Bajo la directriz de AMLO, se establece la dictablanda cuatroteista.

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Jorge Arturo Estrada García.

«Como los políticos nunca creen lo que dicen,
se sorprenden cuando alguien sí lo cree.».
Charles de Gaulle.

«El primer signo de corrupción es que el fin justifica los medios».
Georges Bernanos.

«Cuanto más corrupto es el Estado, más numerosas son sus leyes».
Tácito.

El séptimo año es difícil para los expresidentes. El octavo, de la Cuarta Transformación, ya es una pesadilla para México. El desarrollo del país se estancó. Las oportunidades de progreso y movilidad social, para los mexicanos, disminuyen. El régimen morenista es un proyecto de poder que aplasta a la democracia y diseña un país totalitario. También, es una serie de gobiernos incapaces, con sus principales personajes inmersos en la corrupción. En este momento, el único contrapeso a su poder está en la Casa Blanca, en Washington.

Atravesamos por una etapa crucial. El régimen, en el poder, ha derruido las instituciones democráticas y los contrapesos constitucionales. Ha construido una nueva Dictablanda que ha blindado para hacerla casi imposible de derribar. Ese, ha sido su mayor éxito.

La oposición está casi literalmente aplastada y reducida a la mínima expresión. No hay figuras relevantes en el país. La mediocridad política impera. Solamente Andrés Manuel López Obrador brilla con luz propia. Aun con todo el desprestigio que carga. Aún, desde su refugio tabasqueño, o cualquier lugar en el que se refugie. Con base en la demagogia y acciones implacables se consolida una nueva Dictablanda.

México se ha convertido en un país trágico, en donde bandas criminales dominan amplios territorios. Es un lugar salpicado de fosas clandestinas, de campos de exterminio, con decenas de miles de personas desaparecidas y asesinadas. La parte estelar de las conferencias mañaneras, del Palacio Nacional, es hablar de las estadísticas de asesinatos y presumir una reducción marginal de homicidios. Sin embargo, lo hace con cifras que ya nadie cree. La demagogia morenista perdió su magia. A los slogans del tabasqueño la corrupción los destruyó.

El sistema de salud colapsó. Las malas decisiones y la voracidad del expresidente, Andrés Manuel López Obrador lo destruyeron. Lo despojaron de decenas de miles de millones del Seguro Popular, lo dejaron sin medicinas ni hospitales suficientes a los hospitales del seguro social, del ISSTE y de los hospitales públicos. Actualmente, las familias gastan más en consultas y compra de medicamentos que en los sexenios anteriores. En la pandemia mal gestionada murieron cientos de miles de mexicanos.

El tratado de libre comercio, T-MEC, no se ha renovado. Donald Trump exige acciones contra la delincuencia organizada. Así, la relación bilateral está severamente afectada por la ofensiva de Washington contra la denominada «narcocorrupción» institucional mexicana. Bajo el liderazgo de la zarina antidrogas Sara Carter y de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro, el gobierno estadounidense ha advertido con perseguir judicialmente a cualquier funcionario o político mexicano que colabore con los cárteles.

De esta forma, estas posturas se materializan en la imposición de sanciones a redes corporativas y financieras presuntamente vinculadas a los gobiernos estatales en Baja California y Tamaulipas, así como en acusaciones de cortes federales contra exfuncionarios estatales acusados de brindar protección a facciones del crimen organizado

Las alianzas inconfesables del Rey del Cash y sus funcionarios se han ido revelando semana tras semana durante los años recientes. El morenismo está marcado. Sus principales personajes aparecen en las listas de investigados por el sistema judicial estadounidense.

La relación bilateral entre México y Estados Unidos se encuentra marcada por una inédita ofensiva de Washington contra la corrupción y protección a delincuentes. Desde la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas (ONDCP), la zarina antidrogas Sara Carter lanzó la advertencia directa de que las autoridades estadounidenses perseguirán penalmente a cualquier funcionario o político mexicano que colabore con el crimen organizado, sin importar el nivel del cargo.

López Obrador dejó un legado tóxico. Él vendió su alma al diablo, desde la víspera de las elecciones del 2006, según revelan fuentes de la periodista Anabel Hernández. Su gobierno fue una tragedia tapizada de muertes, derroches financieros, y destrucción de instituciones y de contrapesos constitucionales. El gobierno federal ya no puede sostener las Becas del Bienestar, los elefantes blancos del Tren Maya y el aeropuerto Felipe Ángeles, y requiere contratar más deuda externa, Pemex y la Comisión Federal de Electricidad están en quiebra.

La demagogia mañanera ya usa demasiadas cifras para intentar sostener el discurso. Son demasiadas mentiras para intentar mantener una narrativa que ya se desvaneció ante la realidad. “No mentir, no robar, no traicionar” ya quedaron en palabras huecas y en un lema que los mismos pecados morenistas lograron destruir.

Así, bajo la directriz de AMLO, se establece la dictablanda cuatroteista. El octavo año de la 4T se trata de consolidar el proyecto de poder. Ya sin credibilidad, sin admiración ni cariño, el obradorismo busca conquistar las 13 gubernaturas y la mayoría en el congreso, en las elecciones de junio del 2027, en el noveno año. Las cosas vienen intensas. Veremos.