José Guadalupe Robledo Guerrero.
Hace días, en una plática de sobremesa, un par de amigos y yo recordamos a los gobernadores que conocimos en nuestra larga vida dedicada al periodismo, a algunos los hicimos pedazos y a otros los revaluamos, y llegamos a una conclusión: Enrique Martínez y Martínez (EMM) se retiró de la política después de una fructífera labor como funcionario público: fue director de Ingresos y Egresos de la Tesorería del estado, presidente municipal de Saltillo, Secretario General de Gobierno, diputado federal en dos ocasiones, gobernador, secretario de Agricultura y embajador de México en Cuba. Desde su retiro, EMM nunca ha dado sus opiniones sobre los gobiernos que lo sucedieron, manteniendo esa institucionalidad y haciendo honor a una de sus frases: “debemos prepararnos para ser, para no ser y para dejar de ser”.

Martínez y Martínez como exgobernador se la ha pasado sin guardaespaldas, recorriendo como cualquier ciudadano sus rutas cotidianas y recibiendo el saludo de sus amigos. Conocí a EMM cuando se desempeñaba como Secretario General de Gobierno en 1982, durante el gobierno de José de las Fuentes Rodríguez (JFR). Desde entonces construimos una relación amable y respetuosa, que se acentúo con el tiempo. Pese a mi labor crítica, nunca tuvimos algún roce, al contrario, me hizo sujeto de sus deferencias, la cual se fue diluyendo cuando terminó su gestión como gobernador, para irse a las grandes ligas de la política nacional, pero mientras estuvo cumpliendo sus responsabilidades en Coahuila, en múltiples ocasiones lo entrevisté, pues siempre fue claro en sus respuestas, nunca evadió las preguntas críticas y siempre mostró su hombría al responderlas.
La última vez que lo saludé, fue hace unos años en un cumpleaños del Prof. Arturo Berrueto González. Como gobernador, EMM dejó en ceros la deuda coahuilense y nunca formó parte de un escándalo ni se le acusó de alguna corruptela, quizás por eso no teme caminar por las calles saltillenses, pues sabe que nadie lo puede señalar de algún abuso.
Platicando con mis amigos les comenté una anécdota. Siendo EMM secretario General de Gobierno, en cierta ocasión el gobernador José de las Fuentes me dijo que a EMM no le incomodaba que diariamente criticaran al gobernador, y que nada hacía por defenderlo. La intención del mandatario era clara, quería que criticara a EMM, pero me despedí sin dar mi opinión. Al día siguiente, Enrique Martínez me invitó a desayunar a su casa, donde fui atendido con amabilidad por su esposa y Enrique junior. Le pregunté a que se debía esa distinción, y me agradeció los comentarios a su favor que le hice a JFR. Según esto, el gobernador lo había llamado para decirle que tenía en mí un verdadero amigo, pues quiso probar mi lealtad hablándome mal de él, y yo le contesté que EMM era mi amigo.
Lo cierto es que el “amarranavajas” de JFR quería que lo señalará como un mal funcionario, pero a mi nunca me interesaron los pleitos ajenos. Nunca le platiqué a EMM como se había desarrollado aquel intento de contrapuntearme con él, pero seguramente se lo imaginó, pues conocía perfectamente a José de las Fuentes.
Quizá la única ocasión que se vio envuelto en un pleito político, fue cuando Humberto Moreira y su grupo lo agarraron de su punching bag, a pesar de que la gubernatura de Humberto se la debía a Enrique Martínez, quien nunca le contestó a los ingratos humbertistas, y hoy no hay duda de quién es quién. Enrique no les contestó, porque sabía -como alguna vez lo dijo- “las cosas caen por su propio peso”. Enrique dejó en ceros la deuda coahuilense y seis años después Humberto le dejaría a Coahuila una deuda impagable de 36 mil millones de pesos. Enrique se retiró de la política para dirigir sus empresas y Humberto sigue haciendo política desde su posición de nuevo millonario, convertido en un próspero empresario. A ambos ya los juzgó la historia, lo demás es lo de menos.
Política aldeana
Los morenistas comenzaron a curarse en salud por los resultados que tuvieron en la pasada elección, y de paso, previendo otro fracaso en las urnas en las próximas elecciones de 2027. A eso se debe que el senador Luis Fernando Salazar Fernández acusará a Ricardo Mejía Berdeja por dañar la imagen de la Cuarta Transformación, porque transmite desconfianza y lo acusa de haber traicionado a la 4T y a AMLO, y de tener nexos con “grupos cuestionables”.
Por su parte, el diputado local José Alberto Hurtado Vera dijo que siente vergüenza por los gobernadores relacionados con el narco, pero solo mencionó a Rubén Rocha Moya. A Ricardo Mejía lo acusa de traición y lo considera un lastre para la 4T. También aprovechó el tema para lamentarse por “la pobrecita presidenta” que tiene que defender a los que insisten en mostrar su vida de nuevos ricos, a los que no son austeros.
Pero, ninguno de estos morenistas se avergüenzan de militar en un narcopartido, donde abundan los narcopolíticos, entre ellos el gobernador de Tamaulipas Américo Villarreal Anaya y su hijo Américo Villarreal Santiago, quien es el delegado del Bienestar en Coahuila y esposo de la senadora Cecilia Guadalupe Guadiana Mandujano.
Tampoco a Luis Fernando le avergüenza ser amigo íntimo del secretario de Educación Pública, Mario Delgado, uno de los que recibieron dinero sucio para financiar campañas políticas, entre ellas, la del gobernador Américo Villarreal y la de Rubén Rocha Moya, pero a ambos se les olvidó de mencionar al gobernador de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, también acusado de narcopolítico, quien fue jefe de Ricardo Mejía y es el presidente Nacional de Morena. Pero así son estos fantoches. Ni modo, es lo que hay.
Preguntas huérfanas
¿De quién recibieron información para entregar un reconocimiento post mortem por las aportaciones relevantes del exalcalde de Saltillo, Carlos de la Peña Ramos, pues los que lo padecimos tenemos otros datos?





























