El ajedrez de pólvora

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Amaranta Madrigal.

Te pregunto, México,
¿Quién mueve las torres en la madrugada
mientras duermes tú con un ojo abierto?
¿Quién llena caminos
de incendiadas serpientes
y vuelve a los tráileres murallas de miedo?
Se fué. No lo nombres.
Es eco escondido en una barranca,
es rifle silbando entre cafetales,
es humo que firma los territorios
con tinta repleta de combustión.
Varios estados amanecen cercados,
como islas de asfalto caliente sitiado.
Camiones varados —
alfiles de acero—
impiden sea libre, el pulso del tránsito.
La patria en herida, respira, suspira
Verdes uniformes
avanzan formados
No es pretoriana, la Guardia es de casa
custodia entre truenos
Y se caen los cuerpos.
“Neutralizados”
En un suelo aún tibio.
¿Es victoria? ¿Es saldo?
¿Es fría estadística
o cifra que arde?
La reina en firmeza, el timón sostiene:
no hay pacto entre sombras,
dice sin decirlo.
Promete estrategia,
coordinación,
fina inteligencia.
Habla de soberanía
como alguien que reza
con ojos abiertos.
El pueblo pregunta:
¿cuánto dura el cerco?
¿cuánto pesa la noche?
El tablero digital zumba en pantallas,
videos cruzan fronteras invisibles,
helicópteros circulan
sobre colonias asustadas.
La charla es pólvora virtual,
la indignación, chispa.
No es simple choque de balas.
Es disputa cabalgando
por la autoridad del mapa,
por quién decide
a dónde va el orden.
Ciudades bloqueadas
Revelan fracturas antiguas,
economías paralelas,
lealtades compradas con urgencia.
la tierra no se rinde ante el estruendo.
El mercado abre de nuevo persianas.
La escuela reacomoda los escritorios
La madre vuelve a peinar a su hijo
como acto de resistencia poderosa.
Que nadie confunda temor con sumisión.
Ni operativo con final solución
Esto es pulso largo,
partida extendida,
donde cada movimiento
redefine el tablero
tumbando algunos peones.
México no es un rehén permanente.
Es rey, es raíz profunda.
Y la raíz, siempre puede
romper los concretos.