en la parábola del hijo pródigo. El hijo decide abandonar la casa de su padre, recibe su herencia y la derrocha. Posteriormente experimenta las consecuencias de sus decisiones. En cierto sentido, ha cosechado lo que sembró. Sin embargo, la historia no termina allí… “Cuando el hijo gastador regresa, el padre no le dice: Ahora debes pagar íntegramente por lo que hiciste”. Tampoco niega que haya existido el error. Simplemente sale a su encuentro, lo abraza y lo recibe nuevamente como hijo.  El perdón del padre: no juzga, corre, abraza y borra  todo lo pasado.

Aquí aparece una diferencia esencial entre la lógica de la consecuencia y la lógica de la gracia. La consecuencia dice: tus acciones tienen efectos. La gracia dice: tus acciones no tienen necesariamente la última palabra sobre quién puedes llegar a ser.

Esto no significa que el cristianismo niegue la responsabilidad. El hijo no puede borrar el pasado ni recuperar lo desperdiciado. Pero puede cambiar el rumbo de su vida. La libertad no consiste solo en escoger; también consiste en poder regresar, arrepentirse y comenzar nuevamente…. — Por eso, quizá no sea exacto decir que el karma y la Providencia son opuestos. Existe entre ellos una zona de coincidencia: ambos reconocen que nuestras acciones importan y que nuestras decisiones producen consecuencias. La diferencia está en la interpretación última de esa realidad-

Como valioso lector, te invito a reflexionar para que determines, según tus creencias y amplio criterio, tus propias conclusiones. Comentarios al correo joseluisrf1@hotmail.com —